ANTES de 24 horas de su toma de posesión como presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama da la primera orden que confirma que iba en serio lo de sus conocidas propuestas cuando fuera primer mandatario USA. Ya ha firmado el cierre de la prisión de Guantánamo, que EE.UU. posee en territorio cubano. En tal presidio están recluidos militares y civiles, por diferentes causas, pendientes de juicio. Se estima que la orden será efectiva en el plazo de un año. Los jueces militares estadounidenses tendrán ciento veinte días para estudiar los casos de los acusados por práctica de terrorismo. Entre los acusados recluidos en Guantánamo hay cinco sujetos que estuvieron vinculados con los sucesos terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. Se sabe que cuatro de estos cinco acusados se oponen a la supuesta suspensión de los juicios, lo que, al parecer, se propuso, aunque se estima que estos terroristas sean condenados a la pena capital, que rige en la mayoría de los Estados de Norteamérica.
Se sabe también que Obama, tras jurar el cargo, se ocupó del comportamiento ético de los funcionarios de la Administración, a los que, al parecer, en general congeló los salarios. Así mismo, anuncian las agencias informativas que el nuevo presidente expresó su deseo de involucrarse inmediatamente en la búsqueda de la paz entre israelíes y palestinos, aunque aún no se sabe qué disposiciones inmediatas pondrá en práctica el nuevo mandatario. En cuanto a los terroristas detenidos en Guantánamo y en otras prisiones, el presidente Obama afirmó que el Gobierno norteamericano se toma una pausa de 120 días, que es un tiempo razonable, para que se desechen los casos que no tienen pruebas y se transfiera el resto a los tribunales federales.
Aunque aún no se sabe de reacciones del nuevo presidente a las políticas contrarias de mandatarios extranjeros como Raúl Castro, presidente de Cuba, y Hugo Chávez presidente de Venezuela, metido en disturbios populares por una enmienda constitucional que garantice su permanencia indefinida en la Presidencia de la República Bolivariana, se sabe que Estados Unidos impone a los barcos de bandera de Venezuela la prohibición de entrar a los puertos estadounidenses. Lo que se alega como pretexto de la inesperada y enérgica medida es que los barcos venezolanos no llevan un control exhaustivo sobre estas embarcaciones respecto a su disposición para transportar material que pueda servir para cometer actos terroristas.
Pero se sospecha que la prohibición es el principio de una reacción de los Estados Unidos a la postura inamistosa del presidente venezolano, puesta de manifiesto en las relaciones, que antes han sido siempre buenas. Pero han cambiado con la tendencia revolucionaria de la policía de Chávez y de sus propósitos, que se saltan la Constitución venezolana y provocan revueltas internas por el referéndum que promulga para prolongarse en la presidencia de Venezuela. La prohibición es una mala noticia para las embarcaciones venezolanas, que sostienen un tráfico frecuente de pasajeros y mercancías con el puerto de Miami.
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