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EL GONGO JOSÉ R. HERNÁNDEZ*

No hablaré de Soraya

22/ene/09 07:36
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POSEEN los políticos la extraña característica de compatibilizar sus grandes dosis de soberbia con un puntito de ingenuidad que, cuando entran en conjunción astral, atacan su sentido de la razón cual germen devastador. Eso pasa aquí y en Pananaribo, pero allí no hay periodistas que se aprovechen de esos momentos de bajona para sacar provecho a golpe de flash, o al menos no tienen ni la oportunidad ni los medios para hacerlo? pero tranquilos, no hablaré de Soraya.

Tiene el papel couché una especie de imán que atrae a los pretenciosos con ansia de poder y a los incautos/as con pajaritos en la cabeza que se dejan llevar por los halagos de una corte de aduladores y asesores de imagen con instintos suicidas? pero no seré yo, que no tengo rango ni patria potestad sobre los asuntos internos de la gran casa de Génova, quien hable de la nueva musa de la españolidad.

Está exenta la canallesca periodística de criterio, autorregulación y escrúpulos y, para colmo, está plagada de cazadores de polémicas, de doctorados en doble moral y de cretinillos con tonsura, por lo que hasta el más solvente mediofondista es susceptible de sufrir un traspié en la loca gincana por la popularidad? pero no diré ni mú de Soraya (ni de Pedro José).

No desperdiciaré ni una línea para hablar de tramposos y embaucadores, ni dedicaré un minúsculo comentario que dé pábulo a la obra de intrigadores con plumas Montblanc y tirantes (entre otras cosas porque ya no pasa lo de David y Goliat y yo ya no tengo edad para andar con tirachinas). Aunque tampoco defenderé a las caperucitas traviesas que, haciendo caso omiso, tontean con el lobo, ni a las díscolas señoritas de internado que, por sacudirse viejos estigmas de mojigatería, acaban ilustrando escenas de film noir... así que he decidido que no hablaré de Soraya.

No malgastaré una sola palabra en opinar sobre vaporosos trajes de fiesta que más parecen el picardías de la Mata Hari, ni del erotismo que emana de unos pies descalzos sobre el suelo frío de una habitación de hotel, de melenas estudiadamente despeinadas o de sugerentes morritos entreabiertos porque, probablemente, lo que fuera a decir ya esté todo dicho (y porque tengo señora y niños).

Sí diré que en unas semanas, incluso días, si quiebra otro banco, Lukoil vuelve a la carga por Repsol o el nuevo presidente del Real Madrid manda al paro a Mijatovic, el efecto Soraya apenas pasará a engrosar el book de los despropósitos de la política.

* Redactor de EL DÍA

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