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EN EL CAMINO DE LA HISTORIA JUAN JESÚS AYALA

Al borde de la quiebra del Estado

22/ene/09 07:35
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AHORA SÍ. Ahora parece que el vicepresidente del Gobierno y ministro de Hacienda, Solbes, está hablando claro. Lo mismo que Rodríguez Zapatero, que ha pedido un receso de unos cuantos días para no dar la cara y explicar lo que teme explicar: el derrumbe de la economía estatal y pasar de su silencio a la cruda realidad de un vendaval económico-financiero que no cesa en su caída.

El ministro Solbes llega y nos dice como si tal cosa, con su voz apagada, encorsetada por la complicidad y con su amimia facial, que la crisis seguirá, que se destruirán durante el año 600.000 empleos, lo que motivará que el paro roce el 16 por ciento (los sociólogos cifran la cantidad del 25 por ciento en una situación altamente comprometida y en los aledaños de una situación prerrevolucionaria, lo cual, de llegar ahí, es ya jugar con fuego); que el PIB caerá el 1,6 así como el déficit público actualmente en el -3,4%, que pasará al -5,8%. Nos anuncia, además, que el Estado pondrá en marcha un estímulo de 90.000 millones de euros en varios años que nos alejarán de los índices establecidos por la eurozona.

Y ante esto, lo único que a uno se le pone delante es que la situación está perfectamente diseñada para un cataclismo inminente. Llegará un momento, de continuar así, en que no se podrá sacar de donde no hay, ni se podrá administrar adecuadamente donde la escasez es la norma, por lo que se tendrá que restringir todo aquello que gire alrededor de las políticas sociales a la vez que se endurecerán las políticas fiscales para mitigar el endeudamiento y reflotar lo que se pone difícil. Los recortes tendrán que venir, y con ello los desajustes sociales, las incomodidades, las penurias, y a partir de ahí cualquier cosa estará en la antesala de lo imprevisto.

Esta situación me hace recordar un símil o cuasi cuento que un querido profesor de economía me relató. Decía el sabio profesor que había una vez un rico terrateniente que tenía muchas hectáreas de tierra, todas ellas productivas, y que, lindando con sus posesiones se encontraba un pueblecito habitado por pobres gentes que apenas sí tenían para comer. Y una noche llegó al pueblo un extranjero y dijo: "Soy el Estado y puedo ayudarles, solo me tienen que dar poder". Esto gustó a la gente y le dieron poder. A la mañana siguiente, el Estado se presentó en la tierras del terrateniente y, haciendo uso de su poder, le obligó a cederle parte de ellas, lo que hizo aparecieran universidades, hospitales y un sinfín de mejoras que en su vida eran impensables, y gracias al rico terrateniente, que tenía que dar parte de su hacienda al Estado.

Y así un día y otro día. La gente quería vivir y el Estado quería favorecer sus necesidades. El Estado se presentaba durante largos años al propietario de la tierra exigiéndole, hasta que un día éste le dijo: "Ya el resto te lo di ayer y hace días que no se ha presentado nadie a trabajar, no se ha cosechado nada ni he obtenido ningún beneficio". Dicho esto, el terrateniente montó en su caballo, dejó su tierra arruinada y no volvió más. El Estado se quedó sin saber qué hacer, qué cuentas ofrecer, no podía sacar de donde no había; además se había endeudado entretanto y no podía pagar esa deuda. Se presentó ante el pueblo y no tuvo otra opción que decir: "He quebrado".

Es de desear que esto sea un cuento, un mal cuento y que los malos presagios se diluyan en la esperanza de una mejora. Habrá que ser optimistas, pero por sí mismos, sin atenernos a lo que nos digan, ya que muchos economistas, incluido algún que otro Premio Nobel, nos habían dicho que tras el "crac" del 29 no habría nunca más derrumbes económicos, y ya ven. Además, hay responsables políticos como Solbes cuyo su discurso lo ha cambiado no se sabe cuántas veces; así como presidentes de gobierno, como Rodríguez Zapatero, que les ha pasado lo mismo; dando palos de ciego sin saber por dónde se va, aunque la evidencia parece marcar el camino que no es ni el que nos han diseñado ni será por el que pretenden meternos.

Esperemos, no obstante, que la quiebra total no se produzca y no llegue el día en que el Estado siga firmando pagarés en la trastienda, pero ya no se presente nadie a ofrecerle dinero a cambio de sus papeles devaluados.

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