Tenerife
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EDITORIAL

Han rapiñado hasta la historia

18/ene/09 07:27
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Iniciamos la cita de este domingo con nuestros lectores reafirmándonos en la creencia de que a la tercera isla no le corresponde el "gran" en su nombre. Esta es una idea que hemos demostrado, y sobre la que no hemos recibido ningún reproche serio y fundamentado. Los políticos que nos gobiernan son culpables por su temor a molestar a los canariones, así como por su falsa creencia de que todas las islas del Archipiélago son iguales. Por eso tratan a Canaria, la tercera, de la misma forma que a Tenerife, la primera. Eso, como decimos, los hace culpables de que se mantenga la gran mentira del "gran". Una engañifa que pudieron suprimir esos políticos acobardados ante la serpiente amarilla pero que, hipnotizados como ratoncitos prestos a ser devorados, permanecieron quietos cuando se redactó el Estatuto de Canarias ?ojalá desaparezca cuanto antes- y se consagró la permanencia del embustero gran, a la vez que se estableció el orden alfabético para enumerar las islas ?algo que no ocurre en ningún archipiélago del mundo?, y se igualó en el escudo el pico del majestuoso Teide a todas las demás.

El "gran" no responde a razones históricas; no es legal y, por si fuera poco, contribuye a la desunión de los canarios en momentos como los actuales, cuando resulta imprescindible la cooperación de todos para avanzar hacia nuestra soberanía. El "gran", lo repetimos, sólo es la gran superchería. La causa de que las demás islas repudien a Canaria; no por sus gentes, mayoritariamente ajenas a este enredo, sino por la actitud de sus dirigentes políticos.

Si las pretensiones de Las Palmas son ridículas ?se consideran mundiales del mundo mundial y piensan que todo el planeta está pendiente de ellos?, cabe decir lo mismo de algunos de sus proyectos. A ver cómo construyen un ferrocarril en su reducido espacio. ¡Por Dios! ¡Si no les cabe ni un trencito de juguete! ¡Qué atrevidos! ¡Cuánta osadía! Es tan ridículo ver como una pulga intenta saltar sobre un elefante... Los canariones ?el nombre de canariones se lo pusieron ellos mismos, porque se consideran "grandes canarios"; es decir, grancanarios? han rapiñado hasta la historia. Con el único afán de robarle protagonismo histórico a La Gomera, inventaron el cuento de que Colón estuvo en Las Palmas. Para consolidar el fraude histórico, no tuvieron el menor recato de construir una casa y decir que en ella se alojó el descubridor durante su estancia en la tercera isla. En pasados editoriales y comentarios hemos contado reiteradamente lo que ocurrió en realidad, según la versión de un destacado investigador como fue el profesor Antonio Rumeu de Armas. En consecuencia, no queremos cansar hoy a los lectores con reiteraciones innecesarias. Tan sólo señalamos, una vez más, que, según este historiador, incluso en el supuesto caso de que Cristóbal Colón hubiese desembarcado en Canaria, nunca estuvo en Las Palmas.

No somos los únicos que pensamos así. Asegura Fernando Gabriel Martín Rodríguez en su tesis doctoral, titulada "Arquitectura doméstica canaria", que "dentro del conjunto de la arquitectura canaria, el núcleo de lo que se ha venido llamando Casa de Colón ha resultado siempre materia polémica".

Más adelante añade que "de la enorme hibridez que denota el conjunto, hoy sólo quedan, como partes arquitectónicamente dignas de mención, la casa Machado, frente a la trasera de la catedral; la antigua casa de los Santa Gadea-Mansel, en la calle Colón, y la que hace esquina a esta calle y al callejón de Algaba, que sirve de entrada a la denominada Casa de Colón. El resto ha sufrido retoques considerables, principalmente las fachadas al Pilar Nuevo y a la Herrería ?inauguradas en 1961 y 1958 respectivamente?, concebidas dentro de un eclecticismo decadente ?fachadas pseudogóticas repletas de elementos híbridos?, cuya motivación más evidente es atraer la atención y el bolsillo del turista. La aparatosa grandilocuencia de la nueva construcción, parturienta y falsa, no tiene relación con el ambiente del barrio de Vegueta, pues supone un desquiciamiento de cánones goticistas existentes en la misma zona ?casas Moxica-Matos o Santa Gadea-Mansel?. Como intento de legitimar la nueva edificación, se han aprovechado elementos obtenidos de obras desaparecidas ?puertas tachonadas, marcos de arcos conopiales, ventanas de corredera o balcones descubiertos?. Un puro engaño, añadimos nosotros, no sólo para sorprender a turistas incautos, sino para extender la supremacía canariona en todo el Archipiélago.

Con respecto a la presencia real del Almirante de la Mar Océana en Las Palmas, señala Martín Rodríguez en dicha tesis doctoral que "la acérrima afirmación de que Colón vivió en esa casa en su paso por Gran Canaria en el segundo viaje a América ha tenido bastantes defensores, la mayoría grancanarios, desde Millares a Néstor Álamo, pasando por Miguel Santiago o Morales Padrón. Intentando aplicar una nueva óptica rigurosa al problema, Cioranescu publicó su versión del asunto, levantando en los diarios fuertes polémicas. Está lejos de nuestra intención abordar detenidamente esta cuestión. De todos modos, pensamos que si Colón estuvo en Las Palmas durante un día ?Cioranescu duda de su desplazamiento del puerto de las Isletas a la ciudad?, no tuvo que alojarse necesariamente en esta casa ?si efectivamente lo hizo en alguna?. Y si realmente así ocurrió, su paso ocasional no tiene por qué dar pie a mixtificaciones sin sentido ?nos referimos al negocio establecido actualmente, encubierto bajo la denominación de museo, explotando toda una iconografía colombina?. El nombre de Casa de Colón responde a una tradición oral, cuya primera cita conocida la da la viajera inglesa Elizabeth Murray, estante en las Islas a mediados del siglo XIX. Pero lo más extraño es que ningún cronista, ni siquiera Viera, haga mención a este hecho, muy singular dentro de la historia canaria".

No se menciona por la simple razón de que es completamente falso. Una mentira más inventada, como todas, con dos finalidades: la primera, aparentar lo que no se es y presumir de lo que no se tiene; la otra, potenciar turísticamente a Las Palmas y por extensión al resto de Canaria, en detrimento de los méritos que sí poseen las otras islas. Nada más. Por si fuera poco, existen serias dudas respecto a la antigüedad del edificio. "La construcción que hoy se levanta en este solar presenta partes que no han de ser anteriores al siglo XVII: huecos de cantería y un balcón esquinero descubierto, de la variante de celosías", añade Martín Rodríguez en su tesis doctoral. "El patio es nuevo y otro trasero pertenece al antiguo claustro del convento de Santo Domingo... Como otras partes de la casa ?unas de nueva fábrica y otras aprovechadas?, el pozo del segundo patio se ha ubicado gratuitamente en el siglo XV". Sin fundamentos históricos, opinamos por nuestra parte, pero con la clara intención de confundir.

Todo lo anterior es un ejemplo más de las maniobras canarionas para confundir y, en medio del lío, tratar de destacar sobre el resto del Archipiélago. Por eso no pueden consentir en Las Palmas que las islas se enumeren de mayor a menor, como ocurre en todo el mundo, sino atendiendo a un inusual y absurdo orden alfabético. En definitiva, Canaria es un estorbo para la soberanía porque los dirigentes políticos canariones aspiran a estar por encima de los demás. Atendiendo a tales pretensiones, no les importa comparar a una piedra grande que llaman Roque Nublo con la inmensa majestuosidad del Teide. Del Roque Nublo, sólo salvamos la música de Néstor Álamo.

La culpa de esto la tienen esos dirigentes políticos, que enloquecen a la población de la tercera isla con ínfulas de grandeza. Por eso nos dirigimos a usted, don Paulino, para que haga algo. No sabemos qué secretos son esos en los que usted está, pero Canarias no puede seguir más tiempo sin su estatus de nación soberana, mangoneada por una isla que sirve a los intereses de los partidos estatales. Si no lo apoyan los nacionalistas de CC, recurra a partidos que se han destacado en la defensa de Canarias, como el MPAIAC, el FREPIC-AWAÑAC o, más recientemente, el Movimiento Patriótico Canario, así como otros que tienen conexiones internacionales a través de la Organización para la Unidad Africana, la Unión Europea y la propia ONU en Nueva York.

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