COLPISA, Madrid
Los zarpazos de la miseria contra la salud materno-infantil en los países pobres continúan siendo de una crueldad extrema, si bien en los últimos años se viene atisbando alguna mejoría en esta dramática situación. La malnutrición, la pobreza y la exclusión son responsables de que cuatro millones de bebés mueran al año antes de cumplir los 28 días de vida y otros 9,2 millones antes de alcanzar los cinco años de edad. Además, más de medio millón de mujeres y niñas fallecen anualmente por complicaciones en el embarazo o en el parto.
Son algunos de los escalofriantes datos contenidos en el informe de Unicef Estado Mundial de la Infancia 2009, que este año dedica especial atención a la salud materna y neonatal. La salud y la supervivencia de las madres y sus recién nacidos están "estrechamente vinculadas", refleja el estudio, de manera que las intervenciones que salvan las vidas de las progenitoras primerizas benefician también a sus recién nacidos. Los bebés cuyas madres mueren durante las primeras seis semanas de sus vidas tienen más probabilidades de fallecer durante los primeros dos años que los recién nacidos cuyas madres sobreviven.
El informe de Unicef evidencia que, aunque lentamente, se atisban algunos avances en la situación mundial. Así, admite que muchos de los países en desarrollo lograron en los últimos años "grandes progresos" para mejorar la tasa de supervivencia infantil, aunque los avances fueron inferiores en la reducción de los índices de mortalidad materna. Países como Níger, Malawi o Bangladesh han reducido casi a la mitad las tasas de mortalidad de menores de cinco años desde 1990 hasta 2007. Mientras la tasa de supervivencia de los niños menores de cinco años mejora en todo el mundo, los riesgos que corren los bebés menores de un mes siguen siendo "inaceptablemente elevados" en muchos países.
Un descenso
La tasa mundial de mortalidad neonatal descendió en una cuarta parte entre 1980 y 2000, pero fue mucho más baja que la reducción entre los menores de cinco años, que descendió una tercera parte, de 13 millones en 2000 a algo más de nueve millones en 2007. Aunque de menor incidencia, también se vislumbran "señales de progreso" en la salud materna. Por ejemplo, un 75% de las mujeres de los países en desarrollo reciben ahora atención prenatal de un profesional cualificado, "por lo menos una vez durante su embarazo". En Asia meridional el progreso ha sido especialmente notable. El informe concluye que durante la última década se ha producido un aumento significativo en la prestación de asistencia obstétrica cualificada en todas las regiones del mundo en desarrollo, con la excepción notable de África subsahariana.
Aún así, las investigaciones demuestran que cerca del 80% de las muertes maternas se habrían podido evitar si las mujeres hubiesen tenido acceso a servicios esenciales completos de maternidad y atención básica de la salud. Los países necesitan como promedio 2,28 profesionales de la salud por cada mil personas para lograr el nivel mínimo necesario de cobertura de asistencia capacitada durante el parto. Un total de 57 países se encuentran por debajo de este mínimo, de los cuales 36 se encuentran en África subsahariana. Un ejemplo de los logros en los progresos en las tasas de salud materna e infantil lo constituye Sri Lanka, que ha conseguido reducir su tasa de mortalidad materna a la mitad al adoptar estrategias sólidas asignando los recursos suficientes.
Un gran recorrido
La secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Soraya Rodríguez, enfatizó en la presentación del informe que los índices de mortalidad entre cero y cinco años han mejorado en los últimos años, "pero queda un gran recorrido, porque la realidad demuestra que las desigualdades siguen incrementándose". En este afán, resaltó el compromiso del Gobierno español de alcanzar el 0,7% del PIB en ayuda al desarrollo en 2012. Aún así, admitió que la ayuda debe implicar a numerosos países avanzados si se quiere cumplir el Objetivo de Desarrollo del Milenio 5, que pide una reducción del 75% en la tasa de mortalidad materna para el año 2015. Para alcanzar este meta, indicó Unicef, el mundo tendrá que reducir en un 70% las muertes derivadas de la maternidad entre 2005 y 2015.
Las tasas de mortalidad entre los países desarrollados y los menos adelantados evidencian, como es habitual, un abismo de desigualdad. El riesgo de muerte de una fémina embarazada en un país pobre es más de 300 veces superior al que tiene una mujer de un país industrializado. La posibilidad de fallecer es de uno entre 76 en países en vías de desarrollo frente a uno entre 8.000 en el caso de mujeres de países avanzados. En los países situados en África y Asia, por cada mujer que muere otras 20 sufren enfermedades graves relacionadas con el embarazo.
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