AGENCIAS, Nueva York
Un espectacular amerizaje de emergencia en las aguas heladas del río Hudson devolvió ayer a los neoyorquinos el mal cuerpo del 11-S. Nada en comparación a lo que sufrieron las 153 personas a bordo, que fueron rescatadas por los ferrys de pasajeros que operan en la zona.
El vuelo 1549 de US Airways acababa de despegar de La Guardia en dirección a Charlotte (Carolina del Norte), cuando el piloto detectó problemas en los motores. Los primeros informes culpan del accidente a una bandada de gansos que se enredó en el motor y le hizo perder el control. Convencido de que no podría volver al aeropuerto, el piloto decidió aterrizar en pleno río Hudson, a la vista de los turistas que inundan Manhattan.
Eran las 15:31 cuando los servicios de emergencia recibieron la primera llamada de auxilio. Las puertas de emergencia se abrieron justo a la altura de la terminal de ferrys de pasajeros situada al norte del barco museo USS Intrepid. Y en cuestión de minutos media docena de barcos rescataban a los pasajeros que salían por la puerta de emergencia y les esperaban temblorosos en el ala del avión. En menos de una hora todos estaban en tierra, mojados y castañeando de frío, muchos sufriendo hipotermia, pero con vida.
Jeff Galloy estaba sentado en el asiento 22A. Desde la ventanilla vio el motor izquierdo del avión estallar en llamas. "Amigos, tienen que prepararse para un aterrizaje muy duro", les advirtió el piloto desde los altavoces. Fuera, la temperatura de Manhattan era de -7 grados, con una sensación térmica de -14, a la que había que sumar la helada brisa del río. Los bomberos calcularon que, bajo esas condiciones, un ser humano no será capaz de sobrevivir más allá de unos 20 minutos.
Por su parte, el Gobierno de Estados Unidos descartaba anoche, por lo menos de momento, que la caída al río Hudson de un avión de pasajeros haya sido obra de elementos terroristas.
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