Criterios
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

EDUCACIÓN, FAMILIA Y SENSATEZ FRANCISCO M. GONZÁLEZ *

Mis otros amigos curas

16/ene/09 07:33
Compartir
Edición impresa .

ME HAN HECHO una sugerencia de mi columna de la semana pasada, ¿dónde quedaban los otros dos curas? Si, por razón de no alargarme, sólo hablé de uno, hoy lo haré de los otros dos.

Manolo, "el cura". Así le llamábamos de seminarista a D. Manuel Touceda Riveira, hoy párroco de Forcarey, y de tres o cuatro aldeas de sus alrededores, allá perdido en la zona más montañosa de Pontevedra. Donde estos días posiblemente esté nevando.

Nos conocemos de toda la vida, su madre y la mía eran íntimas. Pero, realmente, cuando empezamos a intimar fue después de su ordenación. Tenía la parroquia en una aldea, cerca de donde yo daba clase y coincidíamos con frecuencia. Fortaleció nuestra amistad, retomándola de aquellos recuerdos de la infancia, el placer del buen café "negro y cargado", los "Ducados" -fuimos fumadores empedernidos-, el poco dinero que ganábamos, la afición a la lectura y a las motos. Estuvo durante una época, a ratos libres, encargado de una biblioteca municipal que yo solía frecuentar y, cuando salíamos de allí, podíamos estar hasta las tantas dándole al "pistón". Su tema, entonces, era el Concilio Vaticano II. Lo mío, en estos temas, era darle y llevarle la contraria; lo suyo, además -siempre con extrema corrección y calma y como es su manera de ser-, era lograr que yo rezara y fuera por la iglesia. Era, la verdad, lo que se dice un buen amigo: lo cierto es que siempre nos quisimos mucho y nos queremos.

En un principio, logró llevarme a su iglesia al bautizo de mis dos hijos mayores, que por supuesto fue él quien les administró el sacramento. Siempre admiré de Manolo su preocupación por los más díscolos y necesitados de su feligresía; su capacidad para meterse en "líos" -sin perder la calma y con optimismo- y hacer amigos. Como él dice, "todo es cosa de oración". Nunca le oí predicar, hasta el funeral de mi padre y después de mi madre, en los que, en menos de diez minutos -porque es un tipo inteligente-, nos hizo asimilar la esperanza de ese inefable misterio de ver a "Dios cara a cara"; con un lenguaje sencillo, bello y emotivo. A todos nos hizo llorar.

Otro de mis íntimos amigos es Antonio Hernández -D. Antonio Hernández Hernández, párroco de Ntra. Sra. de la Concepción de La Orotava y arcipreste-. Me atrevo a pensar, que desde una perspectiva humana tal vez fuera más feliz en una parroquia "chica" allá en La Palma de su corazón; después de haber bregado tantos años en poner en marcha el Proyecto Hombre en Canarias. Aunque no lo dice, lo suyo es "hacer la voluntad de Dios".

No voy a entrar en la calidad humana ni en la labor pastoral de Antonio Hernández, que es una persona muy conocida y querida entre nosotros, aquí en Tenerife. Aparte de que tiene unas cuantas medallas y multitud de diplomas que lo avalan y de las que no presume, además, es muy conocido por su prolongado protagonismo en "Vídeos de primera" en la Primera de televisión.

Nos conocimos hace más de un cuarto de siglo, con motivo de una conferencia que dio en el Hogar Escuela de Santa Cruz -del que yo era padre de alumnas-. No recuerdo el título, pero su tesis, más o menos, era: la familia y los valores humanos como vacuna contra la droga. Me sorprendió su dominio acerca del nivel teórico, práctico y claro del tema, además del profundo conocimiento que tenía del hombre y de la condición humana. Y me encantó su mensaje esperanzador y optimista para los padres. Yo no sabía que era cura.

Posteriormente le invité a varias charlas para padres y alumnos adolescentes en los colegios que yo daba clase, por lo que fuimos intimando. Yo sabía que era director del "Proyecto Hombre", y por su manera de hablar y el amplio conocimiento del mundo de la droga pensaba yo que era psicólogo, psiquiatra o algo por el estilo. Hasta que una noche, en el momento de cenar, en el restaurante "Los Huevos Duros" bendijo con toda naturalidad la mesa. Yo le pregunté: "¡Ah!, ¿pero tú rezas?". A lo que me contestó: "Yo digo misa todos los días", y seguimos cenando y hablando. Cuando nos íbamos a despedir, caí en la cuenta y le dije: "Entonces, ¿tú eres cura?", y me dijo que sí. Lo que no fue motivo para que, con el tiempo, nuestra amistad adquiriera una mayor consistencia. También bendijo el matrimonio de nuestros tres hijos casados, y bautizó a María, nuestra nieta mayor. En nuestra casa, todos le queremos como a uno más de la familia y cuando se le necesita aparece. Ahora nos vemos de Pascuas a Ramos, pero cuando nos encontramos, seguimos polemizando en el mismo punto donde lo habíamos dejado -algo que a los dos nos apasiona-. En suma, Antonio es un palmero transparente y un amigo leal. ¡Qué pena que sea un forofo del Barça!

* Orientador familiar

fmgszy@terra.es

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Criterios

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: