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FRANCISCO JOSÉ SANTOS MIÑÓN

Desde mi observatorio...

16/ene/09 07:33
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LA FUNDACIÓN Cultural Canaria de Ingeniería y Arquitectura Betancourt y Molina, como bien saben, tiene su sede en Santa Cruz de Tenerife, aunque su ámbito de actuación es el de la Comunidad Autónoma. Viene actuando desde el año 2002, en que convocó el I Simposio de Ingeniería y Arquitectura los días 26 y 27 de noviembre en el Casino de Tenerife, y donde participaron los representantes de los Colegios Oficiales de Ingenieros de Caminos Canales y Puertos, Ingenieros Industriales, Ingenieros de Montes, Ingenieros Técnicos Industriales, Ingenieros Técnicos de Obras Públicas y Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Tenerife, que expusieron la trayectoria de las distintas especialidades en las Islas, y que son socios fundadores de la Fundación formando parte de su patronato. La Fundación comienza sus actividades este año 2009, organizando en el Colegio Oficial de Ingenieros Industriales, sede de Tenerife, el día 22 de enero, las V Jornadas Técnicas sobre la Ingeniería y la Arquitectura en Canarias en el siglo XX, dedicadas este año a estudiar la labor desarrollada por los ingenieros de caminos, canales y puertos en el Archipiélago desde su fundación por Agustín de Betancourt.

Las Jornadas comenzarán a las 18:30 horas con la inauguración y presentación. A las 18:45 horas, el ingeniero de caminos, canales y puertos D. Carlos Soler Liceras disertará sobre "El ingenio hidráulico canario". A las 19:20 horas el ingeniero de caminos, canales y puertos D. José María Senante Mascareño dará la conferencia "Añaza, una idea hecha ciudad", y a las 20:00 horas el ingeniero de caminos, canales y puertos D. Juan Antonio Afonso Mosegue hablará sobre "La ingeniería marítima en Canarias". Por último, a las 20:45 horas está prevista la Clausura de las Jornadas. La entrada es libre.

En sucesivos años está previsto que las distintas especialidades de ingeniería y arquitectura presenten en este foro su desarrollo en la Comunidad Autónoma en el siglo XX.

Se acaban de cumplir 30 años de la aprobación de la Constitución española y, entre su articulado, el 34 reconoce el derecho de fundación para fines de interés general, con arreglo a la ley. El domingo 28 de diciembre de 2008 leí un artículo firmado por Amadeo Petitbo, catedrático de Economía Aplicada, donde, con el título "Fundaciones, altruismo y libertad", dice que en este periodo de 30 años los ciudadanos han reforzado su sensibilidad con el interés general. Sin embargo, la actual regulación limita el espíritu solidario, y por ello debe ser reconsiderado. Desde 1978 se han creado en España miles de fundaciones, pues son uno de los instrumentos empleados por los ciudadanos para materializar su sensibilidad y generosidad individual, familiar o empresarial. Ademas, se forjan como medio utilizado para transformar muchos sueños solidarios de indudable impacto social en realidades concretas. Por lo tanto, las donaciones que conducen a su creación y desarrollo deberían incentivarse, lo que no sucede con la generosidad debida.

Responden normalmente a la necesidad de resolver aquellos problemas de la sociedad no abordados adecuadamente por las administraciones públicas. En unos casos, los ciudadanos aportan parte de su tiempo; en otros, aportan recursos económicos; y en otros ambos recursos simultáneamente. También necesitan para su consolidación y desarrollo aportaciones económicas, privadas o públicas, o ambas, incluso de trabajo e igualmente de cooperación entre organizaciones de distinta naturaleza y dimensión. Dichas aportaciones voluntarias no siempre son adecuadamente reconocidas por las administraciones públicas.

El articulista hace a continuación una comparación entre la conducta individual y societaria en Europa y, dentro de ella, España y EEUU, y deduce que los americanos han sido capaces de crear y consolidar grandes fundaciones porque disponen de mayores incentivos para transformar sus sueños o aficiones en acciones concretas de interés general, como es el caso de las fundaciones. En Europa se considera que los incentivos a fundar y a donar dan lugar a una inaceptable reducción de los ingresos públicos, sin considerar el ahorro a las arcas públicas por la labor desinteresada desarrollada por las fundaciones. Como reflexión a todo lo dicho extrae dos conclusiones: en primer lugar, es necesario reconsiderar el marco legislativo europeo y español en relación con las fundaciones y el mecenazgo. Y, en segundo lugar, es necesario mostrar el impacto efectivo de las iniciativas llevadas a cabo por las fundaciones para que se vea de forma inequívoca que el valor de dicho impacto supera con creces la magnitud de los beneficios fiscales.

En estos momentos, la Fundación Betancourt y Molina, que lleva por nombre los apellidos del genial ingeniero nacido en el Puerto de la Cruz y que acaba de celebrar su 250 aniversario con numerosos actos, se encuentra en un momento delicado económicamente hablando. Desde su creación habíamos realizado nuestra labor cultural con una subvención de la Consejería de Infraestructuras, ahora Obras Públicas, que el año 2008, posiblemente debido a la crisis económica, se redujo a cero. Que yo sepa, nuestra fundación es la única relacionada con la ingeniería y la arquitectura en las Islas. Por tanto, hemos desarrollado ciclos de conferencias para conocimiento de estas técnicas a través del tiempo, desde el siglo XVI hasta nuestros días. Igualmente, hemos contribuido a la difusión de la figura de Agustín de Betancourt, considerado el Leonardo Da Vinci tinerfeño por la amplitud y variedad de sus conocimientos, que iban desde su depurada técnica arquitectónica a las máquinas más insospechadas, la aerostación, la telegrafía eléctrica y óptica, la ingeniería de minas e hidráulica, puentes, calzadas y canalizaciones, etc. por medio de Jornadas, algunas de ellas internacionales.

De igual forma, hemos estudiado y difundido las nuevas tecnologías, el aprovechamiento de recursos, las energías renovables, la arquitectura bioclimática? Nos han faltado medios para crear unas becas universitarias previstas en los Estatutos de la Fundación para el estudio y difusión de estos temas, así como para crear un premio de periodismo que, en principio, se pensó para estudios de bachillerato, con los mismos fines y muy especialmente para un mayor conocimiento entre la población de las Islas, y en especial en Tenerife, de una figura universal como fue Agustín de Betancourt. Carecemos de todo tipo de infraestructura administrativa y la sede de la Fundación es el domicilio particular de su presidente-fundador. Se han realizado gestiones sin resultadocon empresas privadas con objeto de lograr patrocinio o mecenazgo. Por esta razón, he traído a colación el artículo de D. Amadeo Petitbo en la presentación de estas V Jornadas.

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