E.P., Tenerife/Madrid
El coronel Francisco Luis Bajo Ojeda, juzgado desde ayer por el Tribunal Militar Central acusado de un delito de abuso de autoridad por la presunta presión y el acoso al que sometió a una subordinada -natural de Canarias-, negó ayer ante el tribunal todos los hechos que se le imputan, incluida la acusación de haber introducido prostitutas en el cuartel, y aseguró que, "para un militar, la esposa o la novia son sagradas".
Según explicó la presunta víctima de los acosos, la capitán médico Isabel Romera García, todo comenzó en su primer día en el cuartel de Mungía (Vizcaya) cuando acudió al despacho del acusado a presentarse. "La presentación duró entre 30 y 45 minutos y en el momento de marcharme se me acercó al cuello y me dijo que olía muy bien, y me preguntó cuál era mi colonia para recomendársela a sus mujeres y que le estaba dejando el despacho perfumado", relató Romera al tribunal presidido por el general Francisco Javier Mata Tejada.
Los hechos ocurrieron en 2004, en el Regimiento de Infantería Mixto Garellano número 45, Acuartelamiento de Soyeche, Mungía (Vizcaya), y el fiscal pide para el coronel una pena de un año y seis meses de cárcel y una indemnización para la víctima de 4.000 euros. En la causa también está personada la Abogacía del Estado, que pide el archivo de la causa.
"Tenía pánico de él, llegué a dormir con un cuchillo y con un espray antivioladores y con una silla bloqueando la puerta, lo único que quería era que me cambiasen de destino o de lo contrario abandonaría las Fuerzas Armadas", explicó la joven, quien a lo largo de su exposición detalló otros incidentes con el coronel. Recordó ante el tribunal cómo, en otra ocasión, el presunto autor de los acosos acudió a una consulta tras la que le diagnosticó taquicardias. "Tengo taquicardias porque me pones", le contestó él, según las declaraciones de la joven, quien aseguró interpretar esas expresiones en sentido "insinuante".
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