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EL DÍA, S/C de Tenerife
La Sección Segunda de la Audiencia Provincial tinerfeña culminó ayer el juicio contra George H.G., acusado de un presunto delito de agresión sexual a una compañera de piso en junio de 2007, en el interior de la vivienda que compartían junto a otras personas en El Médano.
El Ministerio Fiscal solicita una pena de ocho años de prisión, mientras que la acusación particular pide seis años y la defensa, la libre absolución. Según la acusación, el día 15 de junio de 2004, el acusado llegó a la vivienda ubicada en una urbanización de El Médano (Granadilla de Abona) y, cuando llegó la joven que le había alquilado una habitación, comenzó a realizarle tocamientos. El procesado llegó a quitarse la ropa y ella le pidió que parara sin que él lo hiciera, y solo cesó en sus intentos de consumar el acto cuando ella le realizó una felación.
El acusado negó todos los hechos e incluso poco antes de que el juicio quedara visto para sentencia, comentó en la Sala que "no entiendo cómo el marido llegó a las cinco de la mañana y se acostó con ella y no le dijo nada. Tampoco que ni los perros ladraron ni el bebé se despertó si ocurría. Además, uno de nuestros compañeros de casa estaba durmiendo y no se despertó". El inculpado siempre mantuvo que las relaciones sexuales fueron consentidas en contraposición de la víctima, que comen-tó que habían sido forzadas y sin su consentimiento, e incluso en la declaración de uno de los compañeros de piso del acusado y de la víctima, que se encontraba durmiendo en el piso de arriba de la vivienda, dijo el lunes que "la chica hacía insinuaciones sobre que su marido no la tocaba y que era una mujer insatisfecha. A mí me contó lo de la agresión sexual unos días después. Cuando contó lo sucedido me sorprendió".
La víctima.- Ayer por la mañana declaró, por videoconferencia, la víctima, la cual relató que "llegué sobre la una de la madrugada de trabajar en un restaurante. Estaba muy cansada. Cuando entré no vi la furgoneta del compañero que cuidaba a mi bebé de ocho meses y me asusté porque no lo encontré en la cuna. Subí y me encontré al acusado. Estaba muy borracho y colocado y tenía a mi bebé en su cama. Lo cogí y lo acosté en la cuna y él vino detrás de mí y comenzó a tocarme. Me asusté bastante. Me echó sobre él en la cama y luego, cuando me puse a llorar, me preguntó por qué lo hacía. Yo bajé al salón y me fumé un cigarro y vino detrás de mí. Volvía a tocarme. Me manoseaba toda y yo no entendía nada. Se quitó la ropa y fue hacia mi habitación. Se acostó en la cama y yo quería que me dejara en paz. Bajó nuevamente al salón y seguía insistiendo en que mi pareja se acostaba con otras. Le hice una felación porque no me quedó otra opción. Tenía miedo". Una de las preguntas de la defensa fue que esclareciera el motivo por el que denunció lo ocurrido tres días después, a lo que la víctima declaró que "yo me puedo acostar con quien quiera, pero si yo digo que no, es que no. Reclamo justicia. No había denunciado antes porque creí que yo sola saldría de todo, pero no fue así".
La pericial.- La prueba pericial forense mostró que la víctima acudió a un médico con un hematoma en el antebrazo derecho y un rasguño en el cuello, lesiones que son compatibles con cualquier tipo de golpe, ya que "son inespecíficas". La perito que le realizó un examen psicológico comentó que "no había nada que hiciera constatar psicológicamente que había pasado algo".
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