CONFIRMAMOS la necesidad de la soberanía. Las declaraciones de Paulino Rivero al concluir su reunión con Rodríguez Zapatero nos han dejado un sabor agridulce; incluso un tanto amargo por insatisfactorio. ¿Qué nos quiere decir el presidente canario con que ha encontrado receptividad en el palacio de la Moncloa? ¿Significa que los derechos de los canarios están en las manos dadivosas de don Zapatero? ¿Qué tipo de receptividad debemos agradecerle al presidente del Gobierno de España, como él mismo ha querido que se denomine al hasta ahora Gobierno central? Nada. Agradecido sí ha de estar el señor Rodríguez Zapatero porque Paulino Rivero no le haya planteado abiertamente el inicio de negociaciones cuanto antes, hoy mejor que mañana, para que Canarias acceda al estatus de país libre. Pensamos que Paulino Rivero ha perdido una oportunidad única. Al menos podía haberle insinuado este asunto al presidente español, don Paulino. Por eso no lo van a encerrar en la cárcel. Estamos en la Europa del siglo XXI. A nadie le ponen grilletes por decir lo que piensa, siempre que lo haga de forma pacífica y atendiendo a las leyes que rigen una sociedad democrática.
POR otra parte, comprendemos que José Luis Rodríguez Zapatero no desee ni oír hablar de este asunto. Él, como el resto de los peninsulares, no quiere perder la finca canaria; ese territorio lejano en el que viven los españoles de tercera o cuarta categoría. Sin embargo, nos acercamos al año 2010. La fecha tope, lo repetimos una vez más porque parece que alguien no se ha enterado todavía, establecida por la Asamblea General de la ONU para descolonizar todos los territorios del mundo que aún siguen sometidos a la tiranía de las naciones que los ocupan. Canarias quiere la soberanía. Si estas Islas son españolas hoy en día es sólo por un capricho de la Constitución española.
NO es la primera vez que establecemos los fundamentos por los que, a nuestro entender, debemos ser un país libre sin más dilaciones. El primero de todo es el genocidio que sufrió el pueblo guanche durante la conquista. Como canarios, como descendientes de aquellos nobles aborígenes, no podemos consentir que se mancille su memoria aceptando sumisamente que estas Islas, esta tierra que era suya, continúe en manos españolas. Que nadie nos entienda mal: no predicamos la violencia ?lo hemos dicho en innumerables ocasiones?, sino un proceso sustentado en el diálogo inteligente con las autoridades españolas, al final del cual recuperemos la libertad que tuvieron los habitantes de Canarias antes de que llegaran las tropas regulares y mercenarias de Castilla.
NO menos importante para que alcancemos nuestra libertad es la distancia que nos separa de España. Nada menos que 1.500 kilómetros de sus costas y 2.000 de su capital. También está la consideración de nuestras riquezas, tanto las actuales como las potenciales. Los recursos del Archipiélago se derivan en gran parte de nuestra privilegiada situación geográfica. En consecuencia, son inmensos. Estamos, lo recordamos una vez más, entre tres continentes. Ha llegado el momento de que todas esas riquezas sean del pueblo canario y no del amo que se hizo con la propiedad de la finca por la fuerza de las armas. Mencionamos en último lugar, aunque no por ello consideramos que esta razón para la soberanía sea de menor entidad que las anteriores, la libertad a la que tienen derecho todos los seres humanos. De la libertad de las personas y de los pueblos se ha dicho y escrito mucho durante siglos. "El hombre nace libre, responsable y sin excusas", sentenció Jean Paul Sartre. Y antes que este filósofo y escritor francés, Benjamin Franklin, uno de los padres de lo que actualmente son los Estados Unidos de América, dijo que su patria está donde mora la libertad. Por lo tanto, no puede haber patria sin libertad; no podemos ser auténticamente canarios mientras no vivamos en una nación libre. En la actual situación colonial somos meros indígenas sometidos por la nación española. Que nadie piense otra cosa.
CIERTO que algunos isleños y compatriotas nuestros siguen atenazados con el miedo infundido durante siglos por la Metrópoli. Hablamos de los canarios timoratos, de los nacionalistas teóricos y, en definitiva, de todos aquellos que prefieren vivir enjaulados como el león del circo, con tal de que le den todos los días el sustento, a ser como el zorro que cuando amanece un nuevo día no sabe si comerá, pero no alberga duda alguna de que deambulará libre por su territorio. Aquí hemos de recordar otra vez a Franklin, pues en su momento dijo, muy acertadamente, que "aquellos que cederían la libertad para adquirir una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad". Merecen el mayor de los desprecios, añadimos nosotros.
MUCHAS han sido las tretas de la Metrópoli para que no seamos conscientes de nuestro contexto colonial. Una de ellas es utilizar el término prehispánico para referirse a la situación de las Islas Canarias antes de la conquista y colonización. Lo señalaba José Farrujia de la Rosa (galardonado este año con el Premio de investigación histórica Antonio Rumeu de Armas, aunque por otro trabajo) en un artículo publicado en octubre del pasado año. "Otro concepto igualmente erróneo y de uso generalizado en el lenguaje académico -y por ende en el lenguaje popular- es prehispánico", señala este autor. "Tal denominación se comenzó a aplicar en la arqueología canaria durante el franquismo, para designar el período histórico comprendido desde el primer poblamiento de las Islas Canarias hasta la anexión de las mismas por la Corona de Castilla. El término fue introducido en el ámbito canario por Julio Martínez Santa-Olalla, un autor falangista afín al régimen y, de hecho, tal denominación lleva implícita toda una carga ideológica, pues con ella se reforzaba la vinculación de Canarias con la identidad y nación hispanas". Además de la apreciación que hace este historiador, para nosotros es importante subrayar que incluso los autores franquistas tenían claro que el Archipiélago canario no le pertenecía a España antes de la feroz conquista que sufrieron las Islas.
¿POR qué no desarrollan estas ideas los actuales políticos canarios? Suponemos que por una razón simple: están suficientemente cómodos cobrando sus sueldos a costa de los trabajadores. Si el pasado viernes le pedimos al pueblo que acudiese al Parlamento de Canarias, de forma pacífica y sólo con pancartas, para reclamar que no se pongan más impedimentos al proyecto de la playa de Las Teresitas, hoy le sugerimos a los hambrientos y a los parados ?en definitiva, a los llamados parias de la tierra? que también acudan a la Cámara legislativa para que sus "señorías" conozcan las necesidades por las que están pasando. Una vez allí, podían sugerirle a Cristina Tavío y a Santiago Pérez, así como al resto de los diputados regionales, que renuncien a su sueldo para que esta gente pueda comer.
INDUDABLEMENTE, tenemos que acabar con esta chatarra política; debemos eliminar esta ferralla inservible por obsoleta y oxidada, e instaurar una nueva política a cargo de personas, eso también lo hemos dicho muchas veces, con las manos y la mente limpias. Son estas personas, y no la podredumbre actual, las que pueden aflorar esas grandísimas riquezas de Canarias a las que nos hemos referido en innumerables ocasiones. Porque si las Islas explotan por sí mismas sus recursos sin que se los lleve la hacienda española, podemos ser uno de los países más ricos del mundo.
PESE a todo, conservamos cierto optimismo y mantenemos la esperanza. Al menos en la reunión mantenida entre Paulino Rivero y Rodríguez Zapatero no ha sonado, que nosotros sepamos, la palabra Estatuto; un concepto que nos repugna, pues supone malgastar el dinero del sufrido ciudadano en algo inútil. Lo repetimos: solamente un Estatuto transitorio hasta alcanzar la soberanía tendría razón de ser. No se amilane usted, don Paulino. Acuda a Madrid acompañado por su gente auténtica, y plantee en la capital de la Metrópoli que Canarias no quiere seguir ni un día más como colonia de los españoles. Vaya con Miguel Zerolo, con Hilario Rodríguez, con Juan Jesús Ayala ?parece que Ayala va perdiendo la tibieza? y, sobre todo, con dos patriotas excepcionales como son José Luis Concepción y Francisco García-Talavera Casañas, dos hombres de sentimientos guanches, con la cabeza en su sitio y la inteligencia necesaria para encauzar la nueva nación canaria. Dé usted ese paso, señor Rivero, y conviértase en el primer presidente de la nación canaria libre y soberana.
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