CARLOS ACOSTA, S/C de Tfe.
El catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de La Laguna, José Ángel Rodríguez, estima que si la liquidez se traslada ya a las empresas y las familias, a finales de año la crisis podría tocar suelo y producirse el tan ansiado rebote de la economía.
Para los expertos resulta difícil afinar más un diagnóstico acerca de cuándo o cómo se producirá la recuperación debido a la complejidad del fenómeno.
José Ángel Rodríguez explica que la crisis actual, a diferencia de la que golpeó las economías mundiales en 1929, está sustentada por tres pilares que interactúan entre sí y la retroalimentan en un proceso difícil de detener.
El catedrático se refiere así, por una parte, al "vector" constituido por las materias primas y la energía en general, y el petróleo en particular. "Es un circuito con cierta autonomía", asegura. "Es un mercado que se calienta desde el punto de la oferta, la demanda y los protagonistas". Desde el punto de vista de la oferta, Rodríguez apunta el surgimiento de nuevos países oferentes que hace diez años no estaban en los mercados.
En su evolución, también influye la posibilidad del agotamiento de las reservas de crudo fáciles de explotar, que constituye el denominado cénit del petróleo. Se trata de un fenómeno sobre el que aún no hay consenso sobre su verdadero alcance y consecuencias.
Desde la óptica de la demanda, Rodríguez apunta la mayor demanda de petróleo de nuevos gigantes económicos, como China e India y que, al carecer de políticas energéticas, observan una eficiencia muy baja en este campo.
El vector energético se cierra con los protagonistas, que se refiere a los participantes de la Bolsa que intervienen en las transacciones de productos de este tipo. "Hay una gran volatilidad; las acciones cambian de signo debido a movimientos que escapan al control de los operadores".
Respecto a otras materias primas, Rodríguez recuerda que los cereales grasos y los vegetales pueden ser convertidos en combustibles, con lo que en los mercados "se retira una parte de la oferta de los alimentos y pienso para ganado que suben de precio y se origina un movimiento especulativo típico".
Además, este fenómeno se vio acentuado en 2008 por la concurrencia de otros problemas relacionados a la oferta y la demanda, como las malas cosechas de los cereales en general por la sequía que se produjo en 2007 en muchos países productores y que provocó una caída de la oferta el año pasado.
El segundo vector de la crisis lo constituye, en opinión de Rodríguez, el bloque financiero. Los productos de este tipo "se han multiplicado sobre bases muy endebles". Lo que tenían las instituciones financieras para responder a toda esa multiplicidad de opciones financieras "eran mínimas" y los nuevos productos "se han ido entrecruzando, que son los llamados derivados".
Esos entrecruzamientos "han afectado los seguros y las compañías de los bancos de inversión, entre otros". Es un sistema "bastante heterodoxo desde el punto de vista del buen hacer de la práctica bancaria y financiera".
Para el catedrático, "ha habido descontrol y falta de inspección; han fallado mucho los sistemas y se ha alentado muchísimo ese tipo de prácticas de productos derivados cuyo nivel de riesgo, que era altísimo, se podía mantener en una coyuntura alcista, pero que en cuanto hay contracciones, desvíos de los fondos hacia otro tipo de productos, se hizo evidente que buena parte de los derivados no tenían respaldo y eran dinero basura".
El desastre inmobiliario
La última pata en la que se apoya la crisis es el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Antes de que se produjera, recuerda Rodríguez, "muchos bancos relajaron las condiciones de financiación, de los perfiles de riesgos, se otorgaron las llamadas hipotecas basura y luego se titulizaron estos préstamos que compraron otros intermediaros financieros, y fue un desastre".
También influyó la bajada "espectacular" de los tipos de interés, que animaron mucho la situación. "Gente que no se imaginó nunca pedir un préstamo encontró la ocasión de conseguir el dinero porque el banco dio facilidades de todo tipo". En el caso español y canario, se añade además un factor "sociológico, antropológico, cultural y económico", que es la "altísima" valoración de la vivienda en la preferencia de los compradores.
José Ángel Rodríguez afirma que para la mayor parte de las familias nacionales "no hay bien más preciado que los lleven a hacer un gran sacrificio como la adquisición de una vivienda". Se trata de algo "particular de España, en un contexto de escaso hábito de un mercado de alquiler transparente".
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