PARA CONSEGUIR una sociedad canaria mejor que la actual, una sociedad canaria que ofrezca unas condiciones de vida óptimas, tenemos, entre otras realidades, que mejorar la conservación del medio ambiente y las relaciones con África, nuestro vecino continente.
Somos nosotros los que en primer término podemos mejorar el medio ambiente consumiendo productos no contaminantes, es decir, consumiendo productos biodegradables.
Es posible que en principio nos cueste conseguir esos productos biodegradables, pero acabarás encontrándolos en los comercios donde eres cliente, porque ellos no venden sino lo que se les pide, y si continuamente pedimos esos productos no contaminantes acabarán por fabricarse y, luego, venderse.
Esto es una primera etapa que comienza por nosotros mismos, que juntos formamos la sociedad, que referida a las Islas Canarias es la sociedad canaria. La sociedad canaria puede ser mejorada en su medio ambiente por nosotros mismos.
Ya desde el año 1972, las Naciones Unidas, convocadas en Estocolmo, realizaron una declaración dirigida a todos los pueblos del mundo, donde se contenían principios que servían de guía para preservar y mejorar el medio humano.
Estos principios, en síntesis, proclaman el derecho fundamental de toda persona a disfrutar de un ambiente de calidad que permita una vida digna, y nos impone mejorar ese ambiente que hemos de transmitir mejorado a nuestros hijos, condenando y eliminando todo lo que pueda perjudicar de cualquier manera a ese ambiente de calidad.
Los gobiernos que constituyen la Unión Europea se han esforzado para lograr un alto nivel de protección y mejora del medio ambiente y de la calidad de vida, de lo que es un ejemplo el Tratado de Niza de 26 de febrero de 2001.
Para conseguir ese medio ambiente deseado, se recomienda un desarrollo equilibrado y sostenible de las actividades económicas de la Comunidad Europea, con una política comercial común, la supresión de la aduana en los referidos Estados y la supresión de trabas interiores a la circulación de mercancías.
Llega el 27 de diciembre de 1978 y llega la Constitución española, y con ella la salvaguarda de un medio ambiente adecuado para proteger y garantizar la calidad de vida, y esta encomienda se traslada a cada una de las comunidades autónomas y, por tanto, al Archipiélago.
Y, en defensa de ese adecuado medio ambiente, de una sana ecología, llega la Ley Orgánica 10/95 de 23 de noviembre, con el Código Penal, que castiga con penas de prisión a todos los que de alguna manera directa o indirecta contravengan las disposiciones protectoras de la ecología y del medio ambiente.
En el Archipiélago canario, la sociedad, que es un proyecto de vida en común, que decía Ortega, que mira el turismo como fuente fundamental y casi única de riqueza, tiene que promover cultivos ecológicos para que quienes nos visiten puedan disfrutar de ellos.
Tiene que extremarse el cuidado para que operen las leyes citadas en defensa del medio ambiente, cuidando el aire, el agua, el mar, la electricidad, los montes, las minas, en definitiva, todo lo que nos rodea para no deteriorarlo, sino conservarlo, para que sea agradable habitar disfrutando de la naturaleza.
La primera experiencia española empalmó con la directiva 85/337, que daba un plazo de tres años para dictar las leyes que regulen el impacto ambiental.
En consecuencia, las comunidades autónomas dictaron su propia legislación; y entre ellas, la canaria con la Ley 11/90 de 13 de julio de prevención del impacto ecológico.
Canarias, como decimos, no podía estar ausente de esta preocupación mundial de preservar el medio ambiente de tanto intento suicida para destruirlo. Y son múltiples las disposiciones legales producidas a tal finalidad. Todas tendentes a salvaguardar la singularidad de nuestro Archipiélago reducido y muy compartimentado, y, desde la Ley de 13 de julio de 1990, sobre prevención del impacto ecológico, primero y ahora hace unos días, como quien dice, la Ley 9/06 de abril sobre evaluación de los efectos de determinados planes y programas en el medio ambiente.
Se trata de conservar la calidad de vida. De regular las licencias de construcción que se concedan para que ningún daño ecológico se produzca. Del adecuado uso de los recursos naturales. De la defensa del mar y de sus costas.
Se trata, en definitiva, de una normativa jurídica específica que regule la conservación de la naturaleza en Canarias y en el marco de una ordenación del territorio coherente con la estrategia mundial para la conservación o desarrollo sostenible.
En Canarias, puede decirse muy alto, se respeta la naturaleza y se puede respirar a pleno pulmón, porque el medio ambiente y su conservación es una de las prioridades de nuestro acontecer.
Que quienes nos visiten disfruten de la belleza de nuestros paisajes, al tiempo que disfrutan de una sociedad que posee un medio ambiente protegido.
Con los países africanos, como Senegal, Mauritania, Mali, Costa de Marfil y otros, sobran las frases almibaradas y la expresión de deseos, que a lo que se ve, no se están cumpliendo.
Es necesario en este tipo de leyes en todos esos países, pobrísimos, abandonados por todos, y sólo nombrados para condolernos de su miseria y de su hambruna, sin hacer nada para mitigarla.
Debemos invertir en esos países, llevando a ellos la técnica precisa y el personal especializado para así ocupar a los nativos de esos países, que al encontrar trabajo en su propio país, como programa nuestro presidente, Paulino Rivero, no tendrían necesidad de emigrar, lo que hacen para evitar la muerte por hambre, que es lo que les espera de continuar viviendo en sus pobres países de origen.
Tenemos que alejarnos de una sociedad que no piensa sino en producir y consumir, y acercarnos a la sociedad donde lo que importa sea el hombre. Ese hombre hoy perdido pero no desaparecido. Hay que buscar al hombre en un nuevo humanismo, donde triunfe el amor, el afecto y el diálogo. Entre todos construyamos un nuevo y actual humanismo que confíe en nuestro porvenir, porque ello nos permitirá desterrar la miopía que padecemos con los países desarrollados de nuestro entorno.
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