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ALEJANDRO DE BERNARDO

La valla

4/ene/09 02:01
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Puede que esta historia no haya sucedido más allá de la imaginación de quien escribe. O puede que sí. Puede que sólo sea un reclamo publicitario o quizás el anuncio público de un amor imposible condenado a la pureza impoluta de lo platónico. Yo quiero pensar que sí. Quiero imaginar una relación más furtiva que imposible. No es imprescindible el cuerpo para querer. Para amar sólo hace falta sentirlo. Y fantasía. Y ternura. Y sensibilidad.

"Perdona, llegué tarde". Era el mensaje que aparecía -de manera sencilla pero bien visible- en una valla junto a la autopista nada más salir de Puerto de la Cruz, dirección Santa Cruz, a primeros de diciembre. Cada par de semanas el mensaje cambia.

Original el método. Limpio. Romántico. Especial. Único, como todos los amores.

Se me ocurre que el autor de los mensajes es un hombre. No me digan por qué. De cuarenta o más. Tampoco me pregunten. La conoció en la consulta médica a la que acudía con su marido. El cruce de miradas fue suficiente. Se amaron desde que se vieron. A pesar de que todo eran cuestas arriba.

Coincidieron varias veces más en la clínica. Las suficientes para que Nacho se diera cuenta que Malena tampoco era feliz. A pesar de lo cariñosa que se mostraba con su marido, del que no se separaba un segundo.

Una de las veces, también en la consulta, fue lo suficientemente hábil para dejarle entre los dedos un papel en el que -mientras simulaba completar un crucigrama- había escrito: "Los mensajes a la salida del Puerto son para ti".

En el rostro de Malena, cuando salió del baño, había de todo menos sorpresa. Ya lo sabía. Lo sintió desde que vio la valla a la semana siguiente de coincidir con Nacho en la consulta. Aquel "Creo que te quiero" no podía ser para nadie más. Por eso, cada jueves acompañaba a su marido. Por lo mismo que a Nacho no se le curaba aquella tendinitis que al principio parecía una nimiedad.

Una vez a la semana intercambian miradas, cada día comparten deseos, cada viaje de Malena es un brindis al amor puro -a destiempo- pero verdadero? Que cada cual continúe la historia como convenga.

El otro día recibí un correo que me pareció realmente extraordinario. Cuenta cómo una joven ciega se odia a sí misma y a todo el mundo por ser ciega. Bueno, a todos excepto a su novio, que la quiere mucho. Un día consigue un par de ojos sanos, la operan y consigue ver. Cuando lo hizo, el novio le pregunta si se quiere casar con él. Ella le dice que no porque se dio cuenta de que él era ciego. El novio, triste, lo comprende y se despidió de su vida. En su partida dejó esta nota: "Tan sólo te pido que cuides muy bien de mis ojos pues te los regalé y ahora son tuyos. Te amo".

Ya ven, imaginarias o reales dan lo mismo. Nos mueven los sentimientos, los deseos y el grado de generosidad y capacidad de amar que tengamos. Vayan desde aquí mis mejores deseos para este 2009 que acaba de comenzar. Que cada uno de sus días nos dé motivos para agradecer a quien sea la oportunidad de seguir viviendo. De seguir queriendo.

Feliz domingo.

adebernar@yahoo.es

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