COMO TODO TERRITORIO INSULAR, nuestras posibilidades son limitadas, no sólo a un territorio más o menos reducido, sino también a las actividades económicas y comerciales que este mismo nos puede ofrecer. Y como isla, parece que cuanto se refiere a nuestros puertos tiene carácter prioritario, pues por el mar nos vino siempre, antes de la invención del avión y de la era electrónica en que nos encontramos, desde gran parte de nuestros medios de subsistencia hasta la correspondencia y el periódico. Durante siglos el puerto ha sido lo primero y aunque ahora parece que otras son las prioridades, para mí sigue siendo eso, lo primero. Claro que en el discurrir de los años su importancia se ha ido concentrando exclusivamente en lo económico, pero hubo una época en que era mucho más, hasta el sitio de paseo predilecto del pueblo santacrucero en las tardes siempre cálidas y de refrescante brisa, como prolongación del que tenía lugar en la plaza de la Constitución, donde había hasta música por la banda municipal que durante años dirigió don Evaristo Iceta, actuaciones que compartía con aquellas otras de la plaza del Príncipe. Se iba a pasear por aquel murete alto flanqueado en la parte que daba al mar abierto por aquellos inmensos bloques donde se estrellaban las olas y en los que sobre todo en los días festivos aficionados y profesionales de la pesca, caña en la mano, se pasaban las horas muertas confiando que los pescados se decidieran a picar. Pero era también nuestro puerto punto de encuentro de todos los que iban a despedir a los que se iban de nuestra isla la Península, al extranjero o a las otras islas o a recibir a los que a ella llegaban, único medio casi de ponernos en contacto con el mundo, y allá se iba a despedir a quienes marchaban a, o a los que de esos puntos venían, y en la época de estudios allá nos encontrábamos los que durante unos largos meses cada año íbamos a permanecer fuera de casa, en Cádiz, Madrid, Barcelona, Salamanca, Santiago o donde hubiese universidad o escuela superior que impartiese aquellas enseñanzas, que eran muchas, que nuestra Universidad lagunera no abarcaba, ya que por entonces estos estudios se limitaban a Derecho y Ciencias Químicas, dos disciplinas tan sólo, y hoy al menos una cincuentena aunque parece que Bolonia va a poner un poco de orden y rigor a nivel europeo. La llegada y salida de los correíllos a las islas y los barcos a la Península, regulaba la vida de la ciudad y de la isla, aparte de las interminables filas de camiones llenos de fruta, piñas de plátano y cestas de tomates que hacían cola para ir descargando su carga en los barcos que la llevaban fundamentalmente al extranjero, especialmente a Inglaterra que hasta la nueva zona financiera de Londres lleva el nombre de "Canary wharf", por ser en aquella zona del puerto londinense donde atracaban y descargaban los barcos que venían con fruta de Canarias. Y hasta la canción más popular de las parrandas y fiestas bullangueras nos contaba que a lo mejor se quedaba sin gas la farola del mar. Y de "los platillos" salían las falúas cargadas de personas y bultos de todas clases, camino de San Andrés o Dios sabe qué puertito de allá abajo para el Sur de la isla. Y los días de fiesta grande se engalanaban los barcos y cantaban sus sirenas. La vida giraba en torno al puerto.
Por ello, cada vez que me llega el periódico a la Península o cuando veo cada día las ediciones electrónicas en el ordenador, suelo fijarme especialmente en alguna información del puerto o en si vienen fotos del mismo. Porque las variaciones son realmente espectaculares. Hay días en que el Muelle Dique Sur, que es como al menos entonces se le llamaba, aparece lleno de barcos, especialmente esas enormes naves turísticas que a veces hasta en numero de cinco lo ocupan todo, hasta otros en que no se ve ninguno y parece como si la fortuna nos hubiese abandonado, y al respecto me contaba hace muchos años mi cuñado Opelio Rodríguez, que uno de esos días de desolación un amigo suyo de Las Palmas en visita ocasional a Santa Cruz, le había preguntado, al ver el estado del puerto: "Qué, ¿lo están pintando?" Pero es que, además, parece como si la gente de Santa Cruz viviese ajena al muelle y hasta las autoridades del mismo parecen no prestarle excesiva atención, pues, hace unos pocos años, un periódico económico madrileño publicaba un amplio estudio acerca de los puertos de España, donde en la fase estadística quedaba revelado la enorme importancia que tenían y tienen en el concierto nacional los de Santa Cruz y el de La Luz en Las Palmas. La información estadística se completaba con una detallada relación de las obras que dichos puertos estaban realizando de cara al futuro, así como otros proyectos en estudio aún. Especialmente importante era esta información para los de Algeciras, Barcelona, Valencia, Bilbao, Cádiz. La Coruña y Gijón, y con sorpresa observé que del puerto grancanario apenas se decía nada, pero del nuestro de Santa cruz, ni se mencionaba. Escribí al periódico quejándome de este abandono informativo tan flagrante y me respondieron que la información aparecida de cada puerto era la que las autoridades de los mismos habían facilitado a la encuesta remitida oportunamente, y que del puerto de Santa Cruz de Tenerife, simplemente, no había llegado ninguna y así salió la información, sin la menor noticia.
Por ello, estos días me he visto muy gratamente sorprendido por una foto de una serie de grandes veleros que ocupaban todo el muelle, así como hace un par de semanas me impactó la insólita presencia de una enorme plataforma semisumergible de sondeos petrolíferos, con nombre tan espectacular como "Southern Cross" que había llegado a nuestro puerto desde Mauritania, donde se encontraba operando, para ser sometida a trabajos de revisión y mantenimiento que durarían unos pocos meses pues incluso se iba a pintar. Me ha parecido una magnífica noticia, pues no sólo puede significar una actividad industrial de gran interés para nuestra economía tan necesitada de alternativas a nuestra dependencia casi total del turismo como actividad económica, sino que representa como una especie de aldabonazo a aquellos que han tenido siempre como pésima noticia la posibilidad de que en las proximidades de Fuerteventura se encuentre petróleo. Esto que para cualquier pueblo, región o país del mundo sería como si le tocase el gordo cada día del año, es motivo de alarma y desolación para los llamados "ecologistas", preocupadísimos por si la explotación subterránea y subacuática del "oro negro" pudiese afectar a ciertas especies marinas, como si la especie por excelencia, el "homo sapiens", es decir, Vd. y yo y aquel señor sentado en la barra del bar, y aquella otra señora camino de la recova, hubiesen de limitarse para vivir a la simple depredación de otras especies vegetales y animales y no hacer uso de su superior inteligencia para buscar otros caminos para sobrevivir. Lo que ha cambiado la vida de países enteros como Venezuela, tan grato antes a los canarios, especialmente a los tinerfeños, o las islas de Trinidad-Tobago (ejemplo clarísimo de lo que hay que hacer), o Libia, Irán, Irak, Arabia Saudita, países islámicos que tienen poco menos que controlada la economía mundial, extremismos ideológicos aparte, todo eso que representa el petróleo, ha de abandonarse, dicen estos señores. Y es que nos hemos vuelto muy exigentes y exclusivistas. No queremos que en nuestro entorno se instalen instalaciones de tratamiento de basuras, pero sí en el del vecino. Queremos gastar más energía eléctrica que nadie, pero, eso sí, que no nos estropeen el paisaje con esas torres metálicas, aunque estamos dispuestos a llenar los montes de esos inmensos molimos de viento, o muestro escaso suelo cultivable de gigantescos paneles de emergía fotovoltaica que cuesta el triple de la de las centrales de Unelco. Queremos que nuestros coches anden, pero, eso sí, que sean otros los que tengan las refinerías. Vamos, lo que se llama "solidaridad". Menos mal que nuestro presidente ha decidido coger el cuerno por los toros y definir de una vez por todas la mediana nuestra con Marruecos, lo que encauzará la posible futura explotación del maná que el Señor nos envía en forma de petróleo.
Porque es evidente que los canarios somos capaces de salir adelante en este mundo tan turbio que nos está tocando vivir, solos o acompañados, y siempre con la ayuda del Señor. Como se ha puesto de moda decir: Yes, we can! ¡Y vaya que sí podemos!
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