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Cartas al Director

4/ene/09 02:01
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Franco vs Zerolo

Domingo, 28 de diciembre, tras almorzar salgo a regar las macetas a la puerta de mi casa. La calle parece un desierto, la ciudad vive la siesta dominical, consecuencia de muchas fiestas y excesos. Pasa un coche y para frente a mi casa. Reconozco desde el primer momento que son "giris", no pueden pasar desapercibidos. Todo lo indica: coche con adhesivo de Avis, gorras con viseras, caras de extraviados, la copiloto (una mujer) con callejero en mano.

Soy su salvación, la única persona a la vista. En un español entendible me preguntan: ¿Por favor? la calle General Goded? Les informo de que se encuentran en ella. Me miran extrañados y el hombre dirige su vista al cartel que está sobre mi cabeza, y lee en voz alta calle El Perdón y vuelve a consultar su callejero de mano. Se ríe y responde: ¿Día de los Inocentes?

¿Quién es más franquista? ¿El general Francisco Franco o el general Zerolo que cambia las cosas por Decreto? Ahora todos a cambiar callejeros, tarjetería, direcciones en documentación, rótulos de calles? por orden del "Sr. Arcarde".

Francisco Concepción

Actuaciones judiciales

La magistrada del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número dos de Santa Cruz, doña Matilde Rocío Flores Esquivias, ha dictado un auto denegando la ejecución de la sentencia que obliga a trasladar el Rastro que se halla en las inmediaciones del Mercado Municipal. En este auto, su Señoría hace gala de una compasión, misericordia, conmiseración y benevolencia dignas de elogio, al tratar de evitar que se le ocasionen a muchísimas familias unos perjuicios económicos difícilmente cuantificables y de difícil reparación. Es encomiable su preocupación por esas personas. Sin embargo, esta actitud tan comprensiva no es la misma que mostró cuando, sin un ápice de ecuanimidad, ordenó insistentemente la demolición de nuestra casa. Entonces no tuvo en cuenta que a nosotros, aunque seamos una sola familia, también nos ocasionaba unos perjuicios económicos muy grandes (seguimos pagando la hipoteca de la casa), así como unos daños morales y psicológicos de difícil reparación. Qué lástima que la justicia no actúe igual en todos los casos, y más si tenemos en cuenta que el daño que desmesuradamente se nos ocasionó era infinitamente mayor que el beneficio conseguido, si es que realmente hubo alguno, como no sea el de haber satisfecho el capricho de una persona para tener mejores vistas. Nosotros, cada día que pasa, estamos más convencidos de la inutilidad y crueldad patentes en el procedimiento relacionado con la demolición de nuestra casa.

Los propietarios de la Casa Roja

de Residencial Anaga

Pedro Díaz Domínguez

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