ES una frase que forma parte del tema musical del grupo Mecano, en el que hace referencia al final del año y a la tradicional fiesta que se organiza ante el reloj de la Puerta del Sol en la capital de España.
Por estas fechas, todos hacemos acopio de recuerdos y experiencias vividas durante el año que termina, y pedimos que el que empieza nos traiga mejores sensaciones y mayores alegrías. No solemos conformarnos con lo que tenemos, sino que aspiramos a más. Ambición que, por otro lado, no deja de ser sana, si la equilibramos mirando a nuestro alrededor y valorando que, lo que tenemos, no es poco comparado con las posibilidades de muchos de los que nos rodean.
Es tiempo también de buscar ratos de reencuentros con aquellos con los que durante el año los momentos de coincidencia son bien escasos. E incluso con quienes han pasado más de doce meses sin vernos. Sin ir más lejos, hace pocas jornadas, uno tuvo la oportunidad de revivir algunos recuerdos con ese grupo de amigos con los que se ha distanciado en lo físico. Ese grupo que tiene especial relación con esta columna por aquello de su título, La Enredadera. Momentos de recuerdos, de confidencias, de nuevos proyectos.
En el deporte que suele ocupar este espacio, la revisión de los acontecimientos no guarda relación directa con estas fechas. Las temporadas abarcan meses de dos años naturales y, por consiguiente, el balance de lo bueno y de lo malo, suele presentarse más equilibrado. Algo lejos queda el final de la temporada anterior como para hacer referencia a ello y los equipos están inmersos en sacar adelante el proyecto actual.
Es por ejemplo el caso del Socas Canarias. El 2008 lo recordarán como otro año de crecimiento social que les va acercando cada vez más a ese lugar de referencia que tuvo el equipo de San Benito hace ahora casi dos décadas. Sin embargo, el último mes del año les está trayendo algo de desilusión y sus expectativas parecen haberse estabilizado. Los deseos para el año que empieza vuelven a estar centrados en mantener la categoría y, de manera urgente, tratar de poner freno a esa crisis de resultados que les persigue.
En el Tenerife Rural, la carta a los Reyes Magos tampoco difiere mucho en el contenido. A mitad del año que está finalizando, dieron un espaldarazo mediático considerable al estar a punto de alcanzar ese sueño del ascenso. El verano, y esa buena sensación de final de liga, hizo que apostaran por un proyecto algo más ambicioso para, cuando menos, estar con las mismas opciones en la nueva temporada.
El curso, en septiembre, empezó bien, pero ahora parece haberse debilitado. Los contratiempos surgidos, en forma de algún resultado adverso que no estaba en el guión, sumados a la salida, de forma inesperada de la plantilla, de su jugador más valorado y a la preocupación que otorga el ver que la presencia de aficionados en las gradas del Santiago Martín no se corresponde con la buena clasificación que hasta el momento ocupa el equipo, hacen que el Club le pida, a este 2009 que empieza, algo más de estabilidad y de regularidad deportiva. Que el nuevo refuerzo, Pat Carroll, encuentre en el equipo la continuidad que no tuvo en sus experiencias anteriores en España tanto en Sevilla, como en Alicante y en Santiago. Y que el aficionado entienda que la razón del esfuerzo que hace la entidad va directamente relacionada con el respaldo, al menos visual, que se tenga desde la grada.
De forma más personal, no puedo terminar la última columna del 2008 sin mostrar mi sincero agradecimiento a quienes siguen confiando en que este espacio siga estando ocupado por quien escribe. A ellos, la mayor de las gratitudes, y, a todos, mis mejores deseos de salud en el nuevo año.
Entrenador Superior de Baloncesto
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