SIMONE de Beauvoir señaló: "No quiero que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas", una premonición que aventuraba el papel social determinante que en el tiempo que nos ocupa desempeña la mujer como ser pensante, autónomo y dueño de sus actos. El poder aquí se interpreta como capacidad de decisión en función del intelecto y no desde el prisma de la sutileza y el ascendente de la condición femenina. En este sentido, el Ejército español es el más avanzado de todo el entorno europeo al permitir la incorporación de la mujer a todas las unidades, incluidas las de primera línea de combate, convirtiéndose en el segundo de Europa, detrás de Francia, con mayor presencia de personal femenino, dato relevante si tenemos en cuenta que el acceso a las Fuerzas Armadas se produjo hace apenas veinte años, cuando aún no teníamos leyes de paridad ni ministra de Igualdad.
El hermoso y tradicional desfile del 12 de octubre muestra cada año, ante los ojos de los españoles, el orgullo marcial de una tropa antigua y moderna a la vez. Antigua como la milicia y moderna como la Constitución. Un desfile en el que cada año participan más mujeres. Fue la Carta Magna de 1978 la que consagró los cambios legislativos necesarios para activar el acceso de la mujer al Ejército español. Hoy, a finales del 2008, las Fuerzas Armadas Españolas (FAS) resultan homologables a las de cualquier fuerza europea, participan con tecnología y efectivos en misiones internacionales y reciben por ello la gratitud de la población local en Bosnia, Líbano o Afganistán. Pero el camino hasta llegar aquí ha sido largo, y ha estado punteado de algunos hitos fundamentales. Hay que recordar que en aquellos años la mujer se alistaba en una empresa de hombres y que incluso las instalaciones no estaban preparadas para sus necesidades. Fue necesaria una ley que igualara la carrera militar entre ambos sexos y, desde entonces, ningún destino está vetado para las féminas.
La primera mujer que pleiteó con las Fuerzas Armadas, en 1987, fue una aspirante a ingresar en el ejército del Aire, Ana Moreno, que con apenas 17 años, quería ser piloto y ella y su "causa" saltaron a las portadas de los periódicos. Su solicitud no presentaba impedimento aparente, pues pedían ser española y tener menos de 21 años, pero no la aceptaron alegando, primero, que no había legislación que obligara a tener mujeres y, más tarde, por cuestiones de índole física. A partir de ese momento se sucedieron los recursos hasta que el Constitucional le dio la razón, pero la aspirante ya había descartado la opción militar. Al año siguiente, en 1988, el número de mujeres que formaron filas en los ejércitos fue de 17, repartidas entre los Cuerpos de Ingenieros de Armamentos y Construcción, que junto con los sanitarios y administrativos eran los únicos a los que se podía acceder en ese primer momento. Otro de los asuntos que más polvareda ha levantado dentro y fuera de los acuartelamientos ha sido la conveniencia de que la mujer entrara en combate en caso de conflicto. Para dar cumplimiento al principio de igualdad establecido en el artículo 14 de la Constitución se promulgó el Real Decreto Ley 1/1988 por el que se regulaba la incorporación paulatina de la mujer a las Fuerzas Armadas. El 29 de abril de 2003 llegó el Protocolo Específico entre el Ministerio de Defensa y el Instituto de la Mujer para el desarrollo de políticas de igualdad en materia jurídica. Esta iniciativa llega tras la firma de un Convenio Marco, rubricado en 2001, por el que Defensa y el citado Instituto tuvieron a bien comenzar un proceso de colaboración para promover actuaciones a favor de la integración de la mujer en las Fuerzas Armadas. Fue el impulso que se necesitaba y más de 8.000 se alistaron entre 1999 y 2002.
En el año 2005 se creó el Observatorio de la Mujer en las FAS, que busca favorecer la integración y la igualdad con medidas como la instalación de guarderías en los centros militares o la futura confección de uniformes específicos para mujeres, todo un símbolo de modernización del Ejército español, el cual garantiza la plena igualdad de oportunidades en el acceso (sus pruebas de aptitud física son específicas), teniendo en cuenta en este proceso y ya como militares «sus particularidades biológicas relacionadas con el embarazo, parto y lactancia. En estas situaciones la mujer desarrolla su labor en un puesto adecuado a su estado, con permisos de maternidad», también de paternidad, "en caso de parto o adopción". Al periodo de lactancia se pueden acoger también ellos, contando unos y otras con una hora diaria, mientras que las excedencias para atender al cuidado de los hijos pueden prolongarse hasta un máximo de tres años.
Desde legionarias hasta artilleras, aunque muchas trabajan en despachos, las mujeres están ya presentes en todas las unidades: desde las consideradas de elite hasta las de combate, como pilotos y artilleros. El único cuerpo donde la proporción de mujeres es similar o supera ligeramente al de los hombres es el denominado de Cuerpos Comunes, en el que se exige contar con estudios superiores, prioritariamente en alguna especialidad de Ciencias. Se da la particularidad de que en el Regimiento Tenerife 49 hay una oficial de empleo capitán que posee uno de los diplomas más duros de la formación de perfeccionamiento en las Fuerzas Armadas: el diploma para el mando de Unidades de Operaciones Especiales, popularmente conocido como "guerrilleros" o boinas verdes.
Le pese a quien le pese, la incorporación de la mujer al Ejército español se está produciendo a paso ligero. En el Ala 12 de la base aérea de Torrejón en Madrid, una de ellas ha conseguido el número uno de su promoción en el curso de caza y ataque, por lo que pilotará los F-18 del ejército del Aire y es una de las tres mujeres en España que puede pilotar estos aviones. Una media de dos al año ingresan en la Academia General del Aire murciana, lo que ha originado que ahora mismo sean nueve las mujeres en la escala superior del Ejército del Aire. A finales del año pasado, Esther Yánez se convertía en la primera mujer en la historia de la Armada española en capitanear un buque de guerra: una patrullera. El Ejército español, por tanto, se está feminizando, por lo que fuentes del Ministerio de Defensa aseguran que esta situación se consolida ya que la cuarta parte de los alumnos de las academias militares, y por tanto los futuros oficiales, son mujeres.
El máximo rango alcanzado hasta el momento por una mujer es el de comandante, se trata de Pilar Hernández, de la Unidad Militar de Emergencias (UME), que ascenderá a teniente coronel el año que viene. La mujer no accede a los Ejércitos y la Armada hasta 1988, y dado que la carrera militar tiene como condición para ascender la antigüedad en el empleo, no será hasta el 2016 cuando podamos contar con la primera fémina general de brigada. Será un hito en el que habrá que recordar que las mujeres han tenido sus dificultades para acoplarse a un mundo históricamente masculino, con problemas de relación con sus compañeros y sometidas a grandes presiones. Pero su tenacidad, constancia e ilusión les han permitido romper moldes, conciliar la vida familiar con las maniobras, vivir el alejamiento de sus hijos al estar desplazadas en misiones de paz y cambiar la forma en que la sociedad las ve.
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