DECIRLE a cada cual lo que cada cual quiere oír es una forma corriente, aunque vulgar, de salir del paso. Ocurre, empero, que esta táctica de contentar a todos termina por enfadar a todos; es decir, por no contentar a nadie. Nada de esto parece importarle a Zapatero, que le ha ido prometiendo a cada uno de los presidentes de comunidades autónomas a los que ha recibido -la cita con Paulino parece que será después del Día de Reyes; es decir, una vez concluida la Navidad- lo que cada uno de estos políticos puede vender mejor en sus predios de Taifas.
Pido disculpas por las reiteraciones del texto incluidas adrede en el primer párrafo, pero es que algunas cosas ya no sólo cansan; aburren. Hace tiempo que nos dicen desde esa Europa a la que tan pretenciosamente pertenecemos que la España de las autonomías no es viable tal y como la pretenden algunas de esas autonomías, con perdón de nuevo por insistir en una sintaxis repetitiva. El mundo actual, querámoslo o no, es global. Sobra recordar, porque la noticia aún es reciente y el asunto continúa siendo noticia, que las trampas de un gestor de fondos neoyorquino ya no afectan, como ocurría antes, sólo a los millonarios de la Quinta Avenida. Ahora caen todos, hasta Almodóvar el progre. Y en un mundo global, la economía es de escala planetaria o deja de ser. Sin embargo, aquí nos regocijamos en compartimentar España en diecisiete territorios cada vez más incomunicados política, social y económicamente. "Ya es imposible iniciar un negocio en la Comunidad Valenciana si no eres de allí", me comentaba el otro día un empresario madrileño. "No hacen nada ilegal, pero te hunden". Lo mismo se oye decir -desde hace tiempo, por cierto- de Cataluña donde hablar español es un delito, y más recientemen te de Galicia donde va camino de serlo. La consecuencia es un país con la productividad más baja de Europa. Situación que mejoramos en Canarias, al ostentar en este momento el honorable mérito de tener la productividad más baja de España. La cola de la cola, por no decir algo peor.
La única que se da cuenta de todo esto es una mujer; una Rosa -Rosa Díez, socialista demasiado cansada de Zapatero para esperar una progresía mejor- capaz de florecer en un estercolero político donde apesta la mentira perpetua de un Gobierno embaucador, y asquea la pestilencia de un PP instalado en la mediocridad de la oposición condescendiente, porque a Rajoy no le importa el futuro del país siempre que esté a salvo el suyo propio; es decir, con tal que el presidente no deje de invitarlo, de vez en cuando, a la Moncloa. Allí, como hace con los presidentes periféricos, Zapatero también le dice con voz hipnotizadora lo que quiere oír. Y sale don Tancredo Mariano más contento que un niño con zapatos nuevos. Y vuelta a empezar.
Eso sí, como la política debe tener, al igual que las buenas historias de ficción, ciertos anclajes con la realidad para que resulte mínimamente creíble, el señor Rodríguez Zapatero ha tenido la deferencia -qué detalle el suyo- de anunciarnos que la destrucción de empleo comenzará a frenarse en la segunda mitad de 2009. ¿Y hasta entonces qué? ¿Pero iba a ser esta la legislatura del empleo?
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