COLPISA, Madrid
El jefe del Ejecutivo cerrará su propuesta sobre financiación sin haber recibido a todos los presidentes autonómicos. El Gobierno tiene previsto remitir a las autonomías un documento con los ejes básicos del nuevo sistema en los próximos días, muy posiblemente antes del miércoles. Así, cumplirá el compromiso que adquirió con Cataluña tras ignorar en verano el plazo límite del 9 de agosto de 2008 fijado en el Estatut.
Ocho jefes de gobierno regional se quedarán sin su cita en La Moncloa. El Ejecutivo considera, no obstante, que a lo largo de los últimos seis meses ha celebrado alrededor de setenta reuniones con todas las autonomías y que el asunto ha sido suficientemente debatido entre los responsables económicos de cada administración.
A lo largo de esta semana, Zapatero ha recibido a siete presidentes. Los siete que podrían haberle planteado mayores problemas. La primera cita, casi obligada, fue con el catalán, José Montilla. La presión interna a la que ha tenido que hacer frente en los últimos meses el líder del PSC amenazaba con estallar y alcanzar al Ejecutivo central. De ahí que Zapatero, aún consciente de que el acuerdo definitivo sobre el nuevo sistema no podría cerrarse hasta finales de enero, optó por escenificar su voluntad política y su implicación personal en la consecución de una financiación adecuada para Cataluña. La "Generalitat" ya prepara el terreno para un "sí" y ha empezado a vender la idea de que su "guión" para cambiar al modelo se está cumpliendo al dedillo.
El problema fue que el encuentro con Montilla activó las alarmas de distintas comunidades. Zapatero las apagó en cadena mediante una táctica calculada. Primero se reunió con Manuel Chaves, presidente de Andalucía, la comunidad más poblada de España y también del PSOE. En su día Chaves se mostró partidario de aparcar la reforma del sistema hasta que amainara la crisis económica, así que era importante ganarle para la causa.
Estrategia
El PP se echó encima del jefe del Ejecutivo por dar un trato exclusivo a dos de los suyos. Así que lo siguiente que hizo Zapatero, el pasado lunes, fue llamar a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y desactivar a la oposición. Después de que se quedara "encantada" sólo restaba neutralizar al otro gran barón autonómico popular y el miércoles, poco antes de Nochebuena, recibió al valenciano Francisco Camps, que tampoco expuso críticas. Pero antes tuvo que hablar con tres de sus hombres, justo los tres que presiden comunidades con características muy diferentes de las de Cataluña, Madrid o la Comunidad Valenciana.
A Emilio Pérez Touriño, el gallego, le contentó con un regalo que le servirá en su campaña electoral para los comicios regionales del próximo mes de marzo: la "alta probabilidad" de que el nuevo sistema compense a las comunidades con lengua propia por el coste adicional que supone la preservación del bilingüismo. El extremeño, Guillermo Fernández Vara, se mostró satisfecho de que se contara con él para "construir" el modelo; el asturiano, Agustín Álvarez Areces, se aferró a que la dispersión se introducirá como factor corrector de un sistema que sobre todo otorga recursos en función de la población de cada comunidad autónoma; y subrayó que se perseguirá la cohesión territorial, a pesar de que la igualdad en la prestación de servicios (tarea del fondo de nivelación) sólo se aplicará, como siempre quiso Cataluña, a sanidad, educación y servicios sociales y no al resto de competencias.
Si los presidentes de Aragón, Murcia, Castilla-León, Castilla-La Mancha, Cantabria, Baleares, Canarias o La Rioja tenían algo que decir personalmente al jefe del Ejecutivo tendrán que esperar, a menos que lo hagan por teléfono. Juan Vicente Herrera, el castellano-leonés, ya lo hizo el pasado domingo.
El presidente del Gobierno ya está de vacaciones en Doñana y, según las previsiones oficiales, no estará de vuelta en La Moncloa hasta el 2 de enero.
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