EFE, La Habana
El presidente de Cuba, Raúl Castro, encabezó ayer la segunda y última sesión de la Asamblea Nacional en 2008, en el cierre del año en que asumió oficialmente la jefatura del Estado y que termina con malos augurios para la economía.
Sentado al lado del sillón vacío que solía ocupar su hermano, el ex presidente Fidel, el general Castro asistió a la presentación de los balances y pronósticos de la economía cubana, fuertemente golpeada este año por el paso de tres huracanes por la isla en los últimos meses.
Raúl Castro y la cúpula del Gobierno al completo escucharon el informe del ministro de Economía, José Luis Rodríguez, quien pronosticó un crecimiento del 6 por ciento para 2009, tras acabar el presente ejercicio en el 4,3.
A pesar de que la cifra no alcanzó el 8 por ciento previsto, en el que es el segundo incumplimiento consecutivo de los objetivos de la economía insular, Rodríguez calificó el balance de este año de "discreto resultado positivo".
El pronóstico para el año próximo se hizo en base a un "alto nivel de incertidumbre" y teniendo en cuenta la mayor complejidad de la situación internacional, según explicó el también vicepresidente del Consejo de Ministros.
"Se avecinan tiempos de esfuerzo y de combate sin tregua frente a las dificultades, empezando por nuestras propias insuficiencias y errores", sentenció Rodríguez, al adelantar que habrá que reducir el gasto para adecuarlo a los ingresos.
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