¿Se han dado Vds. cuenta de lo que pasa cuando las dictaduras terminan? Las dictaduras de verdad, no las que resultan de una guerra civil, como la nuestra, en que el bando triunfante es el que se convierte en dictador, bando que en nuestro caso era el 50% al menos del país. No, esas, no. Las otras. Por ejemplo, tomemos a los alemanes de después del 45 en que perdieron la guerra y vieron el territorio ocupado por tropas extranjeras durante años. Cuando fui allá por primera vez, por el año 51, todavía estaban las fuerzas extranjeras con el pie y algo más allí dentro, si bien los ocupantes se dividían en "buenos", como eran yanquis, ingleses y franceses, importantes en esa progresión decreciente, y en el "malo", que era el ruso, que había pasado de amigo triunfante a enemigo declarado. Fíjense si hará tiempo que ni siquiera existía el "muro de Berlín", ya desaparecido, no se había inventado aquello de "Ich bin ein Berliner", que dijo JFK, se podía pasar en metro a la parte "roja" y al lado de la puerta de Brandenburgo había como de vigilancia permanente un enorme tanque ruso con su guardia armada, como decenios después lo vi en la plaza de San Wenceslao, en Praga, país que había pasado de "malo" a "bueno" pero allí seguía el tanque, ya sin guarda alguna, como recuerdo de un pasado que, al parecer, no era muy del agrado del pueblo polaco.
Pues en aquel Berlín y en aquella Alemania, laboriosa y sacrificada que estaba rehaciendo un país destruido por los bombardeos luego salvadores, no había forma de encontrar a un "nacionalsocialista", a los que ahora gusta a unos bien definidos en llamar "nazis". Porque resulta que el partido había ascendido al poder de la forma más democrática posible, mediante elecciones populares, si bien una vez en la piedrita no hubo forma de hacerlo bajar. Pero el tal partido representó en los primeros años 30 la esperanza para un pueblo que había perdido la guerra anterior y llevaba lustros en luchas políticas tribales y partidistas hasta que alguien les hable de la gran patria alemana, el "Deutschland über alles" de su himno de siempre, como De Gaulle hablaría de "la grandeur de la France". Pues, cosa rara, de aquellos millones de alemanes del partido de Hitler resultó que no quedaba ni uno que llevarse a la boca. ¿Dónde estaban los millones de antes? Me imagino que preferirían ni pensarlo ya que, entre otras cosas, les echarían la culpa no quizás de la guerra pero sí de la triste situación en que se hallaban. Por ello, lo mejor era no identificarse y hacerse el sordo.
¿Y qué me dicen ustedes de los fascistas de Mussolini? No creo que haya habido en el mundo muchos políticos tan queridos en su país como en Italia lo fue Benito Mussolini, periodista entre otras cosas, parlamentario también, con su partido de camisas negras, las célebres "camise nere" (como luego los alemanes se inventaron las pardas y antes los comunistas las rojas, hasta en las corbatas, como aquella que lucía el Sr. Montero, que me examinó de Matemáticas en 4º de Bachillerato el 36), los fascistas de la marcha sobre Roma, los grandes desfiles en un país al que desde Gabriele d'Annunzio se supo darle un algo por lo que luchar, con la conquista de Abisinia, de parte del Norte de África y con un rey transformado nada menos que en emperador. Pues cuando empecé a tener que viajar a Italia también por el año 51, sucedía lo mismo que en Alemania: no había ni un fascista, que entonces no tenía el carácter insultante y negativo de ahora. De no haber perdido la guerra, el resultado sería seguramente el inverso. Pero a poco que se hablase, sí que había no ya fascistas, sino antiguos miembros de aquel partido, de lo que se sentían orgullosos, aunque a su gran jefe después de fusilado, junto a Clara Petacci y una docena de jefes, los colgasen a todos cabeza abajo del techo de una gasolinera en la Piazza Loreto milanesa, lugar al que entonces no te solían llevar porque parecía como si se avergonzasen de lo que hicieron. Hoy ya ni se habla de ello, lo han olvidado.
Y me viene esto a la mente a propósito de la ministerial, democrática y parlamentaria Memoria Histórica, ya que, para muchos, la inmensa mayoría, es hablarles de cosas que desconocen, aunque las escenas dolorosas son innumerables, pero por ambos lados. Por aquellos años de guerra civil yo tenía algo más que uso de razón y sí que me acuerdo de algo, dentro de lo limitado que uno podía saber cuando sólo estaba a la mitad del Bachillerato, lo que coincidió justo con el final de la guerra. Y ¿llevaba Vd. camisa azul?, preguntará quizás alguno de mis posibles lectores ¿Y quién no?, le respondería yo. La verdad es que no la llevé mucho y eso por culpa de los estudios. Claro que durante ellos la podía haber llevado ya que algunos estudiantes entonces, y otros muchos hoy, han hecho de la política y de la defensa de sus supuestos o reales intereses un método y una forma de vida. Por la edad me hubiese correspondido ser del llamado Frente de Juventudes, algo así como las Juventudes Socialistas, pero nunca lo fui, ni en mi familia tampoco fue frecuente, tanto en la de aquí como en la peninsular. Por el contrario, mi luego cuñado, el inolvidable Opelio Rodríguez, sí que era de "Los Exploradores", los famosos "Boy Scouts" de Sir Robert Baden-Powell, institución que en España desapareció como por encanto sin que a nadie pareciese importarle demasiado. Nunca fueron esos exploradores del Callejón de la Amargura muy simpáticos en general, y cuando desfilaban o iban simplemente en grupo a sus excursiones, o a lo que fuese, les cantaban aquello de: "Exploradores, niños mocosos / que con el palo hacen el oso, / con las mochilas y el correaje / parecen burros que van de viaje". El llamado Sindicato Español Universitario (SEU) era realmente cosa de Universidad y rival de la FUE de los socialistas, pero como las Universidades estaban cerradas por la guerra se extendió la organización a la enseñanza secundaria y así fui de los primeros en pertenecer a ella y formar parte del "grupetto" director, donde el luego malogrado catedrático de Derecho Civil Antonio Martín, mi vecino de calle, ocupaba una posición destacada y donde Juanito Bouza fue el verdadero líder; mi precoz colaboración se redujo a la creación de una biblioteca que se instaló en unas reducidas oficinas ubicadas en la Logia de la calle San Lucas, de Santa Cruz. Nunca participé en acto político conmemorativo alguno y he contado en alguna ocasión que hasta me "detuvieron" por unas horas por no hacerlo debidamente en uno de ellos.
De aquellos años guardo una foto de cuando estudiábamos 6º de Bachillerato en La Laguna. En la foto, hecha en el Juego de los Bolos, frente a la estatua de Tabares-Barlet por el compañero Ignacio Rivero Mesa, figuramos 25 de los 26 que entonces lo cursábamos, ya que faltaban unos cuantos que tenían ya 19 años y estaban movilizados. Pues bien, de esos 25 seis llevábamos camisa azul, floja proporción. Al año siguiente terminamos el Bachillerato y me tocó la ida a la Península. La dureza entonces de una oposición de ingreso que duraba varios años, la carrera luego con severas exigencias monetarias familiares en un mundo en que las becas no existían aún, que me obligaron a trabajar dando clases para sufragar mis estudios, la terminación de la carrera y el empezar a trabajar, todo en un plazo de una docena de años en el que sólo se pensaba en trabajar. Y la famosa camisa azul, ¿dónde fue a parar? Eso me pregunto yo: ¿Me hizo falta para algo? Los que no teníamos otro patrimonio que la inteligencia que Dios nos quiso dar y una ilusión por ser algo en la sociedad, teníamos un camino al menos claro: estudiar, trabajar. Y no otra cosa he hecho en mi vida, con la ayuda de mi mujer. ¿Camisas rojas, pardas, azules, verdes? Hasta descamisados ? Quizás la afiliación a un color fuese válida para aquellos con honestas ambiciones políticas, una enorme minoría en todo caso. El resto, a trabajar, con la ayuda del Señor y por el tiempo que Él crea oportuno.
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