No es al agua bendita a la que me refiero, se lo aseguro. El día de Navidad no hay periódicos, pero como es jueves me toca escribir. Repaso la prensa -del día anterior, Nochebuena, claro- y me encuentro con unas declaraciones del obispo de la Diócesis Nivariense, Bernardo Alvarez, en las que afirma que "las uniones de los católicos divorciados no son válidas".
Si yo fuera el lector, tras un obligado silencio, volvería a leerlo: "Las uniones de los católicos divorciados no son válidas"? (piensen que en los puntos suspensivos va un taco suave, similar a: ¡no te jode!). Hace mucho tiempo que el obispo tinerfeño dejó de parecerme una persona adecuada para el cargo que desempeña y sigue empeñado en confirmar mis pareceres. Al fin y al cabo, este es un artículo de opinión y no esconde ni pretende ocultar la subjetividad de quien lo firma, poco temeroso a estas alturas de aquel "con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho".
En más de una ocasión me he manifestado creyente, pecador -aunque procuro evitarlo sobre todo en algún mandamiento- y poco practicante. En lo de poco practicante reparto un sesenta por ciento a la propia desidia y el otro cuarenta a los representantes de la Iglesia que bien les vendría un asesor de imagen, relaciones públicas o gabinete de prensa. Es una pena, pero es así, que entre uno en la iglesia que sea y que todavía haya curas con discursos de la época de las misas en latín? Cierto es, y me consta, que también los hay comprometidos con los problemas sociales del entorno, que canalizan a través de su parroquia un montón de ayudas y mejoras para la feligresía, que fomentan la convivencia cristiana y el amor al prójimo. Esa sí es una forma de extender la fe.
Volviendo a lo del obispo, del que no se me han olvidado -ni se me olvidarán nunca por mucho que quiera- aquellas declaraciones en las que hablaba de las tentaciones de los menores a las que se tenían que sobreponer los "castos sacerdotes"? Es que me ripio. Y ahora sale con que las uniones de los católicos divorciados no son válidas? Pero, ¿de qué va este seño, digo ¿monseñor?
La pregunta del periodista era esta: ¿Qué les diría a los católicos divorciados que desean volver a casarse y opinan que ya es hora que la Iglesia comprenda su situación? Respuesta: "Esa forma de pensar refleja la subjetividad de las personas, que nos lleva a desear que las cosas sucedan a nuestro modo y buscamos una religión a la carta? la persona se convierte en el centro y en el metro de las cosas. Todo tiene que estar a su medida y según le conviene. Es una mentalidad hedonista, donde el espíritu de sacrificio no está presente? Si una persona busca que la Iglesia se acomode a su situación personal, se equivoca. Los principios del Evangelio son estables porque son aquellos que garantizan el desarrollo pleno de las personas. Los católicos debemos defender un modelo de familia cristiana, sin dejarse llevar por el ambiente que impera".
Así es que, señor obispo, el que haya católicos divorciados que quieran volver a casarse por seguir dentro de la Iglesia es subjetividad de las personas, es querer que la Iglesia se adapte a la situación personal? y no sé cuántas lindezas más. ¿Sabe cuántos cristianos viven en esta situación -de pecado supongo- de separados y divorciados conviviendo con otras parejas y a las que usted les niega el derecho a pertenecer a su Iglesia?¿Hablamos de una situación personal o de muchas personas en esa situación? Si Jesucristo es el modelo? ¿no defendió por encima de todo el perdón, el amor verdadero, los sentimientos puros?, ¿no atacó sin contemplaciones a los fariseos llamándoles nido de víboras, sepulcros blanqueados? aludiendo a la falsedad de su apariencia? ¿Cree que no bendeciría las uniones de divorciados, separados o ingratos pecadores previos, por el único motivo de haberse equivocado al formar la primera, la segunda o la tercera? pareja? Si no recuerdo mal, cuando le preguntaron cuántas veces se tendría que perdonar, si hasta siete veces? respondió: "Cómo que siete? hasta setenta veces siete, si hiciera falta".
Desde luego, la Iglesia siempre ha ido muy por detrás de la sociedad. Por eso -hoy ya sin miedos al más allá, al más acá, a los castigos divinos?- están como están de vocaciones. Por eso no se mete a cura ni dios. Porque en lugar de meterse en la sociedad para guiarla desde la comprensión, la generosidad, el sacrificio y el ejemplo propio se obstinan en mantener y dictar normas anacrónicas como la que nos ocupa, o estar en contra del uso del preservativo y la planificación familiar: prefieren que la gente se muera y mate por contagio, o que se llenen de hijos, aunque luego se mueran de hambre. ¡Ah! Yo también soy de esos pecadores; si cambia de parecer, avíseme, a mí también me gustaría tener derecho a un desarrollo pleno como persona. Y si no, tampoco se preocupe mucho, no me importa seguir subdesarrollado respecto a los principios estables del Evangelio. Y, al contrario que usted, creo que la persona ha de ser el centro y el metro de las cosas. Faltaría más. Anda que si era una inocentada y he picado?
Feliz domingo y feliz 2009
adebernar@yahoo.es
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