Lo que ha pinchado es la globalización financiera, no la comercial. A la vista está que el modelo implantado en el planeta para la intermediación en cuestiones de dinero era y es ineficiente, no riega por donde tiene que regar, se chupa demasiado, las gotas son turbias y se sale el agua por donde no debería salirse. Un desastre y, como la autopista del Sur, el barranco de Santos, Las Teresitas?, está en obras & reparaciones. Esperemos mayor agilidad y éxito.
Los escándalos generados en el Imperio no han hecho más que poner de manifiesto un grave problemón de inseguridad, de cuento y de ficción especulativa, del que todos los gobiernos del mundo, incluido el americano, han tomado buena nota. Las reformas y los apuntalamientos están en marcha, más controles, más vigilancia, más autorregulación, más garantías? lo que sin duda generará a medio plazo más diferencial con respecto a los interbancarios de cada zona. Como pasaba en EEUU, sin que todo esto sucediera, tres puntos de diferencial y a tomar viento. El precio oficial y al mayor del dinero bajará a corto, pero cuando hace un año se negociaban en Europa diferenciales con respecto al tipo de referencia de un punto, a partir de ahora lo impondrán a dos o a más. ¡Pague las reformas!
El mecanismo "money" funcionaba mal, muy mal o extremadamente mal y la desconfianza es fundada, pero el costo de la nueva construcción tendremos que abonarlo a plazos.
Por el contrario, la globalización comercial parece que es algo "no puesto" en la palestra de las dudas. Los países o las zonas que optaron y han optado por aislarse retroceden y se estancan sin remedio. Es un hecho probado. Para la mayor parte de "entendidos" y en lo que nos enseña la historia económica, la globalización comercial necesita seguir desarrollándose más y más y más?quizás de manera más justa, pero en los escalones y canales actuales, siempre abriendo vías, túneles, senderos y carreteras. Cuestionar la globalización comercial supondría, por consecuencia de piezas de dominó, tocar el modelo que conocemos y entonces irnos a la autarquía, a reducir la población mundial, al corte del consumismo y suministro masivo, a no tener luz o a la renuncia a la investigación, por decir algo. Oiga, que se puede plantear como posibilidad, es lícito, pero que hay que saber lo que acarrea.
Las Rondas de Doha (conferencias multinacionales para la negociación de acuerdos) tratan de desatar nudos y avanzar en los caminos de integración territorial. De eliminación de trabas, de dinámicas generales en las que las distintas partes del mundo se complementen y solapen. Por eso, es bueno una voz propia, integrada por supuesto en cuantas alianzas y estructuras haga falta, pero reclamando nuestras privilegiadas plataformas como puntos de intercambio y distribución.
A Canarias, de manera especial, le interesa la buena salud del comercio mundial, porque somos ultraperiféricos para Europa, pero uno de los centros naturales de tres continentes en ebullición diferente. Siete casitas en lo que antes eran las afueras de la ciudad y ahora en el meollo del centro de lo que será el futuro. El punto intermedio del camino Norte-Sur. Para las nuevas orientaciones del comercio global es necesario ampliar la base -si quieren seguir creciendo y vendiendo coches, por ejemplo, tienen que activar mercados como los de Senegal, Gambia, Guineas, etc., y la prioridad de desarrollo nos presentará múltiples oportunidades que los macrocentros egoístas, como siempre, quieren acaparar para sí.
Hay que partir de dar de comer a estos dos millones actuales. Ni crecer ni decrecer, ya veremos, nos conformamos con salir adelante, y dicho eso o nos espabilamos reclamando y cogiendo el protagonismo que nos corresponde o seguirán tratando de ningunear, acallar, descapitalizar, dividir y enfrentar a Canarias.
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