ES VIEJA tradición de estas fechas el hacer balance de lo ocurrido en el año que termina. En estos comentarios semanales de nuestra política doméstica habrá, pues, que prestar particular atención a las cosas de España; pero nuestra incardinación en la UE y la OTAN, así como otros muchos compromisos internacionales en este mundo cada vez más interconectado, hacen necesaria también alguna referencia hacia fuera de nuestras fronteras, desde luego.
Reelegido
En marzo de 2008 el pueblo español otorgó la segunda victoria electoral al PSOE, sin que mediara esta vez ninguna conmoción nacional estremecedora como en 2004. No hay, pues, más explicación que la voluntad de la mayor parte de los electores, que prefirieron cuatro años más con José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa, sin que afectasen al sentido de su voto las mentiras patentes del presidente del Gobierno sobre sus negociaciones con la ETA, la elaboración de un Estatuto de Cataluña que cosechó siete recursos de inconstitucionalidad aún hoy pendientes, o la sustitución del matrimonio civil del ordenamiento jurídico por cualquier clase de coyunda como si la condición sexuada fuera irrelevante en este instituto jurídico, cosa que también espera desde hace más de tres años el pronunciamiento del Tribunal Constitucional. Tampoco afectó al electorado que votó al PSOE la evidencia de que entrábamos en una crisis económica de características especialmente graves, a pesar de la obstinación del Gobierno en negarla.
La victoria de Rodríguez Zapatero, como es natural, ni conjuró la crisis económica, ni convirtió al ganador en un hombre veraz, ni disipó las dudas sobre la eventualidad de la reedición de negociaciones del Gobierno con los asesinos, ni eliminó los riesgos de desmoronamiento del Estado como consecuencia de las tensiones separatistas que, aunque no lleguen a consumarse, debilitan al Estado como actor importante en la escena internacional. Todo eso se mantiene, y la reelección de Rodríguez sólo significa que a un segmento importante de votantes no le importa que esas cosas sucedan, aunque el protagonismo de muchas de ellas sea, inequívocamente, del que resultó ganador.
Desconfianza
A partir de este hecho relevante, lo que ha pasado en España desde marzo ha sido la consecuencia lógica, la lógica cosecha de lo que se sembró en las urnas, agravado además por el estallido de la crisis financiera mundial, que nos ha alcanzado porque no podía ser de otra forma, y nos ha cogido además con peor preparación que nuestros socios internacionales en lo relativo al empleo, cuya destrucción, junto al rebrote del terrorismo, es el azote que con más saña golpea al país.
Probablemente con la mejor intención de devolver la esperanza a una sociedad que ya no se fía de nadie, el Rey puso el acento, en su tradicional mensaje de Navidad, en la necesidad de la confianza en las instituciones y en las propias gentes que trabajan y se esfuerzan. Por su parte, el presidente del Gobierno no hace más que dar ruedas de prensa y someterse a entrevistas de encargo, seguramente con el mismo bondadoso propósito. Sólo que en su caso no basta con las palabras: él tiene la responsabilidad de gobernar y tomar decisiones; a él no se le pide que manifieste su optimismo o que haga profecías de vidente de madrugada televisiva (la última es que en primavera se notará el repunte del empleo gracias a las obras públicas), sino que hable menos y haga más. Pero la credibilidad de Rodríguez Zapatero es nula, y como lo que anuncia es más déficit público y subida de impuestos, no tiene nada de extraño que el efecto de su verborragia sea igualmente cero.
Malas noticias
2008 ha sido el año en que se han destapado los colosales fraudes de ley en los establecimientos dedicados al negocio del aborto. Bastó un solo juez que ordenase una sola investigación para que saliera a la luz una ristra macabra de horrores perpetrados en todas las aborterías investigadas después. La sociedad se estremeció. Y el Gobierno, como lógica reacción, anunció modificaciones legales?, pero para que el trabajo siniestro de las aborterías se realice de ahora en adelante con más seguridad de los aborteros. Digo que esta reacción es lógica, porque todos saben cuál es la mentalidad de Rodríguez Zapatero y sus colaboradores, y no debe sorprender que ahora se busque la forma de impedir, sin vulnerar la Constitución, que los jueces intervengan en este negocio.
También ha sido 2008 el año en que se han apreciado por primera vez movimientos del poder político encaminados a interferir en la libertad de expresión y la independencia judicial. Ésta es una muy mala noticia, porque la prueba definitiva de una democracia está en que haya Prensa libre y jueces independientes: en cuanto a lo primero, el uso que el Gobierno hace de su legal, pero ilegítima, potestad de tener la llave del mercado radiotelevisivo ha sido cada vez más arbitrario en favor de los amigos, y se ha anunciado ya la futura creación de un Consejo Audiovisual del Estado, versión nacional del funestísimo CAC catalán. Por lo que respecta a lo segundo, el poder ya avisa silencio y amenaza miedo -por usar los versos de Quevedo-, y lo hace de momento oblicuamente, por medio del Consejo General del Poder Judicial, y por presiones de la Fiscalía, ayudada por linchamientos mediáticos dirigidos a intimidar a jueces y vocales del Consejo.
Posdata
Ha transcurrido el primero de los cuatro años de la Legislatura. Desde el punto de vista de la administración, no podemos decir que las cosas marchen precisamente bien; en cuanto a la agenda de la ingeniería social que vuelva del revés el sistema de valores occidental, la elección de Obama en Estados Unidos tampoco augura un futuro prometedor. El mal, en esto, no es sólo español.
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