JOSÉ D. MÉNDEZ, S/C de Tfe.
El quiosco de "Doña Nati", como la conocía todo el mundo, ha sido punto de encuentro para varias generaciones de toscaleros. Unido al barrio desde hace más de cincuenta años, desde hace dos es como si faltara algo en la esquina de las calles Méndez Núñez, García Morato y San Martín, donde en la actualidad permanece intacto su "esqueleto" a la espera de mejores tiempos. Yaya Sabina, hija de Nati y esposa del otro alma máter del "carrito de El Toscal", Pepe Vargas, es en estos momentos la memoria viva de esos quiosqueros de siempre que no quieren renunciar a la que fue su forma de vida.
Yaya recuerda a su madre, Natividad Cabrera Álvarez, como "una luchadora que vino un día de Garachico para establecerse en la calle Tribulaciones, en una ciudadela, que para nosotros era el Palacio de Oriente, como alguien la llamó porque Oriente era el nombre antiguo de la calle. Mi madre estuvo 66 años en Santa Cruz y trabajó duro en el quiosco desde 1956, cuando el fallecer mi padre, empezamos juntas esta andadura que duró hasta su muerte y que tuvo continuidad luego con Pepe Vargas, mi marido, y conmigo".
La huella de Nati.- Yaya recuerda que "era y es una vida muy sacrificada porque ya sólo el traslado del carrito se hacía complicado, pero se trataba precisamente de nuestro medio de vida. Luego nos concedieron el permiso para hacer el quiosco, que tuvimos a partir del año 1968. Era de madera y nos lo hizo un carpintero que vivía en nuestra calle Tribulaciones. A partir de ahí siempre hemos tenido este espacio, nunca hemos cambiado y por aquí pasó todo El Toscal y yo diría que la ciudad, en general. Mi madre dejó el trabajo en el quiosco en 1986 porque ya no podía más, le salió una úlcera en la pierna y aunque quería seguir fue imposible. Murió en 2002, el día de la riada del 31-M".
De su madre, Yaya recuerda que "para mí fue extraordinaria, sacrificó su vida para sacarme adelante. Era una mujer luchadora, respetuosa con todos y agradecida. Me dejó una huella tan grande que sólo puedo decir gracias maíta. Nunca te olvidaré, Nati, querida".
Y de Nati a Pepe.- Yaya se casó con Pepe Vargas, un hombre polifacético que se ganó el cariño de todos en El Toscal. Al recordar a su marido, que falleció en el verano de este mismo año 2008, después de dos de intensa lucha, a partir del cierre del quiosco en noviembre de 2006, no puede dejar de emocionarse.
Yaya define a su esposo como "cariñoso, alegre y guasón, siempre disfrutando de las bromas, pero con respeto. Sensible y amigo de sus amigos, de la tertulia, con su cámara de fotos disfrutaba tanto que perdía la noción del tiempo. Amaba las montañas de su querida Anaga o de Las Cañadas, cualquier camino era para él pura magia porque decía que eran lugares para gozar del sonido de la música, de la poesía o el arte. Tras su aspecto escondía una gran belleza humana que su familia, yo y sus hijos, José Nicolás y David, nunca olvidaremos. Tenemos su legado, el de amar a nuestra tierra, porque lo que se recuerda nunca muere".
Yaya quiere tener un recuerdo especial "para nuestros vecinos de El Toscal que nos han apoyado siempre, en todo momento de este proceso tan duro. Todos ellos, aparte de su condición personal, social o económica, han estado con nosotros y nosotros con ellos todo este tiempo. Sólo decirles que el motivo del cierre temporal del quiosco está directamente relacionado con la enfermedad de mi marido, una lucha muy dura. Y eso sólo Dios lo sabe".
¿Y el futuro? Pues está por llegar, pero tal vez pronto, puede que este mismo año 2009, se abra una nueva puerta para "el carrito de El Toscal". Sería algo grande para unos vecinos que lo llevan dentro.
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