DESEAMOS que esta serie de artículos semanales que tratarán acerca de los trastornos emocionales y de conducta en la infancia y en la adolescencia (sus posibles causas y desencadenantes) puedan ser unas herramientas útiles de apoyo a padres y profesores, especialmente.
Hemos manifestado en numerosos foros, conferencias y talleres de padres que "lo que no se cura en la infancia dura toda la vida". Queremos sensibilizar de manera adecuada sobre la importancia que debe tener la salud mental en la infancia: a padres, familia, profesores e indudablemente a nuestros gestores públicos, que son los que tienen la máxima responsabilidad en la defensa de los derechos de la infancia.
Los conflictos y trastornos emocionales en el ser humano, especialmente en la infancia, traspasan los límites de la psiquis o del alma, manifestándose en alteraciones de los órganos de nuestro cuerpo, a lo que se le denomina somatizar, es decir, cuando el alma hace sanar o enfermar al cuerpo. Esto no lo decimos ahora los psiquiatras o los clínicos, esta afirmación esta "grabada a fuego" desde hace más de 3.000 años en el conocimiento médico. Nuestros grandes y primeros maestros griegos: Platón, Hipócrates, Aristóteles y Esculapio, ya lo observaron, analizaron, experimentaron y transmitieron.
Las crisis de ansiedad, posiblemente el síntoma más frecuente en sus distintas manifestaciones (insomnio, palpitaciones, tics, cefaleas, fobias, temores...), tienen en una gran mayoría de ocasiones dos denominadores comunes: el temor y la pérdida: el temor al daño físico, moral o psíquico; y la pérdida de amor, de consideración o reputación. El daño a la pérdida, lleva al enojo. El enojo contenido lleva a la culpa. Y la culpa no aliviada lleva a la depresión.
La salud mental, cuando se conoce y se explican las posibles causas u orígenes de los trastornos, es extraordinariamente valiosa para un positivo desarrollo psicofísico del ser humano y para su desarrollo cultural y social.
Cuando un niño enferma involucra a todos los miembros de la familia. Cuando presuntamente enferma por un padecimiento psicológico o mental, involucra igualmente a toda la familia; pero, en ocasiones, el compromiso familiar no es igual por distintas razones: primero, porque no se entiende; y segundo, porque hay personas que, internamente, rechazan tal enfermedad o trastorno, no quieren o no pueden admitirlo, pues lo viven como culpa o vergüenza social. Estos sentimientos hay que erradicarlos ya!? siglo XXI, ya que estas vivencias son erróneas.
Los trastornos emocionales afectan a todas las clases y estratos sociales. Los trastornos psicológicos pueden ser, y en muchas ocasiones lo son, el resorte o la catapulta que impulse a un cambio y actitud vital positiva y trascendente (lógicamente, necesita de un asesoramiento o ayuda profesional en tiempo y forma). No es desconocido que en Norteamérica (Canadá y Estados Unidos), el psiquiatra es visitado y/o consultado por diversos sectores profesionales: políticos, actores, deportistas, universitarios? Se tiene como muy introyectado y optimizado (por decirlo de alguna manera), el papel relevante de la salud mental para la "rentabilidad" y operatividad de sus vidas. Entiendo que una positiva salud mental de la infancia y de la adolescencia es hoy, más que nunca, la piedra angular para una vida adulta más equilibrada y en paz con uno mismo.
El aumento de la psicopatología actual, de los trastornos, está determinado en gran medida por los cambios hostiles que se están produciendo en la sociedad: una individualidad excesiva, un consumismo atroz, una mínima consideración de los valores esenciales de vida y una "sacralización" del primer objeto de deseo (el dinero), a lo que se añade el mínimo espacio y tiempo que pueden dedicar los padres a sus hijos, que hace que esa partitura falle.
Concluimos este nuestro primer artículo de la serie "Salud Mental de la Infancia" con una afirmación de la OMS: "El 22% de nuestros adolescentes padecen o van a padecer alguna enfermedad psicológica-psiquiátrica en esta etapa de la vida". Diagnosticadas a tiempo y tratadas adecuadamente, pueden evitarse importantes secuelas para la vida futura.
* Psiquiatra infanto-juvenil. Jefe de la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil del Hospital Universitario La Fe, de Valencia
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