EFE, Nuakchot
La liberación incondicional del ex presidente mauritano Sidi Mohamed Uld Cheij Abdalahi, depuesto en el golpe de Estado el 6 de agosto, es fruto de la presión de la comunidad internacional, pero no colma las exigencias de la oposición que pide que se le restituyan sus funciones legítimas.
El ex presidente, que se encontraba bajo arresto domiciliario en su pueblo natal, situado a unos 250 kilómetros de Nuakchot, fue liberado y trasladado esta madrugada hasta la capital, antes de volver horas después de nuevo a Lemden.
Abdalahi había estado retenido bajo vigilancia militar desde el pasado 13 de noviembre, antes de lo cual los golpistas lo habían mantenido en arresto domiciliario en un chalé del palacio presidencial en la capital.
El traslado del ex presidente a Lemden fue consecuencia de la presión efectuada por la comunidad internacional, como así lo ha sido también su liberación incondicional, pese a que con este paso no se cumplen los requisitos demandados por los opositores al levantamiento.
La UE había dado a la Junta un plazo hasta el pasado 20 de noviembre para que los militares restablecieran al presidente en sus funciones, so pena de anunciar sanciones económicas contra el país. Por su parte, la Unión Africana lanzó otro ultimátum, que expiró el 6 de octubre, para el restablecimiento del orden constitucional. Además, EEUU impuso restricciones de viaje a miembros de la Junta Militar y del nuevo Gobierno y a quienes "apoyen las políticas o acciones que impiden la vuelta de Mauritania a un régimen constitucional".
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