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LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA

Buena salud

22/dic/08 07:29
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OJALÁ fuera también la de un servidor, pero me refiero, excepcionalmente, a la de este periódico, a la de esta Casa de EL DÍA, a cuya plantilla he pertenecido, día a día, durante cincuenta y tres primaveras y todavía sigo, para no perder las mañas, que dicen en el campo, como colaborador, aunque ya no encuentro en la Casa aquel atractivo olor a plomo y a tinta que se sentía en la, en su tiempo, extraña y singular instalación donde don Leoncio Rodríguez, el gran maestro, fundó la entrañable La Prensa que hoy es EL DÍA. Pese al tiempo transcurrido, me sigue pareciendo misteriosa aquella mansión de la calle del Norte, en cuyos raros y aislados talleres de lo alto, era donde mandaba el famoso fotograbador don Gonzalo Porcell, con el entrañable Juanito como ayudante y especie de "mártir" por tener que soportar el trato que le daba, con su carácter endiablado, el original personaje.

Interrumpo el cauce del relato para tratar de describir el carácter de don Gonzalo con una anécdota que contaba el malogrado Juan Antonio Padrón Albornoz y que retrata la forma de ser del singular personaje, el cual, como dueño absoluto que se creía de aquel extraño imperio de los talleres de fotograbado, echó de los mismos al famoso periodista Luis Álvarez Cruz. Todavía recuerdo la "calentura" de Álvarez Cruz por la forma en que lo trató Porcell, a él, a quien todos lo temíamos y respetábamos en la Redacción.

Contaba Padrón Albornoz que don Gonzalo, a quien le gustaba empinar el codo frecuentemente, le relató un día: "A mí los médicos me prohibieron beber copas hace años. Y aquí estoy sano y tranquilo. ¡Si les llego a hacer caso...!

En cuanto a las personas, había varias que sobresalían y cito algunas de ellas para hacer ameno este relato. El subdirector del periódico, en aquellos años, era el muy querido y respetado don Juan González Rodríguez, a quien siguiendo la costumbre interna que venía desde don Leoncio, llamábamos Juanito. Sin dejarlo de respetar, algunos empleados antiguos que conocieron a Juanito de niño lo trataban de tú y familiarmente. Uno de ellos era el querido Rafael Hernández, que entonces operaba en la sección de estereotipia, es decir, donde se confeccionaba la teja que iba directamente a la rotativa. La planta de confección de las páginas comunicaba con la inferior , donde se manipulaba con plomo. Y Juanito y Rafael, a grito pelado, se decían cosas como "analfabeto", de Rafael a Juanito, cuando éste cometía alguna falta. Inmediatamente Juanito le respondía "¡Maricón!". Y así o por el estilo toda la noche.

Quedan muchas cosas que contar de antes y de ahora, como, por ejemplo el paso firme, rotundo e inequívoco de mi director y amigo casi de la infancia y del período estudiantil José Rodríguez Ramírez, quien ha logrado colocar a EL DÍA, por tercer año consecutivo, a la cabeza de todos los diarios de Canarias. Mencionar esos éxitos y hablar más del desarrollo del diario es lo que se me queda en el tintero.

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