SEVEN (Se7en) es un "thriller" criminalístico estadounidense de 1995, protagonizado por Brad Pitt y Morgan Freeman, dos agentes policiales que investigan en persecución a un asesino desafiante que comete una cascada de crímenes en serie, buscando la notoriedad y la burla de sus perseguidores. La película, rodada en varias ciudades, especialmente en Seattle -una de las urbes más lluviosas de los EEUU-, fue dirigida por David Fincher (su segunda película) y escrita por Andrew Kevin Walker. El detective Somerset (Morgan Freeman) se encuentra a punto de jubilarse y le envían como reemplazo al detective David Mills (Brad Pitt). Juntos, en una relación de amor-odio, tendrán que resolver una serie de asesinatos cometidos por un psicópata letrado y metódico llamado John Doe (Kevin Spacey), que basa sus actos en los siete pecados capitales (denominados así por ser "cabeza" o principio de todos los demás pecados) para cometer sus grotescos crímenes. Cada uno de los siete pecados capitales tiene un opuesto correspondiente a las siete virtudes teologales (1/ Lujuria-Castidad; 2/ Gula-Templanza; 3/ Avaricia-Generosidad; 4/ Pereza-Diligencia; 5/ Ira-Paciencia; 6/ Envidia-Caridad; 7/ Soberbia- Humildad).
Las Islas Canarias son siete turroncitos metidos en la gran cesta global de la sociedad mundial que flotan tan llenos de pecados y virtudes, como cualquier otro espacio del planeta. Aquí los encuentras verdes y colorados, como en la Conchinchina, ni mejores ni peores y de todos los colores. Ahora bien, nadie puede olvidar que la orgullosa historia y la estratégica geografía han marcado y marcan el pasado, presente y futuro. Ya no es tan fácil anestesiar o engañar a todo un pueblo y la Isla, el Archipiélago y el Atlántico determinan, como en el juego del siete y medio -con La Graciosa, su Caleta de Fuste y Pedro Barba-, la jugada más digna y conveniente. Aquí hay un país, con el "Se7en" en la bandera. ¡Siete!
Son siete los días de la semana, siete los colores del arco iris. En la observación del cielo por los antiguos astrónomos, la inmensa mayoría de las estrellas no cambiaban de posición las unas respecto a las otras durante el año. Sin embargo, observaron siete cuerpos celestes que sí lo hacían. El Sol y la Luna, los dos primeros, y los otros cinco eran los planetas que pueden verse a simple vista: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, y que los pueblos antiguos consideraban estrellas móviles. Estos siete cuerpos celestes dieron a los días de la semana sus nombres: lunes (Luna), martes (Marte), miércoles (Mercurio), jueves (Júpiter) y viernes (Venus). En castellano, sábado procede de la fiesta hebrea "Sabbat", y domingo, de la palabra latina "Dominus", el señor (Dios). No obstante, en inglés, por ejemplo, se mantienen los nombres originales de estos dos días: Saturday (Saturno) y Sunday (Sol). El 7 es el resultado de la suma entre 3 (lo celeste) y 4 (lo terrenal). Se considera un número perfecto que simboliza la relación de lo divino y lo humano, cuyo resultado es la creación, llevada a cabo en 7 días. Para casi todas las culturas fue siempre un número mágico. En el alfabeto hebreo es la séptima letra, llamada zain. Representa los valores espirituales, que son la finalidad del mundo: Dios creó el mundo en 6 días y el séptimo descansó. Es signo cabalístico de la luz y representación del ojo humano capaz de captarla; es el sefira neshá que representa el Triunfo o Carro del Sol triunfante representado por el 7º Arcano del Tarot. El 7 es además nº masculino que como saeta conduce al cielo. En la religión islámica hay 7 estadios o cielos. En la fe cristiana, siete sacramentos: bautismo, confirmación, penitencia, eucaristía, unción de enfermos, orden sacerdotal y matrimonio. Siete dones del Espíritu Santo (Is 11,2): sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Siete, las peticiones del Padre Nuestro.
Todos y dentro del mundo en lo que haga falta, un buen número es ese. El ¡Siete!
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