R. BARRETO, La Orotava
La Librería Miranda, de La Orotava, cierra sus puertas después de 104 años de historia. Desaparece uno de los iconos de la cultura y el saber, con toda probabilidad, más antiguos y señeros de Canarias y de Tenerife, y todo un referente en la divulgación del conocimiento en diversas épocas y etapas políticas de las Islas, muy particularmente, en las más difíciles de la Dictadura de Franco, donde incluso, era posible acceder a la lectura de obras de pensadores proscritos por el régimen.
En pleno casco histórico de la Villa de La Orotava jalona la coqueta Carrera del Escultor Estévez, y no en vano, en la casona que alberga ese santuario bibliográfico emblemático, nació el artista Fernando Estévez. Si bien en la fachada del inmueble figura una placa con la fecha de su fundación, en 1900, su apertura efectiva fue en 1904, según indicó a EL DÍA el historiador Manuel Hernández.
La Librería Miranda fue y es, ante todo, un santuario de la tolerancia, donde siempre han cabido todas las clases sociales y ha imperado la confluencia de culturas y tendencias. Con su cierre, Tenerife y Canarias se quedan huérfanas de amor a las letras y a todo lo que representan como vehículos de comunicación y de transmisión del conocimiento.
En este establecimiento se puede encontrar desde libros de textos, papel para recortar, revistas, periódicos, materiales de oficina y escritorio y hasta su reliquia insigne, la caja registradora, arropada por sendos diccionarios Larousse y pequeñas libretas, entre otros objetos. Ni que decir tiene lo que atesora la trastienda, o la pequeña oficina, en la que quien escribe este modesto perfil habló en varias ocasiones, con el inefable Vicente Miranda Hernández, no sólo sobre la actualidad política en la década de los años setenta y ochenta, sino, sobre todo, por su pasión por la lectura, y por el cuidado de su empresa, a la que dedicó toda su vida, y que tuvo en sus hijos y empleados sus colaboradores más valiosos.
El presidente de la Asociación de Libreros de Tenerife, Francisco González Lemus, desconoce que haya una librería más antigua de la de este reportaje que intenta abundar en la historia de esta señera institución por donde tantas letras encuadernadas han pasado.
González Lemus destaca la encomiable labor divulgadora de la familia Miranda y expresa su pesar por la pérdida de una institución tan valiosa, pero apeló al respeto de la decisión adoptada por los actuales propietarios.
Su activo más valioso fue siempre la supremacía de las ideas, que discurrían desde las tertulias acerca de la obra novedosa o de los acontecimientos más llamativos y espectaculares del acontecer histórico, en cada época. Sobrevivió a diferentes formas de gobierno o concepción del Estado, la Monarquía, la República, el Régimen de Franco y la Democracia, sustentada en la Monarquía de Juan Carlos I. Pasó la prueba de fuego de la Guerra Civil y de las sucesivas crisis económicas, pero con la peculiaridad, según comentó Carmen Miranda (que, junto con sus hermanos, representa la tercera generación de este negocio), que las etapas de recesión animaban, aún más, si cabe, a la lectura. Sin embargo, rehusó ofrecer más detalles sobre la historia de esta institución. Un cierre que no se atribuye a la crisis, sino al fin de la actividad.
La Librería Miranda fue fundada por Francisco Miranda Perdigón en 1904 a su regreso de Cuba, donde había emigrado, y destacó como tenor y cantante (incluso llegó a actuar en el Teatro Tacón, en La Habana), aunque previamente, abrió una tienda en la calle Hermanos Apolinar, en la que vendía libros y otros artículos, desde donde se trasladaría al edificio de La Carrera del Escultor Estévez, el área comercial de la Villa por excelencia, donde abundan los más variados establecimientos comerciales. Su labor empresarial entonces la compatibilizaba con su corresponsalía del periódico La Prensa (ahora EL DÍA), fundado por Leoncio Rodríguez, en el año 1910. Asimismo, estuvo vinculado al proyecto de construcción del sanatorio de Las Cañadas del Teide. Sin duda, fue todo un empresario y benefactor.
A don Francisco le sucedió en el negocio su hijo Vicente Miranda, quien sobresalió por sus inquietudes culturales, artísticas y políticas. Fue uno de los pioneros en la promoción bibliográfica del turismo con la publicación de la primera guía turística del Valle de La Orotava a mediados del pasado siglo. Fue presidente del Liceo de Taoro y teniente de alcalde-delegado de Educación en el primer ayuntamiento democrático de la Villa, tras las elecciones del 3 de abril de 1979, en virtud del acuerdo de gobierno tripartito entre las entonces Agrupación Independiente Orotava (AIO) y Unión del Pueblo Canario (UPC) y el PSOE, siendo alcalde Francisco Sánchez García, y que continuaría en el primer mandato de Isaac Valencia, a mitad de los años ochenta.
En todo momento, a pesar incluso de las circunstancias de la época o la coyuntura política dominante, se podía encontrar toda clase de publicaciones, frente a lo que sucederá a partir de enero.
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