Perdonen el descojone, pero cuando a un tipo como éste se le tienen tantas ganas, el que le ocurra lo que le pasó el domingo es para disfrutarlo. ¿O no? Sé que son muchos los que comparten estas mismas sensaciones. El lanzamiento de zapatos al mandatario saliente ha sido acogido por el mundo entero con simpatía y hasta aprobación. Está claro que con el zapato poco daño le iba a hacer a ese presidente con cara de John McEnroe dentro de un par de años e idéntica "mala hostia". Sin embargo, el pobre periodista iraquí acabó en el hospital con un brazo y varias costillas rotas, así como diversas lesiones internas derivadas de la soberana paliza que le dio el servicio secreto americano.
Yo no le hubiera lanzado mis zapatos. Pero por puro canguelo, no por falta de convicción. No lo hubiera hecho porque no soy tan valiente y he visto demasiadas veces actuar a los cuerpos de seguridad yanquis que, cual Rambo de turno, están esperando el mínimo indicio de justificación para partirle la boca al primero que se ponga por delante.
Por si a alguno la proximidad de la Navidad le ha dejado un tanto anestesiada la memoria, les recuerdo que en Irak, el país del atrevido lanzador Al Zaidi, pasan de un millón de bajas las derivadas de la invasión de Bush. Ese tejano, de botas camperas y sombrero vaquero, que dejaba a Chemari Aznar poner los zapatos encima de la mesa de su rancho, a la vez que le contagiaba la ridícula musiquilla al hablar. Vergüenza ajena. Cada vez que me acuerdo me despiporro. Que tipos de esta calaña tengan en sus manos el destino del mundo?
Siete años después de aquella invasión, con el mundo mucho peor que antes del 11-S, lanzarle zapatos a la cabeza a un hombre que jamás dará cuenta de la inhumana barbarie cometida en Irak se me antoja un gesto, cuando menos, digno. Comprometido y equivocado, pero digno.
Empiezo a dudar si las costillas y el brazo roto no han valido la pena, porque por lo que he visto en la Red, el mundo se ha hecho uno con el lanzamiento de zapatos de Al Zaidi. Incluso en un editorial del Wall Street Journal se felicita al lanzador. Y qué les digo de los vídeos de YouTube, son pura mofa sobre el asunto. Se han inventado varios juegos en los que se arrojan zapatos y de todo a la cabeza de Bush. Lo que esta claro, clarísimo, es que a este señor que tanta suerte tenga como paz deja, no le va nada bien ni con los zapatos ni con los Zapateros.
Qué pena que a pesar del certero lanzamiento no diera en el blanco. En el rostro pálido. Quizás mejor así, pues un poco todos hemos querido darle aunque -a diferencia de sus decisiones, de sus misiles- sin hacer sangre, sin dejar viudas, ni huérfanos, ni miseria. Sin destrozar hogares, fabricas, pueblos? sin destruir países. Como bien dice el maestro Onega, este periodista "ha escrito con sus zapatos el artículo de su vida; el más elocuente contra una guerra basada en la falsedad de las armas de destrucción masiva". Acaba de desmentir que la palabra sea el arma más eficaz. El arma más eficaz es el zapato.
Por mi parte le daría la bota de oro. Por delante de los Cristiano Ronaldo, Messi y compañía. Porque nadie como este individuo ha propinado patadas tan certeras a tanta gente y donde más duele sin que se le mueva un pelo. Porque nadie tiene un toque de pelotas tan descaradamente dañino. Pues? por todo eso y porque de casta le viene al galgo? que se lo den. Eso, que le den.
Feliz domingo.
adebernar@yahoo.es
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD