MI COSTUMBRE era realizar, todos los días, tijera en mano, la disección de las páginas de éste y de algún otro periódico. Reunía los recortes y de ellos sacaba temas para el ladrillo dominical. Elegía entre los recortes de más original contenido y liberaba al lector, por lo menos un día a la semana, del consabido rollo político que atormenta y hasta, a veces, da asco, como la reciente patujada de nuestro alcalde, don Miguel Zerolo, con su decreto urgente e inaplazable sobre el cambio de nombres de calles y signos franquistas en Santa Cruz, su mal gobernada ciudad. Ya las ocho vías capitalinas ostentan las nuevas denominaciones. El señor Zerolo no ha tardado en hacer un recorrido por las nuevas calles del Perdón, del Amor, del Olvido, de los Sueños y de la Tolerancia.
Sin embargo, se sabe y se ha publicado que todavía le quedan a Zerolo por cambiar los nombres de 50 vías urbanas y retirar 95 símbolos públicos del período del Gobierno del General Franco. Se supone que, sin que haya nadie que se lo impida, el edil dará libertad absoluta a su espíritu creacional de cursiladas y astrancanadas y con la falta de sentido detector del ridículo, ahí tiene campo para poner a calles nombres que amplían la relación de los ya colocados, como calle del Corazón, de los Cinco Sentidos, de los Sentimientos y hasta aprovechando la reciente cumbre Hispano-Marroquí y el acuerdo extraordinario entre las partes, acuda a los textos árabes que se guardan en la Alhambra de Granada, que dicen que, traducidos, son singularmente poéticos y aportarían sustantivos representativos que adornarían nuestras rúas.
Se me ocurre, igualmente, que nuestro alcalde, siguiendo la costumbre de otras autoridades insulares, puede convocar un concurso de ideas de títulos poéticos de nuestras calles para el cambio. Y, a lo mejor, llegan a nuestro alcalde títulos todavía más cursis y más ridículos, que de eso se trata. Son, de momento, cincuenta nombres de calles, que dan para desarrollar bastante la iniciativa "poética" de don Miguel Zerolo.
Y ya ven. Saqué tema donde no había ninguno. Se lo debo a don Miguel Zerolo, tan atento a cumplir la recuperación de la Memoria Histórica. Vamos en el buen camino. De seguir así, aquí no sabremos ni quién fue sir Horacio Nelson. Bien por el alcalde.
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