Perico, entrenador
Estas líneas han brotado cuando he leído una reseña periodística en el EL DÍA, en la que el autor comentaba que el campo de los Salesianos en La Cuesta llevará el nombre de Perico. Me alegré por él, porque lo ha dado todo por el fútbol base, el de los niños y jóvenes, y porque nos enseñó desde muy pequeños a respetar a los demás, a actuar con disciplina, al sacrificio y, sobre todo, a valorar la amistad.
En la temporada 1961-62 llegué al Unión La Paz, equipo de fútbol de La Cuesta que militaba en el campeonato insular en la categoría de infantiles, después de haber probado suerte en el San Francisco, del casco de La Laguna, y no tenerla, ya sea porque el cupo estaba cubierto o porque mi calidad futbolística no daba la talla entre tan buenos jugadores de la época.
Pero mi estancia de tres temporadas en el Unión La Paz junto a mi hermano, para pasar luego al Arguijón, de categoría juvenil, no pudo ser más reconfortante pues en dos de ellas nos entrenó una persona para mi muy entrañable, Perico, Perico El Barrendero.
Comenzábamos la temporada con interminables sesiones de gimnasia, trote lento, rápido, sprints, todo en aras de coger fondo físico y también velocidad.
Todos asumíamos sus órdenes a rajatabla. Pensaba ¡cómo sabe este hombre de fútbol!
Seguíamos con el balón ¡de la época! sobre las huertas que conformaban un pequeño campo de fútbol, compartido con otro equipo, el infantil Vista Bella.
El "vestuario" era el espacio junto a la pared del cuartel de automóviles en la que colgábamos, por medio de unos palitos a modo de percha, la escasa ropa de que disponíamos y al mismo tiempo delimitaba el campo.
Así, este hombre formaba a los chiquillos, infundiéndonos dosis de sacrificio, de unión, de camaradería, nos inculcaba respeto al contrario y, sobre todo, amor a unos colores. Nos saldrían las cosas bien o mal, pero el espíritu combativo, de lucha, de entrega, eso jamás lo perdíamos.
Perico era un líder, humilde, sin otros conocimientos que los adquiridos en la escuela de la calle, en la que tenía su trabajo, y esos eran los que nos transmitía.
Disfrutábamos jugando al fútbol y las enseñanzas de Perico hoy se me unen con las peripecias que pasaba para llegar a ese disfrute, a sentir el calor de los compañeros de equipo, a sentir el amor al club, al sacrificio, que no era poco, pues llegábamos caminando desde San Miguel de Geneto, entrenábamos hasta el anochecer y recogíamos el "duro" de manos de "Vivo", nuestro querido presidente, para la guagua de retorno a La Laguna; medio duro el importe del trayecto, el otro medio duro nos lo gastábamos en paliar las ganas de comer en "medias lunas" ¡Qué sabrosas! ¡Qué recuerdos! Después del extenuado entrenamiento.
Por eso, con estas líneas, quiero dar las gracias, una vez más a Perico, por todo lo que nos enseñó y contribuir a que su nombre sirva de ejemplo a los futuros entrenadores.
Francisco Llarena García
La beneficiencia sostiene al capitalismo
Después del colapso financiero mundial ha quedado demostrado que el capitalismo no se sostiene por la transparente gestión de la banca, por el libre comercio, por la competitividad de las empresas, la mejora de los sistemas productivos, la formación, la expansión, la innovación tecnológica, etc. funciona por el sistema de beneficencia del Estado, que con nuestro dinero, que se debería destinar a escuelas, hospitales, líneas ferroviarias, residencias y a subir pensiones y salarios, acude en rescate de bancos y empresas, al igual que lo hace con mendigos, indigentes, yonquis, inmigrantes y pateras, sólo que a los banqueros y empresarios como premio a sus malas artes. En lugar de ofrecerles algunas sábanas, sopa caliente, cama y un techo para que no pasen frío, les dan miles de millones para que puedan seguir con su dinámica de amontonar beneficios sobre beneficios para sus accionistas y dirigentes y así provocar nuevos colapsos financieros, que abocaran a más paro, aumento de precios y más miseria.
Irónicamente, con nuestros impuestos, salvan del desahucio y mantenemos a los bancos y empresas que desahucian a quien no puede pagar la hipoteca. Y lo más indignante es que periodistas, analistas políticos, económicos siguen amparando como soluciones las que nos han llevado a la crisis: hay que competir más, hay que crecer más, hay que invertir más, etc., y el altruista discurso por parte de empresarios, de que los valores de la empresa van en beneficio de la creación de empleo y para el progreso de la sociedad, se tira por tierra cuando cada día vemos a empresas que cierran a pesar de tener beneficios, sin ningún miramiento a la hora de despedir a sus trabajadores ¡Qué se dejen de zarandajas y hablen claro, su única preocupación es el afán de lucro!
Tenemos la oportunidad de librarnos de la usura bancaria, pero nuestros gobernantes, esos que juran por la Constitución, hacen un esfuerzo ímprobo para que sigamos esclavizados por los créditos de por vida y la sociedad siga dividida en ricos y pobres. Como obreros, como pobres tenemos claro que no debemos votar a nadie, ya que vemos que izquierdas y derechas son lo mismo; hoy el socialismo obrero es el bastión que defiende a la banca y a la gran empresa. Ni manifestaciones ni huelgas ni protestas: darse de baja de toda institución que no luche por los derechos de los trabajadores.
Antonio Cánaves Martín
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