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JOSÉ Mª SEGOVIA CABRERA *

La Milicia Universitaria se reúne en Madrid

21/dic/08 07:36
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El sábado pasado, día 13, se reunieron en Madrid, bajo el paraguas de UNAMU, los representantes de las diversas Agrupaciones de Milicias Universitarias de las regiones que las tienen constituidas, reunión que correspondía a la celebración de la Asamblea General Nacional que se celebra todos los años y a la que me cupo el honor de asistir en calidad de compromisario, llevando también la de otros compromisarios tinerfeños que no pudieron desplazarse, ya que en ella se iba a proceder a la votación y elección de una nueva Junta Directiva Nacional. La Asamblea tuvo lugar en el Casino Militar de Madrid, situado en la céntrica Gran Vía madrileña, aunque ya no se llama así, pues ha cambiado su nombre por el de Centro Cultural de los Ejércitos de Madrid, más acorde con los tiempos que corren y la función que en la actualidad realizan nuestros ejércitos en todo el mundo, en labores de ayuda, socorro y vigilancia.

No era la primera vez que, en verdad, me acercaba yo a tan noble edificio que jalona uno de los centros comerciales y culturales más activos de la capital de España, y precisamente el hecho de ser caballero aspirante a oficial de Complemento me permitió asistir allá por los mediados años 40, en todo caso hace más de sesenta años, a las fiestas de fin de año que en él se celebraban, creo que del año 46. Había yo terminado el 2º curso, en el que entrábamos de sargento y terminábamos de alférez, cargo que había que confirmar al terminar la carrera mediante la prestación de 6 meses de servicio en la unidad a la que fuésemos destinados, por lo que a partir del verano del año 46 y hasta que tuve que realizar, en el Regimiento de Zapadores nº 7 de Salamanca, las prácticas correspondientes, era solamente un aspirante a oficial de Complemento. Aquella Navidad me quedé en Madrid, como otros muchos canarios, y varios de nosotros conseguimos la debida autorización militar por el hecho de ser alférez de Milicias y así pudimos entrar en el Casino Militar y pasarnos allí, de riguroso esmoquin, unas cuantas horas con música y orquesta en varios de los pisos del Casino, mientras la imaginación se nos iba a Santa Cruz, donde mis amigos se lo estarían pasando en grande en el Club Náutico o en el Casino, o en casas particulares.

Bien distinto era el fin que me llevaba al Casino. Los antiguos oficiales de Milicia, al menos muchos de ellos, han querido conservar y mantener el espíritu militar que se nos infundió en aquellos dos períodos campamentales y en las prácticas regimentales, y se han ido agrupando por regiones según su mejor entender y la constancia y el espíritu de servicio de los más entusiastas, y así ahora existen estas agrupaciones en ciudades, regiones y provincias como Alicante, Almería, Asturias, Barcelona, Burgos, Cádiz, Cantabria, Castellón, Córdoba, Granada, Huesca, La Coruña, Madrid, Málaga, Melilla, Murcia, Pontevedra, Sevilla, Tenerife, Valencia, Valladolid, Vizcaya y Zaragoza. Media España cuenta con estas activas representaciones de aquellos universitarios que completaron su formación humanista con el servicio de las armas que un día aprendieron en campamentos como aquel nuestro de Hoya Fría, que luego se trasladó a Los Rodeos, mientras que los de la Península se encontraban localizados principalmente en La Granja, Robledo (Segovia), Monte La Reina (Zamora), Castillejos, Reus y Momtejarque, Ronda. Aquellos campamentos comenzaron a funcionar en el año 42 (nosotros en Hoya Fría) para terminar 30 años después, en el año 1972, nosotros en Los Rodeos, debido a darse una orientación distinta a la formación de la Oficialidad de Complemento hoy ya desaparecida desde el año 1989. Miles de oficiales se vieron honrados al prestar el entonces Servicio Militar Obligatorio como oficiales del Ejército de Tierra en los Cuerpos de Infantería, Artillería e Ingenieros, si bien posteriormente se extendió también este servicio a la Marina y al Ejército del Aire.

Estas añoranzas y muchas más anécdotas, el recuerdo de dignísimos oficiales profesionales como nuestro capitán Pérez Andreu de los primeros años, y en mi caso concreto también el comandante Saavedra, el teniente Guimerá, que nos enseñó a calcular puentes de campaña para el paso de tropa y tanques, o el capitán Díaz Bertrana, dirigiendo la instrucción a todo el campamento montado en su caballo blanco; los buenos y los malos ratos de aquellos dos años de campamento en Hoya Fría y Los Rodeos, con el reencuentro de muchos compañeros de Bachillerato desperdigados por la Península o en La Laguna cursando los estudios universitarios correspondientes, y que volvíamos a reunirnos de nuevo con amigos entrañables, muchos ya desaparecidos; todo este conjunto de recuerdos y sensaciones tornaban nítidamente de nuevo a mi mente mientras subía por aquellas amplias escaleras del Casino Militar hasta la sala de reuniones en la primera planta en la que se iba a celebrar la Asamblea General Nacional de las Agrupaciones de Milicias, ocasión en la que conocí a muchos de aquellos compromisarios venidos de toda la Península, algunos de ellos con conocimiento de nuestras islas por haber prestado luego servicios militares o profesionales en las mismas y otros por haber sido destinados sus padres militares a nuestra tierra en su niñez o primera juventud.

La reciente y grave enfermedad del aún presidente hizo que no pudiese presidir la Asamblea quien la había convocado, y bajo la de un vicepresidente tuvo lugar el desarrollo de la misma con toda normalidad. La asistencia de compromisarios fue muy notable, pues de los 105 compromisarios de toda España, asistieron como tales y representados nada menos que 85 que, con la salvedad de un compromisario que se abstuvo en la votación final de la nueva directiva, se fue aprobando uno a uno los diversos puntos del orden del día, con especial mención en las partidas relativas a la gestión económica de la Agrupación. La Asamblea procedió a la elección de la nueva Junta Directiva Nacional, la cual, haciendo uso de las facultades que le confiere los Estatutos, procedió a su vez a la elección del nuevo presidente nacional, que recayó en la persona de nuestro compañero Ángel Pradel Alfaro, tesorero de la anterior directiva, quien dirigió unas palabras a la Asamblea, destacando el interés de la directiva, y el suyo propio, por dar cada vez mayor presencia en la misma a compañeros de las diversas provincias, su firme deseo de trabajar de forma incansable y constante por la defensa de los intereses de las Agrupaciones todas, el más amplio desarrollo de las actividades culturales a las que siempre ha dedicado la Agrupación sus mejores esfuerzos, el estrechamiento de los lazos de amistad y compañerismo que siempre han caracterizado a los miembros de la antigua Milicia Universitaria y la captación de nuevos miembros de nuestras Agrupaciones (como, me permito indicarles, la reciente de Las Palmas de Gran Canaria) y la disposición continua y constante de nuestras Agrupaciones y de sus miembros al servicio de la patria donde la autoridad así lo precise. Finalmente, y como remate del acto tan entrañable, el nuevo presidente propuso, y así lo aprobó por unanimidad la Asamblea General, el nombramiento del cesado presidente como Presidente de Honor de la Unión Nacional de Milicias Universitarias, UNAMU.

Descendía yo, después de despedirme de muchos nuevos amigos que desde toda España habían venido exclusivamente para la Asamblea y que de nuevo retornaban a sus provincias, la gran escalera del Casino, camino de una calle decembrina y otoñal, fría y lluviosa, y rememoraba de nuevo hechos de hace más de medio siglo y, ante los 5.000 alféreces salidos del campamento de Tenerife y los cerca de 300.000 de toda España , hoy desperdigados por todo el territorio nacional ejerciendo como profesionales, me hice el firme propósito de seguir trabajando en la medida de mis posibilidades por nuestras Agrupaciones como el mejor tributo que podía dedicar al Ejército que un día ayudó a formar mi espíritu y a mi España, de vivencia hoy día tan turbada e incierta.

* Alférez de Ingenieros

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