... El Parlamento de Canarias no cesa de dar argumentos a quienes critican la validez del trabajo de los diputados y la seriedad, más bien la falta de ella, que preside sus actuaciones. El último ejemplo es el "caso salmón" y sus implicaciones en la Cámara, en concreto si el diputado del PP Manuel Fernández, también secretario regional de su partido, tiene autorización para ejercer como parlamentario y, al mismo tiempo, como asesor de un grupo empresarial hotelero y, por tanto, sometido a leyes en cuya elaboración ha participado el propio Fernández a lo largo de su larga trayectoria como diputado. Que a estas alturas el ciudadano se tenga que enterar de que puede haber una incompatibilidad entre dos ocupaciones que un diputado ejerce desde hace bastantes años dice bien poco del rigor con que se llevan las cuestiones éticas en la política canaria. Y aquí hay que incluir a todos los partidos, los que hacen y los que dejan hacer .
... El caso que ahora trata de dilucidar el Parlamento canario no es único. En todo caso, hay que decir que viene propiciado por la laxitud con que se aplican en España los controles sobre las actividades privadas de los parlamentarios para que sus intereses personales no choquen con los públicos que deben defender en su labor legislativa. Otra rémora más de la Transición, momento en que la evidencia de que los sueldos de los políticos españoles eran de los más bajos de Europa abonó la idea popular de que no había que ser muy rígidos con sus fuentes de ingresos privadas. Hoy, plenamente profesionalizado el parlamentarismo y actualizados sus emolumentos (ojo, no es sólo el sueldo) al nivel de vida del país, no tiene sentido esa condescendencia, que ha llevado a situaciones como la del diputado canario Manuel Fernández.
... Para salir del trance, este último ha tenido que mentir a la Mesa del Parlamento de Canarias en un escrito que todavía no ha sido examinado -esa es otra, qué diligencia en sacar adelante el trabajo-, donde asegura que la Comisión del Diputado ha dado el visto bueno a que él, Manuel Fernández, asesore a una empresa hotelera a cambio de unos emolumentos y, al mismo tiempo, ejerza como diputado, lo que implica participar en la elaboración y aprobación de leyes que pueden beneficiar a dicha empresa. Pero ahora el presidente de esa comisión desmiente que exista tal permiso. Por lo visto, los llamados representantes del pueblo no son conscientes -o sí y no les importa- de que ellos, como la mujer del César, tienen que preocuparse de lo que parecen tanto como de lo que son.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD