M. GÓMEZ, S/C de Tenerife
El caso de la profesora del IES Teror (Gran Canaria) Esther Rodríguez, que ha denunciado a una alumna de quince años por agresión física y verbal, ha reavivado el debate sobre la situación de desprotección que viven los docentes ante las actitudes violentas de algunos estudiantes. Rodríguez ha conseguido recientemente que la Fiscalía tipifique el ataque del que fue objeto como agresión a la autoridad y, por lo tanto, como delito, pero sus aspiraciones van más allá. "Espero que los profesores tengamos lo que nos corresponde. Si la educación no funciona es porque estamos totalmente desamparados", afirma.
Los hechos sucedieron hace ya casi dos meses, el 29 de octubre, cuando Esther Rodríguez se encontraba de guardia en el centro y se topó con dos estudiantes fuera del aula en horario lectivo. "Les pregunté si no tenían clase, porque eran las 9:25 y debían estar en el aula. Nada más. Ahí empezó todo: Una de ellas me insultó, me dijo a ti qué coño te importa. Yo le pregunté por qué me contestaba así si yo no le había faltado al respeto. Me repitió lo mismo y me dijo que la dejara en paz".
A continuación, la profesora avisó a la compañera encargada del aula en la que debía estar la joven. Cuando su compañera fue a buscar ayuda, Esther vio cómo la chica echaba a correr. "Pensé que se iba, pero cuando llegó a mi altura me pegó tal puñetazo que volé por los aires. Perdí el conocimiento", relata Rodríguez.
Un labio roto, hematomas múltiples, mandíbula descolocada, fisura de coxis e incluso el desprendimiento de un tumor uterino fueron las consecuencias del golpe, que obligaron a trasladar a la víctima en ambulancia a un centro hospitalario de la Isla. Mientras Esther era atendida, su presunta agresora continuaba en el centro. "Me contaron que a la hora del recreo todavía estaba allí", dice.
Pese a la gravedad del suceso, la profesora no se ha sentido suficientemente respaldada ni por la Administración educativa ni por la dirección del IES. "La Consejería no me ha prestado ningún apoyo en absoluto", se lamenta Esther Rodríguez, quien asegura que un asesor de la Administración le recomendó buscar ayuda en algún sindicato "porque nosotros no podemos hacer nada".
Aunque la rectificación por parte de Educación no se hizo esperar, la docente grancanaria optó por continuar con su propio abogado. "A día de hoy, aún no he recibido por escrito ningún tipo de notificación de la Administración pública, ni para proporcionarme asistencia legal y psicológica ni para preocuparse por mi estado", asevera.
No obstante, cuando el pasado martes Esther Rodríguez prestó declaración ante la Fiscalía de Menores, se presentó, "como caído del cielo", un letrado del Gobierno canario, pero fue rechazado por la fiscal al entender que no se había personado dentro de los plazos previstos.
La actuación del equipo de dirección del instituto tampoco ha satisfecho a la enseñante, que llama la atención sobre el hecho de que la presunta agresora permaneciera en el centro hasta hace escasamente dos semanas. "El director se negaba a expulsarla argumentando que el padre había presentado alegaciones, pero, según el reglamento de derechos y deberes del alumno, una agresión a un docente acarrea una expulsión inmediata".
Cuando oye hablar de "educación de calidad" a los representantes de la Consejería, Esther Rodríguez se muestra escéptica. "La calidad de la enseñanza empieza por que los docentes sean respetados y reconocidos como vehículos de educación en esta sociedad. No puede existir un proceso educativo sin disciplina". En este sentido, considera que los trabajadores de la enseñanza carecen de recursos frente al alumnado, que tiene, a su juicio, "todos los derechos y ningún deber".
Parte de culpa
Para que esta situación se corrija, Rodríguez aconseja a sus compañeros "denunciar y presentar partes", ya que, si hacen "oídos sordos" a los insultos y las vejaciones, están contribuyendo a ahondar en el problema. Denunciar, sacar a la luz pública estas situaciones puede ser, confía, una forma de que empiece a respetarse al profesorado, un colectivo que también ha tenido "parte de culpa".
El aumento de la indisciplina entre los estudiantes tiene, según la profesora del IES Teror, múltiples causas. Así, entiende que "una mayoría de padres ha hecho dejación de sus funciones" educativas. "Es cierto que los tiempos han cambiado y que hay que proteger a los niños. Yo soy madre y he protegido a mis hijos hasta la saciedad. Pero también deben saber que tienen unas responsabilidades determinadas", expone. En esta situación influyen, asimismo, los horarios de trabajo de los padres. "No se puede tener a un niño con una llave al cuello desde los siete años".
Durante este proceso, Esther Rodríguez ha encontrado su apoyo más firme en el sindicato Insucan. "Me han acompañado y no me han dejado sola en ningún momento. Me llaman todos los días para interesarse", dice la docente, que destaca, por encima de todo, que la organización sindical no le ha pedido nada a cambio.
Esther ya ha pedido el alta y prevé incorporarse a su puesto de trabajo después de las vacaciones de Navidad. Su intención es "pasar página" y no permitir que su condición de víctima se convierta en "una justificación". Algunos le han recomendado que prolongue su baja hasta el final del curso, pero ella se niega. "Quiero seguir enseñando y que no me miren únicamente como a la profesora agredida", sostiene.
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