1.- Zerolo ha dado el carpetazo al franquismo, sustituyendo las calles de los generales del general. Zerolo ha hecho una metáfora -una más- en su cadena de metáforas, que comenzó en las torretas del Kremlin y terminó en la gran muralla china. Miguel paseó un misil por Europa e hizo otra metáfora: el misil de la paz, que descansa, inerte, en un almacén de Lanzarote o en los intestinos de algún chatarrero. Ahora sustituye el amor por los generales y ha puesto calle del Amor a la del general Moscardó ; calle del Perdón a la de Goded ; calle del Olvido a la de Fanjul , calle de los Sueños a la de Sanjurjo ; y calle de la Tolerancia a la de García Morato . A eso se le llama combatir la guerra con rosas sin espinas. Ha cambiado otros nombres, pero a mí me gustan más las metáforas de Zerolo que la Rambla se llame de Santa Cruz.
2.- Al mismo tiempo que Zerolo hacía su encaje de bolillos, en Santander retiraban -eso sí, con cierto respeto y diversidad de opiniones- la última estatua ecuestre de Franco . El postrero recurso que tuvo el régimen para estirar la figura pequeña del dictador fue subirlo en caballos de bronce. Se trata de una práctica habitual de los sátrapas y de los generales mesiánicos, desde Bolívar a Napoleón . El caballo aporta nobleza a quien no la tiene y autoridad a quien la desea. Ni Zerolo ni yo tendremos estatuas ecuestres; a lo sumo, él con un palo de golf y yo con una pluma, que es otra metáfora.
3.- A pesar de los que quieren enterrarlo, Franco no ha muerto. Nadie que ha hecho historia, para bien o para mal, muere del todo, porque permanece en las frías páginas de los libros. Otra cosa es borrar su presencia física de las calles y plazas, que yo creo que da igual. Hubo un momento en que a mí no me gustaba que se retiraran esos símbolos. Pero, claro, ha pasado mucho tiempo y la verdad es que no pegan. Los nombres elegidos por el alcalde chicharrero para aportar amor, tolerancia, perdón, olvido y sueños, sustituyendo la rigidez de los uniformes, me parecen perfectos. Este país perdona poco y amar, perdonar, olvidar, tolerar y soñar son verbos maravillosos, propios de los seres humanos que queremos vivir en paz. Así que, una vez más, estoy contigo, amigo.
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