ME ENCUENTRO en Santa Cruz con un socialista de los de antes; más o menos de los que eran serios, si bien él fue bastante polémico cuando regía un municipio de Tenerife. Estaba apenado por los nombres sustitutivos de las calles -llamémoslas así- franquistas de la capital. "Lo de Zerolo ha sido una burla que va a traer consecuencias". "La primera, tu congoja", pensé para mis adentros. Lo pensé pero no se lo dije; no porque estemos a las puertas de la Navidad. Siempre he pensado que si el espíritu de la Navidad no comienza el 1 de enero y concluye el 31 de diciembre, sino se limita a unas cuantas fechas consumistas, en realidad no estamos asistiendo a una fiesta entrañable sino a una hipocresía multitudinaria. Pero ese es otro asunto demasiado manido para que merezca la pena comentarlo una vez más. Guardé silencio ante aquel hombre -una persona esencialmente honesta a pesar de sus baladronadas pretéritas- porque su rostro era el reflejo de un alma demasiado cansada del socialismo para esperar un socialismo mejor. Una versión particular, si ustedes me autorizan la comparación, de esos miles de españoles, acaso millones, que también se cansaron hace bastante tiempo de esperar una vida mejor.
Existe una memoria histórica que está muy de moda. No me parece mal que se recuerden las barbaries, sobre todo para no volver a cometerlas. Y si, llegado el caso, alguien pierde la cabeza e incurre de nuevo en un salvajismo social sin límites, sirve esa memoria histórica para que conozcamos de antemano cuáles son las consecuencias de fracturar un país y empujarlo a una guerra civil.
Sin embargo, existe otra memoria histórica más reciente aunque no por ello menos útil. Me refiero a la memoria de la transición. Tal vez convendría en estos momentos tan convulsos para la economía -de lo que nos espera a la vuelta de enero sólo podremos salir trabajando juntos, no peleándonos como siempre- recuperar ese espíritu de consenso del que hizo gala el PSOE de González, el PCE de Carrillo, la AP de Fraga y la UCD de Suárez, por citar sólo a los principales protagonistas políticos de un proceso que nos permitió pasar de la dictadura a la democracia sin sucumbir en una nueva hecatombe fratricida.
¿Discurre por esta senda la izquierda española de nuestro tiempo? En absoluto. El PSOE actual, o cuando menos esa parte del PSOE actual que ostenta el Poder tanto en Canarias como en Madrid, considera que la contienda entre españoles acabó con un resultado injusto. Algo en lo que acierta, porque los resultados de todas las guerras son, además de injustos, inhumanos; con independencia de quien las gane. Pero se trata de una injusticia pretérita que conviene no reavivar. Bueno es que hayan desaparecido media docena de nombres franquistas en el callejero de Santa Cruz. Lamentable hubiese sido que tales nombres se hubieran reemplazado con personajes del bando republicano. No porque lo merezcan o dejen de merecerlo, sino porque antes o después alguien volvería a cuestionar la conveniencia de su continuidad. En este sentido, Zerolo, con la cintura que lo caracteriza, se ha quitado no uno sino muchos muertos de encima. Además, lo de Calle del Amor -o de los Sueños- suena bien. Una cursilada, pero nadie puede negar que vivimos en una época francamente hortera.
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