ESTE DOMINGO, estos tres nombres de mujer han aparecido en los medios de comunicación unidos por un lazo común: el de ser madres, y diferenciadas por lo que les hace serlo: sus hijos.
Gely es la madre de Iván Robaina, ese muchacho de 19 años al que los amigos describen como alegre, buenazo, y al que unos violentos le han quitado la vida en Las Palmas de Gran Canaria; Dolores es la madre de Javier Fernández Quesada, el estudiante asesinado hace 31 años en las escalinatas de la Universidad de La Laguna mientras se manifestaba contra la represión y por la libertad; y Miren, la madre de Aitzol Iriondo, nuevo jefe de la banda asesina ETA, y supuesto asesino de un inocente.
La madre de Iván, destrozada ante la brutal e inesperada muerte de su hijo, ha dicho que lo que desea es que esta muerte sea la última y ha creado una asociación, Conciencia social, para luchar por ello.
La madre de Javier, emocionada ante el descubrimiento en el parque de Los Dragos (ahora rebautizado como Parque Javier Fernández Quesada) en La Laguna, de un monolito en memoria de su hijo, da las gracias y dice que a él "le habría encantado que su memoria estuviera cerca de dragos y flores porque le encantaba la naturaleza".
Y la madre de Aitzol, concejala del mismo ayuntamiento de donde lo era Froilán Elespe, presuntamente asesinado por su hijo, no dudó ni un segundo en su respuesta cuando alguien le recrimino que su hijo fuese un etarra: " Estoy orgullosa de mi hijo".
El clamor en la calle, las miles de personas que se manifestaron el domingo, gritaba que lo de Iván no podía volver a suceder, que había que acabar con la violencia callejera.
En el acto de descubrimiento del monolito en homenaje a Javier Fernández Quesada el alcalde dijo: "Es un ejemplo de la sinrazón que nunca se ha de volver a repetir".
El silencio que produce el miedo es el único clamor instalado en el pueblo de Lasarte-Oria, de donde era concejal socialista Froilán Elespe, asesinado por dos balas de ETA el 20 de marzo del 2001, un crimen del que Aitzol Iriondo, detenido el lunes, es el principal sospechoso.
Gely y Dolores, que educaron a sus hijos en el respeto, la libertad y el amor, hoy les lloran. Ellas estaban orgullosas de sus hijos. Nosotros también. Y de ellas.
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