NO SÓLO los agricultores canarios están perplejos ante la cuantiosa ayuda a Marruecos anunciada por España. También lo estamos nosotros. Mientras las subvenciones al campo isleño llevan mucho tiempo casi paralizadas, el Gobierno de Zapatero destina nada menos que 520 millones de euros a fomentar el desarrollo de nuestro principal competidor agrícola. Coincidimos con el presidente de la Asociación de Agricultores y Ganaderos de Tenerife, Henry Sicilia, al señalar que los apoyos al prójimo están bien y que, de igual forma, hay que fomentar las relaciones de buena vecindad, aunque cualquier gobernante debe dar prioridad a su país.
Hechos como este sólo cabe explicarlos -y entenderlos- con la vista puesta en los intereses del Gobierno colonialista español. Resulta evidente que a Zapatero y a sus ministros Canarias les importa muy poco. No contento con permitir que las Islas se colmen de extranjeros, el Ejecutivo de la Metrópoli se interesa más por llevarse bien con su vecino del Sur, que por atender el bienestar de los canarios. ¿Qué haría este Gobierno si Marruecos exigiese mañana mismo la anexión de Canarias? ¿Duda alguien de que España actuaría como lo hizo en 1975, cuando se produjo la descolonización del Sahara? Quizá la única diferencia estribaría en que ahora Madrid se daría más prisa en contentar a Rabat.
Casos como estos ponen de manifiesto no sólo nuestra sojuzgada dependencia del país que nos coloniza. También evidencian que no podemos esperar nada bueno de España. En consecuencia, la soberanía es nuestra única opción. Debemos acceder sin demora al estatus de país libre porque libres éramos antes de la colonización española, porque resulta absurdo depender de una nación que está a 1.500 kilómetros de distancia, porque la Hacienda española se apodera de los recursos canarios, porque nuestra incorporación a la Corona de Castilla no fue un hecho voluntario sino impuesto por la fuerza de las armas y porque como canarios estamos obligados a homenajear la memoria de nuestros antepasados guanches.
Estas razones nos hacen abominar de los amantes de la españolidad de Canarias, de los nacionalistas teóricos que siguen mareando la perdiz con la reforma del Estatuto porque sólo les importa seguir llenándose los bolsillos y de los pusilánimes, que temen un futuro en libertad porque los atemorizan, torticeramente, quienes desean perpetuarnos como lacayos de Madrid. ¿Cómo puede ser Canarias una nación rica si los españoles continúan rapiñando nuestros recursos, de igual forma que hicieron antaño con las colonias americanas, para entregarlos a quienes compiten directamente con nosotros? A Zapatero le da igual que las producciones del campo canario, logradas con el sudor de muchísimos isleños, se pudran en los almacenes al ser imposible su comercialización debido a la competencia marroquí.
Por eso somos indiscutibles defensores de la soberanía canaria, y por ello recomendamos la lectura el próximo domingo de un bellísimo y sobrecogedor artículo de nuestro colaborador José Luis Concepción, gran patriota y legítimo nacionalista. Se trata de un texto que por su importancia incluiremos en la misma página que nuestro editorial.
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