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EDUCACIÓN, FAMILIA Y SENSATEZ FRANCISCO M. GONZÁLEZ *

Un invitado nefasto en Navidad

19/dic/08 07:27
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CUANDO este artículo salga a la luz, casi todos los escolares habrán dejado por unos días la escuela. Por lo general, las vacaciones navideñas siempre han tenido, tienen y seguirán teniendo un clima entrañable y familiar. Los hijos en edad escolar son los que más incordian o dan la lata en estas épocas -siempre andan por el medio-; y molestan si no se tiene para ellos un plan vacacional, porque estamos acostumbrados a tenerlos en el colegio. Se da un obstáculo añadido para los padres, esos momentos tan sublimes de salir o volver de hacer las "compras".

Me parece que, con los tiempos que corren, a nadie en su sano juicio se le ocurre dejar a los hijos solos o al cuidado de la televisión, para que estén entretenidos y no molesten. No es que en la televisión todo sea malo, pero, en un principio, el excesivo tiempo frente a la pantalla no es nada bueno para la salud, sino todo lo contrario

"Los niños y adolescentes que permanecen durante horas frente a la televisión o consumen música, vídeos, Internet y otros materiales audiovisuales sin límite tienen mayor propensión a padecer obesidad, adicción al tabaco y al alcohol, y a sufrir otra serie de hábitos poco saludables". Así concluye el informe "Medios y salud infantil y adolescente", difundido recientemente por Common Sense Media, una entidad americana que pretende mejorar los medios de comunicación y el entretenimiento infantil. Pero hoy nos centraremos en la "tele".

Como se sabe, existe entre las distintas cadenas de TV, sobre todo aquí, en España, una carrera desenfrenada por tener más audiencia al precio que sea, aprovechando muchas veces los instintos, la emotividad, la curiosidad y el morbo de los espectadores. Cuanto más enrevesados, indecentes y más escandalosos sean los programas, ¡mejor!

En algunos programas lo deformante se manifiesta de forma clara ya en el título, como por ejemplo: "Sin tetas no hay paraíso". En otros, su aliciente, como el título de la serie que acabo de citar, es la ligereza y superficialidad -falta de delicadeza, vulgaridad y ordinariez- con que se trata a las personas, incluso los familiares, haciendo creer que eso es lo que se lleva -lo que hace moderno o "progre"- y que no pasa nada por romper con moldes de la buena educación. Incluso en programas para niños.

Otros están hábilmente dirigidos a dejar en entredicho o a injuriar a determinadas personas e instituciones que merecen respeto. El respeto es la clave de la convivencia en democracia. Con técnicas periodísticas nada éticas -con frecuencia ni siquiera periodísticas son, porque el periodismo es otra cosa-: como la forma de plantear la pregunta, insinuaciones no argumentadas, tipo de enfoque de la cámara, que va creando en el espectador una opinión desfavorable o contraria a la realidad. Por ejemplo, ahora en concreto, en ciertas cadenas y programas parece que el enemigo a batir es la Iglesia católica y las personas fieles a su doctrina. Con la paradoja de que simultáneamente nos atosigan con consumistas anuncios navideños y la reiterada música de "beben y beben y vuelven a beber".

Por todo ello, considero al televisor un invitado nefasto en Navidad. Pienso que nadie deberñia dejar entrar en su casa a un intruso que pudiera deformar a nuestros hijos y a nosotros mismos. Un invitado al que muchas veces nadie ha llamado y que, a la vez, rompe el diálogo en familia y la armonía que en estas fiesta debe reinar en el hogar. A lo sumo, en la "tele" hay que ir a buscar los programas que ofrezcan garantías de sensatez. Y para ello, lo mejor es no encenderla sin consultar previamente la programación y saber con anterioridad lo que vamos a ver. Como decía al comienzo, nadie en su sano juicio deja a sus hijos, el valor más preciado, con un extraño.

Qué duda cabe de que reducir la televisión al máximo lleva a los hijos, y a nosotros mismos, a combatir la pereza física del sofá; y la mental, para así buscar otras actividades de mayor altura e imaginación. Es mucho el tiempo el que se gana para poder leer, jugar -con juguetes reales y no virtuales-, hacer deporte, pasear o simplemente hablar. Hablar marido y mujer, con los padres, con los hijos, con los hermanos, con los abuelos. Cuántos "petardos" domésticos o malentendidos familiares se evitarían si, de vez en cuando, nos parásemos a escuchar a los demás. De manera preferente a los que tenemos más cerca, estos días de vacaciones pueden ser una buena época para comenzar. A todos, ¡muy feliz Navidad!

* Orientador familiar

fmgszy@terra.es

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