COLPISA, Madrid
Millones de ciudadanos lo han sentido en sus carnes sólo con salir a la calle, pero ahora viene la autoridad competente, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), a señalar este otoño moribundo como el más frío de los últimos quince años. Con una temperatura media de 14,8º C en la Península y Baleares, este trimestre se significa además como el noveno más frío desde 1965.
Las bajas temperaturas otoñales han convertido además este 2008 en el año más fresco en España desde 1996, dentro siempre de la tendencia al calentamiento del clima peninsular registrado en las últimas décadas. En lo más inmediato, las Navidades, los pronósticos hablan de la presencia de un anticiclón en el Atlántico que alejará las lluvias en buena parte del país de aquí al día 24 o 25. De Nochebuena en adelante entrará aire frío por el nordeste y propiciará un empeoramiento en la mitad oriental de la Península.
A punto de dar carpetazo a 2008 y después de unas semanas de frío extremo, la Aemet tiró el miércoles de estadísticas, hizo balance y sacó la bola de cristal para ofrecer augurios imprecisos sobre lo que nos espera en los próximos meses. Hasta el mes de marzo, el invierno apunta "una ligera tendencia a temperaturas por encima de lo normal", sobre todo en la mitad oeste peninsular, mientras en Canarias se espera más frío que otros ejercicios. Será también un invierno seco en comparación con otros, lo que confirma la práctica desaparición en los últimos años de las borrascas atlánticas. Esas borrascas eran las que tradicionalmente descargaban lluvias "tranquilas, constantes, que llenaban los pantanos de la vertiente atlántica", explicó Ángel Rivera, portavoz de Aemet. Su ausencia es la responsable de la situación de déficit hidrológico que registra el tercio más occidental de la Península y afecta a áreas de Galicia, Castilla y León, Extremadura y parte de las provincias andaluzas de Huelva, Sevilla y Cádiz.
La ausencia de borrascas atlánticas es una "tendencia clara", no episódica, que los expertos atribuyen a uno de los efectos más llamativos del cambio climático global, el deshielo acelerado del Ártico. El alza de las temperaturas en el océano boreal y la presencia de un anticiclón casi estacionario en el Atlántico derivan energía y calor transportada por la corriente del Golfo hacia latitudes árticas y desvían las borrascas cargadas de agua que antes entraban por el oeste peninsular, explicó Rivera.
El nuevo año hidrológico, nacido en octubre pasado, discurre bien, con un 15% más de lluvia que los promedios habituales, en general, y precipitaciones muy abundantes en la mitad oriental peninsular , Baleares, Cantábrico, sur de Andalucía, Castilla y León y algunas áreas de Canarias.
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