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RAFAEL AROZARENA ESCRITOR Y MIEMBRO DE LA ACADEMIA CANARIA DE LA LENGUA

"El mar no aísla a los isleños, sino que es un horizonte para la fantasía"

18/dic/08 07:37
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BENJAMÍN REYES, Tenerife

Rafael Arozarena (Santa Cruz de Tenerife, 1923) presentó ayer en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés su tercera incursión en la novela, "Los ciegos de la media luna". Un capítulo más en su trayectoria literaria, que está considerada como una de las contribuciones más interesantes a las letras canarias de la segunda mitad del siglo XX. Miembro del grupo fetasiano -junto a Isaac de Vega, Antonio Bermejo y José Antonio Padrón-, Arozarena ha cultivado numerosos géneros literarios. Sus obras más conocidas por el público son sus dos novelas anteriores: "Mararía" (1973, finalista del Premio Nadal de 1971) y "Cerveza de grano rojo" (1984). Curtido en mil batallas, de las palabras de Arozarena se desprende la experiencia acumulada a lo largo de sus 85 años. Revela que "me encuentro mejor ahora que cuando estaba en el cuartel".

-¿Quienes son los ciegos de la media luna?

-Hace referencia a los marroquíes, y en concreto a los habitantes de Fez, la capital espiritual de Marruecos. Me inspiró el ambiente que viví allí, las conversaciones que mantuve con la gente del lugar. Fez es un lugar maravilloso repleto de sensibilidad.

-En su última novela se adentra en el mundo musulmán. ¿Qué opinión le merece el choque de civilizaciones que vivimos actualmente?

-Existe una lucha entre la materia y el espíritu. El mundo occidental está rendido al materialismo puro, pensando en la fuerza, el poder y el dinero. Y, en contraste, está el mundo oriental, que soporta la pobreza. Ante toda la barbarie que se está desarrollando en Occidente hay que ser un persona sensible a los problemas del mundo. En "Los ciegos de la media luna" sitúo la pobreza por encima de la riqueza.

-En su anterior obra, "Poliedros de mar", resaltaba la visión que tiene del mar el isleño. ¿El estar rodeados de agua por todos lados aísla a los canarios?

-Hay un aislamiento físico, pero no espiritual. Siempre tendremos la esperanza del horizonte. Quien no tiene horizonte se siente estrangulado. El mar siempre ha sido un camino para la fantasía. Nuestra vida está relacionada con el mar; si no, seríamos otra cosa. El mar es una puerta para salir y para entrar. Hay que estar agradecido a ser isleño porque nos da una visión peculiar del mundo.

-¿Qué es ser fetasiano?

-Pues no lo sé y el día que lo sepa dejo de ser fetasiano (se ríe). Su base está en los pitagóricos, los presocráticos y sobre todo en el existencialismo. Un existencialismo diferente al de Sartre y Kierkegaard, en el que vemos el marco como una salida.

-¿Por qué ese interés por la filosofía existencial?

-En su momento nos reuníamos en mi casa Isaac de Vega, Antonio Bermejo y José Antonio Padrón y nos poníamos a discutir junto a un vaso de vino. Éramos bohemios y escritores. Comparábamos una filosofía con otra. A mí se me ocurrió decir que por qué no traspasábamos la idea de Dios. Ahí empezó Fetasa.

-¿Cómo valora la expansión del "espíritu fetasiano"?

-No lo valoro. No hay que preocuparse por algo que no existe. Ahí reside la clave del fetasianismo. Pero resulta que todo el mundo es fetasiano sin saberlo (se ríe).

-¿"Mararía" es su mejor obra?

-No (alarga la o). Mi mejor libro es "Cerveza de grano rojo". "Mararía" será la novela por la que seré recordado porque fue un acierto y es sencilla. "Los ciegos de la media luna" pretende no ser tan sencilla como "Mararía" ni tan complicada como "Cerveza de grano rojo", es una mezcla entre la realidad y la fantasía.

-¿Repudia la versión cinematográfica de Antonio José Betancor sobre su novela "Mararía"?

-Sí, porque no tiene nada que ver con mi obra. Él tuvo el capricho de incorporar sus vivencias y metió un inglés, un aeroplano y muchas cosas que no aparecen en la novela. Fue un guión equivocado con una Mararía que no envejecía.

-Ha definido su estadía en Lanzarote como "un viaje al infierno en busca de lo más hermoso". ¿Por qué?

-Lanzarote es una isla fetasiana. Al sufrir erupciones volcánicas purificó la belleza que pudo haber tenido.

-¿Por qué se está demorando tanto la publicación de "El señor de las faldas verdes"?

-Lo he tenido que interrumpir por la inspiración que me ha llevado a escribir "Los ciegos de la media luna". Ahora lo he retomado y espero que salga publicado para la próxima primavera. Llevo veinte años con este proyecto porque no soy tan ágil como los escritores que sacan una novela al mes.

-¿Poesía o novela?

-Las dos, pero principalmente poesía. Son dos manifestaciones polares de la literatura. La novela puede contener poesía, y la poesía contiene el mismo sentido artístico.

-¿Qué piensa de la literatura española actual?

-El nivel de la literatura española actual no es bueno. Da pena leer a cualquier autor de ahora. No existe una figura con exigencia. Hay mucha gente que cree que el centro de la literatura está en Madrid, pero la realidad es otra. A veces, en Canarias hay una literatura muy superior a la de la Península. Me río yo de los Arturo Pérez Reverte, que sólo piensan en la vanidad de ganar dinero. No existe la preocupación por un buen estilo ni de la exposición de una idea profunda. En Canarias cuando se escribe un libro, ya sea bueno o malo, por lo menos hay honestidad. Aunque aquí adolecemos de proyección.

-¿Qué supuso el libro "Conversaciones con Rafael Arozarena" (2004), de Roberto García de Mesa?

-Sirvió para plasmar mi testimonio espiritual y filosófico. Los que quieran seguir mi trayectoria tienen en este libro una fuente pura, muy bien construida por Roberto García de Mesa.

-Usted vivió en primera persona el accidente de Los Rodeos en 1977. ¿Cómo recuerda aquella dramática experiencia?

-Fue horrible. Toda mi vida ha estado marcada por esa experiencia. Fue muy cruel. Llegué poco después de que chocaran los dos aviones. Recuerdo muchas imágenes terribles como la de una mujer dentro del fuselaje de un avión gritando y con los ojos abiertos. Se estaba quemando viva. Junto a otras personas intente ayudar a los accidentados, pero no encontré a ningún herido, estaban todos calcinados.

¿Cuándo a uno le publican sus obras completas siente que el fin está cerca?

-No, que va, uno sigue "escribiendo" hasta después de muerto.

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