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TERESA DE JESÚS RODRÍGUEZ LARA

"La Octava Isla, Venezuela" y "Amado-Luz"

18/dic/08 07:37
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DECÍA el Fénix de los ingenios españoles, el fecundo creador Lope de Vega, que "la poesía es pintura de los oídos, como la pintura, poesía de los ojos", aludiendo a la capacidad que tiene la poesía de reproducir objetos visibles por medio de las palabras y la pintura, arte que nos atrae sobremanera cuando la paleta además de los colores contiene palabras que nos alertan los sentidos interiores. Y esta fue la impresión que recibimos la tarde noche del pasado 5 de diciembre en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés, donde el verso y la plástica compartieron sala durante el acto en el que se presentaron dos creaciones bendecidas por el arte; la primera de ellas el poemario del profesor Manuel Pérez Rodríguez titulado "La Octava Isla, Venezuela" y a continuación, la apertura de la exposición de pintura "Amado-Luz", del pintor grancanario Felipe Juan. Dicha muestra, basada en una monografía del corazón, nos impactó gratamente al admirar los 26 lienzos que la componen plenos de luz y color en los que se aprecia un despliegue de ingeniosas alegorías que anuncian el paisaje libre y espiritual de su mente y donde la reflexión plástica nos pasea por una amplia gama de corazones que comparten el mismo panorama, pero que laten y se manifiestan con diferentes experiencias. Manos, flores, rostros, mariposas, luz, color -abundan los colores cálidos con preferencia del amarillo, porque, según él mismo manifiesta, "el amarillo es el color de la luz"- y un iridiscente misticismo emergen en cada lienzo y marcan el ritmo cromático en la actual propuesta del joven y excelente artista Felipe Juan, colmados de armonía y revestidos de una peculiar vocación simbólica evidenciando ese fantástico mundo onírico alineado a su obra y dirigido por su artístico trazo, callado e intimista.

Refiriéndonos al libro "La Octava Isla, Venezuela" diremos que, después de su anterior trabajo, "Acrósticos para mi tierra", Manuel Pérez Rodríguez, Dr. en Derecho, crítico de arte y delegado de la Academia de la Cultura Venezolana en Gran Canaria, nos sorprende con este nuevo libro dedicado a Venezuela, tan presente en el corazón de los canarios desde la pretérita diáspora migratoria, precedente que lo impulsó en un primer momento a ir al encuentro de estas tierra a bordo de la nave de la emigración. Más tarde, y dentro del marco de su profesión jurídica, profundiza en torno a esta faceta viviendo muy de cerca las espinas del desarraigo, e identificándose posteriormente con la grandiosa historia del propio país, nace una empatía por una tierra que lo llama a voces, a quien le ofrece su poesía y, cómo no, cayendo rendido ante la música folclórica venezolana desbordada de sonoros matices, fruto de su versada vocación etnográfica.

Hemos de decir en honor a la verdad que el libro nos alegró el corazón desde la bella impresión simbólica y colorista de la cubierta, obra del pintor Felipe Juan, cuya reproducción en gran formato cedió gentilmente y adorna las dependencias del consulado de Venezuela; una bella alegoría que alude a la bandera de dicho país convertida en fortuito velero donde resaltan las ocho estrellas contenidas en el insigne pabellón que representan las siete primeras provincias que se declararon libres el 5 de julio de 1811 y la de la provincia de Guayana. Enamorado de la tierra de Bolívar, Manuel Pérez proyecta en esta obra, dividida en cuatro estancias, su visión particular del país, descubriéndonos mediante la ingeniosa composición del acróstico los veinticuatro Estados que lo conforman, seguidos de otras composiciones con las que nos acerca retazos del paisaje venezolano además de un selecto grupo de poemas que realmente son letras de canciones de tema costumbrista prestas a musicalizar y, en la última parcela, el autor rinde homenaje a ocho próceres venezolanos de ascendencia canaria identificándolos en su mente creativa con las ocho estrellas fulgurantes del pabellón nacional, haciéndonos revivir con su mensaje un mundo de históricas imágenes, de emociones, de ideas e invitándonos a conocer el maravilloso paisaje y paisanaje de Venezuela, "tierra mágica y señera, tierra de mi admiración".

Magnífico acto, unido por el verso y la plástica, que contó con la presencia de los honorables cónsules D. Edgar Lorenzo Padrón y la encantadora doña Cristiane Engelbrecht, en representación del Consulado General de la República Bolivariana de Venezuela, y una selección musical a cargo del excelente tenor venezolano Jean Carlos Santelli, acompañado por el virtuoso del piano Ginés Borges, que deleitaron al numeroso público allí reunido con un nutrido popurrí venezolano. Concluimos expresando nuestro agradecimiento y enhorabuena a Manuel Pérez y Felipe Juan por brindarnos con su buen hacer, veladas como esta en las que se cultiva el alma, se medita ante el arte y se eleva el espíritu con su ameno repertorio, haciéndonos coincidir con el sabio pensamiento de Rabindranath Tagore: "Creando, se encuentra Dios a sí mismo".

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