N.P./O.G., Tenerife
No tiene herramientas lingüísticas Domingo Berriel para convertir un asunto técnico en una cuestión más amena. No se trata ya de que la ciudadanía muestre interés en los debates parlamentarios -al fin y al cabo es lo que deberían hacer los políticos: interesar a los ciudadanos-, sino de que simplemente se entienda lo que los representantes del pueblo leen, narran o explican desde la tribuna del Parlamento. No es consuelo, pero al menos Berriel fue franco y reconoció estas limitaciones cuando justificó ante los periodistas la dificultad para hablar de conceptos como calificaciones territoriales, simplificación de normas o unidades de explotación turísticas.
Dos ejemplos como muestra. Primer asalto: Berriel explicó que esta ley no persigue "producir una ruptura con el marco legislativo actual, sino articular reformas concretas y acotadas, con criterios simplificadores y de pragmatismo, que permitan eliminar rigideces innecesarias e inconvenientes". Segundo asalto: "Se hace preciso una modificación acotada del marco legal, que permita el dinamismo necesario del planeamiento vigente, amparando los cambios parciales y el desarrollo previsto, bajo la condición de que la novación que se produzca se lleve a cabo con la observancia de la normativa adaptada".
Frente a una oratoria de este calibre, el hemiciclo bostezó ayer en numerosas ocasiones. Pero en el pleno también se conversó, se leyó prensa, se hicieron corrillos y hasta se escapó más de una risita. El consejero de Medio Ambiente, impertérrito ante el desinterés, defendió con ahínco técnico el proyecto de Ley de Medidas Urgentes en Materia de Ordenación Territorial para la Dinamización Sectorial y Ordenación del Turismo -Antonio Castro tuvo que pedir ayuda a Cristina Tavío para recordar el nombre de esta norma legal-. La bancada azul, completamente vacía; Berriel sólo tuvo la atención, desde el principio de su alocución, del presidente Rivero. A su lado, uno, dos, tres... y hasta diez puestos vacíos.
Minutos después aparecieron tres de los cuatro miembros populares del Gobierno. José Manuel Soria, Rita Martín y Mercedes Roldós entraron en el hemiciclo como patitos en fila india. Luego fueron llegando los demás, por goteo. La soledad de Berriel fue advertida por el PSC, que no perdió la ocasión de espetarle al consejero el desinterés de su Gobierno hacia su ley, la ley Berriel (como la llaman los ecologistas).
En medio de tal tedio surgió de pronto el espíritu de César Manrique, invocado por el diputado Manuel Fajardo. "Si César levantara la cabeza...", se lamentó el socialista, quien leyó unas palabras, "totalmente actuales, 23 años después", del polifacético artista. "Creemos que cualquier gobierno tiene la obligación de cuidar el espacio que nos sirve para el desarrollo de nuestras vidas (...). Siempre estamos oyendo disculpas, inconvenientes, aprobaciones anteriores, leyes caducas y un sinfín de aparentes tropiezos que parecen imposibles de corregir con tal de no parar esa barbaridad que se nos echa encima (...) El caso no puede ser más evidente, descarado y elemental para darse cuenta de que ha llegado el momento de parar".
El debate de la mañana dio paso a otro, también intenso, para la aprobación de los presupuestos canarios de 2009, interrumpido por los niños del colegio de La Salle, interpretando el villancico ganador de un concurso organizado por el Club Naira.
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