Coplas de mi tierra
El timple, cantor sonoro,
ya no suena, está dormido.
Las manos que le arrancaban
de sus cuerdas melodías
la muerte las ha tullido.
Si el querer fuera pecado
yo nunca perdón tendría
porque aunque me confesara
es tanto lo que te quiero
que al instante pecaría.
El susurro de una copla
se oye en el campo gemir.
Es el llanto de un boyero
que quiso morir primero
que ver sus tierras morir.
Canario de tierra adentro
luchador empedernido
por mil batallas curtido,
en el arte de la brega
tú jamás serás vencido.
Cuando el barco se alejaba
de la costa tinerfeña,
hubo un canario, emigrante,
que al ver que el Teide dejaba
se cantó una malagueña.
Son tan grandes mis tormentos,
mis desdichas y pesares,
que los puedo comparar
con gotas de agua en la mar
y arena en los arenales.
Son mis penas como el agua
que el río lleva a la mar
que aunque pasen noche y día
nunca dejan de pasar.
Cuando salen de parranda
el timplillo con su dueño,
nunca se sienten rendidos
aunque se mueran de sueño.
Enrique Díaz Martín
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