ES FRANCAMENTE decepcionante que la clase política, incluido el Gobierno, no le esté dando la importancia debida al momento histórico en el que está inmersa nuestra economía. El futuro es de los valientes, de los arriesgados, pero también de los previsores y de aquellos que saben adaptarse a los tiempos; siendo capaces a su vez de ajustar y adecuar sus iniciativas y su acción política a la continua realidad cambiante. Pero, por desgracia, algunos políticos no sólo son torpes a la hora de reconocer la realidad sino que, además, se equivocan en el diagnóstico de lo que sucede; por lo que son incapaces de encontrar una solución a un problema en el que, por diferentes motivos, ellos mismos terminan formando parte del mismo. Les sobra talante y les falta temple, además de talento para poder manejar el conflicto social que se les avecina.
Se echa de menos en estos momentos a unos líderes que sepan generar confianza; que sean capaces de, asumiendo sus propias responsabilidades, hacer lo posible por reducir los efectos traumáticos que para casi todos los sectores sociales está teniendo esta crisis económica. Y digo para casi todos porque, de las múltiples medidas que Zapatero anuncia cada día -toma tantas medidas que más parece un sastre que un político-, la mayoría de ellas van encaminadas a paliar las pérdidas de los más ricos: los banqueros, los grandes industriales, los inversores, las grandes firmas de automóviles, los que se han venido poniendo las botas con el ladrillo?; pero nada o casi nada para solucionar los problemas de la economía real; la del ciudadano de a pie, ese que no tiene trabajo, que se le acaba el paro y tiene que comer y pagar el alquiler de la vivienda o la hipoteca que los bancos -esos mismos que se aprovechan en el acto de las bajadas del tipo de interés al que a ellos les prestan el dinero-, a su vez, son incapaces de renegociar a sus propios clientes. Los trabajadores no quieren medidas paliativas, ni consuelo ideológico, ni excusas macroeconómicas, ni pretextos globalizantes, ni limosnas disfrazadas de medidas sociales, que para eso ya está Cáritas, que, al menos, no lo hace por clientelismo?; lo que necesita el ciudadano español es trabajo y oportunidades para salir de esta crisis con las mismas o parecidas ayudas y herramientas que los más privilegiados de la sociedad. Ya está bien de privatizar las ganancias y socializar las pérdidas.
Cualquiera diría que tenemos la clase política que nos merecemos; al menos es la que ha sido elegida, eso sí, de forma entusiástica, por una mayoría de españoles que, al parecer, anteponen la ideología y el sectarismo a la razón y a la lógica democrática del interés general; que, además, muchos de ellos han llegado a la política sin pasar el más mínimo criterio selectivo moral e intelectual y, por consiguiente, carecen de la capacidad adecuada y deseable, o del prestigio laboral y personal necesario para adoptar medidas responsables y eficaces que nos devuelvan a los ciudadanos la confianza y la esperanza ante tanta incompetencia, penuria y sacrificio.
Por otra parte, está siendo impresentable la actitud de los sindicatos, e incluso de ciertos empresarios, que están más pendientes de renovar los convenios colectivos que de encontrar una solución ante tanta hemorragia de trabajadores que cada día se tienen que apuntar a la lista del paro. Ya va siendo hora de ponerse a pensar en revisar la situación de los despidos, las rentas salariales y, sobre todo, los beneficios empresariales. Algo habrá que hacer para evitar que la economía española siga decreciendo a la velocidad que lo hace. Existen indicadores verdaderamente alarmantes, como puedan ser la producción industrial, que se ha desplomado un 12,8 %, o el consumo del cemento, cuya caída ha sido de un 34 %; o el 50 % de la caída de las ventas de automóviles, o los 672.000 cotizantes que ha perdido la Seguridad Social en los últimos meses, sin olvidarnos de los casi tres millones de españoles inscritos en el paro en una legislatura que el señor Zapatero anunció como de pleno empleo.
Y ante tanta incertidumbre y desesperanza, a veces surgen ciertas iniciativas que revisten destellos de entusiasmo y valentía para ayudar a salir de la crisis a ciertas empresas que se asientan sobre una determinada marca que termina formando parte de nuestras vidas; como lo fue en su día el toro de Osborne, y lo es ahora Lois.
La conocida marca de vaqueros, cuyo único valor -su marca- es incuestionable, pero que aun así, ha tenido también que cerrar y despedir a todos sus trabajadores. Ante este hecho, ha surgido en la Internet -no podía ser en otro sitio- un novedoso concurso de ideas para salvar la citada marca española, y así garantizar la continuidad de la producción, para evitar en lo posible que ésta termine siendo deslocalizada.
Para ello, un grupo de jóvenes con talento han marcado las pautas de la posible salvación: llevar a cabo un nuevo diseño que venda innovación, modernidad y elegancia, y que, por tanto, aporte un nuevo valor añadido a la marca; de hecho, pretenden "socializar" la marca comprometiéndose a gastar cada uno 100 euros al año en productos Lois, a cambio de participar en la gestión de la compañía; dejando, eso sí, determinados ámbitos de decisión y gestión a los nuevos dueños de la marca. Sin duda que el futuro es de los valientes y, sobre todo, de los valientes que se arriesgan innovando y de camino dando ejemplo de solidaridad social.
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