J. A. D., S/C de Tenerife
Despacio pero en graduado "crescendo", el clarinetista tinerfeño Cristo Barrios ha logrado consolidar su presencia en el circuito internacional de la música de cámara. Tras su reciente fichaje por Artists International Management, una de las más importantes agencias de representación de artistas de Nueva York, Barrios firmó el pasado jueves una de sus mejores actuaciones en el Auditorio santacrucero, donde rindió homenaje al compositor francés Olivier Messiaen en el concierto conmemorativo de su centenario, aventura en la que le acompañaron prestigiosos solistas como David Alberman, Timothy Gill y Rolf Lind. En breve publicará a través del proyecto RALS un disco integrado por obras expresamente escritas para él por compositores canarios de la última generación.
-Puede decirse que ha logrado entrar en la élite de la música de cámara. ¿En qué medida ha sido una paciente labor suya como solista y en qué grado ha influido su colaboración regular con algunos de los mejores grupos e instrumentistas del panorama actual?
-La carrera de un músico de cámara se forja a base de constancia, convicción y determinación. Es un trabajo lento y a veces tedioso porque depende mucho de relaciones personales y de prestigio, que se consiguen con tiempo y perseverancia. Los intérpretes de cámara de elite son auténticos pensadores de la disciplina, no meros ejecutantes. Para ser aceptado en este selecto circuito hay que estar a la altura en todos los aspectos y saber aportar en los ensayos. Por otro lado, considero que, aunque ya haga música de cámara regularmente con algunos grupos y solistas importantes, me queda mucho por aprender. Respondiendo más concretamente a su pregunta, supongo que todo ha influido. Sin duda, que te asocien con músicos y grupos relevantes facilita el camino a la hora de acercarte a este tipo de artistas, pero la estrategia parte de uno mismo; los mánagers pueden ayudar, pero no cabe duda de que hay que participar del proceso.
-El "Cuarteto para el fin de los tiempos", de Olivier Messiaen, interpretado esta semana en Santa Cruz, es una de las obras canónicas de la música del siglo XX. ¿Cómo valora su escritura desde el punto de vista de las voces?
-La importancia del "Quatuor pour la fin du Temps" radica en la complejidad y profundidad de los materiales expuestos y la honestidad y fe tan generosamente expresadas por el autor en todo su discurso. Fue escrito estando Messiaen cautivo en un campo de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial. El compositor intentó desligar esta música de la situación tan dramática en la que fue creada, de hecho su propósito fue siempre el de acercar al oyente a la eternidad y plasmar el fin del tiempo como final del pasado y del futuro. Como intérprete, debo decir que este cuarteto supone siempre un esfuerzo emocional extraordinario precisamente por las grandes contradicciones que se desprenden de la partitura y de la situación en que fue compuesta. Esta música está llena de bondad, amor y fe; si a ello añadimos el brutal contraste con respecto al contexto el estremecimiento espiritual es inevitable. Algo que siempre me impresiona después de tocar en público este cuarteto es que el ambiente se carga de comprensión y entendimiento entre público e intérpretes, es realmente extraordinario. El mismo Messiaen, después de estrenar la obra en ese mismo campo de concentración, ante cerca de cinco mil personas de todos los estratos sociales, dijo: "Nunca me sentí tan comprendido". En cuanto a la utilización de las voces es a todas luces extraordinaria. Messiaen no pudo elegir los instrumentos para su cuarteto, debido a la dificultad de la situación en la que se encontraba; dio la casualidad de que entre sus compañeros de cautiverio se encontraban un violinista, un clarinetista, un chelista, y el mismo Messiaen, que era pianista. Así, se vio forzado a extraer de estos instrumentos cualidades casi humanas? y animales; digo animales también porque entre los muchos conocimientos de Messiaen figuraba la Ornitología y su música está plagada de alusiones a cantos de pájaros, que simbolizan la naturaleza, o de manera más genérica, lo terrenal. Otro uso curioso que hace de las voces es la explotación del unísono como recurso dramático; así, los movimientos segundo, cuarto y especialmente el sexto lo utilizan, creando unos colores sonoros espectaculares. Además, Messiaen poseía una habilidad auditiva muy curiosa que recibe el nombre de Sinestesia, que, en el caso de la música, consiste en asociar sonidos a colores. No puedo dejar de pensar que esta destreza no sólo la aplicó a la armonía (hablaba de acordes azules-anaranjados), sino también a las voces del grupo.
-Su catálogo se caracteriza por dar creciente entrada a la música contemporánea ¿Su último disco es el ejemplo de esta voluntad?
-El álbum está compuesto por una selección de obras representativas del siglo XX, escritas para clarinete. Salió al mercado el pasado mes de septiembre con la discográfica Metier Records (Reino Unido), una compañía especializada en música contemporánea. Mi intención siempre ha sido la de dar imagen de músico versátil, capaz de tocar tanto las piezas más comunes del repertorio de mi instrumento como aquellas que suponen aventuras un poco más arriesgadas, me refiero a música con cantantes, percusionistas o bailarines.
-En lo que respecta a los ciclos de música de cámara que se organizan en Tenerife, ¿qué consejo daría a los programadores para mejorar sus formatos?
-Hay varios ciclos estables. CajaCanarias los lleva organizando desde hace muchos años; está también el de la Casa del Vino de El Sauzal, el Festival de Música Contemporánea, los que tienen lugar en la Isla Baja y en Los Realejos... Pero, en mi opinión, la institución que sin falta debe tener un ciclo de cámara en el que prime la excelencia y aún no lo ha hecho realidad es el Auditorio. Sé que la intención está ahí y que no debe tardar mucho en aparecer, pero supongo que la situación económica lo hace todo un poco más difícil; el hecho de crear nuevos ciclos artísticos no debe resultar una operación fácil cuando las fuerzas económicas flaquean. Por otro lado, y también debido a la crisis económica, las programaciones han derivado a espectáculos más "productivos" y esto está perjudicando al músico de cámara. Supongo que la situación es pasajera, pero a mí me preocupa.
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