El Carnaval de Santa Cruz de Tenrife fue declarado de Interés Turístico Internacional el año 1980, lo que supuso todo un espaldarazo para una fiesta que resistió a diversas prohibiciones durante más de dos siglos, y que es seña de identidad para toda una Isla. Agradezco al periódico El Día, en el que tengo el orgullo de escribir desde hace muchos años, que me dé la oportunidad de repasar en unas líneas algunos retazos de lo que es mucho más que una manifestación popular.
Al abrigo de las llamadas Fiestas de Invierno de nuestra capital, no pocas ciudades de Canarias organizan con mayor o menor fasto sus propios festejos, que visten de color y alegría durante prácticamente un mes un Archipiélago que vive de la imagen que proyecta al exterior y que tiene en el turismo su fuente más destacada de ingresos. Propios y extraños se asombran de la paz y armonía que se respiran en calles y plazas, inundadas de gente que se limita a vivir su carnaval.
Las Palmas de Gran Canaria, pero también Puerto de la Cruz, con unas carnestolendas de gran proyección en Alemania, Los Realejos, La Orotava, Candelaria, Arrecife, Santa Cruz de La Palma, Agüimes o Los Llanos de Aridane. En barrios como La Verdellada, en La Laguna, y en el colegio más pequeño que disfraza a sus alumnos. Toda Canarias respira carnaval, y la política no puede ser ajena a todo lo que aportan estas fiestas a nuestra convivencia, nuestra cultura y, por qué no, a nuestra economía.
De las muchas manifestaciones carnavaleras que conocemos, es la murga la que vive su apogeo actual, como lo hizo la rondalla a principios del siglo pasado, o como la comparsa durante los años setenta y ochenta. Cuando los marineros del barco gaditano "Laya" recorrieron las calles chicharreras como una improvisada chirigota en un febrero de antaño, ninguno de los asistentes imaginó las metas y la calidad que iban a alcanzar nuestras murgas.
De la cruda rivalidad que se generó en los años ochenta entre colectivos de ambas provincias canarias, nació el sano pique entre ciudadanos que hoy conviven y se han hermanado en no pocas ocasiones. Cuentan con una exhibición propia que ha tenido a la Villa de Candelaria como sede durante ya muchos años, y no son pocos los canariones que hacen cola durante horas para comprar una entrada para la final de las agrupaciones tinerfeñas, cuando no se las ha reservado previamente una murga de Tenerife.
Hoy nuestros grupos del carnaval despliegan un trabajo ímprobo del que todos debemos ser conscientes. Desde hace años son asociaciones culturales que dan vida a sus barrios y a toda una ciudad, que generan actividad económica y que son pieza esencial en el paisaje de enclaves como La Salud, El Toscal, Valleseco o El Cabo. Tom Carby, el legendario fundador de Diablos Locos, decía que mientras su murga existiera, los jóvenes que dedicaban horas a cantar y ensayar en su local no estarían en la calle. Aún hoy su espíritu sigue vivo y tal vez seamos nosotros quienes tenemos mucho que aprender de las palabras de un habitante ilustre de nuestra capital.
El Parlamento de Canarias también puede ser partícipe de la dimensión social de unas fiestas que hunden sus raíces en nuestra sociedad, que crean riqueza y empleo y que nos dan identidad. Colectivos de todas las Islas y de fuera de nuestras fronteras han visitado la Cámara Autonómica y se han podido acercar a esa llamada "gran política" que tenemos como misión acercar a los canarios.
A nadie se le debe olvidar que hoy sesenta diputados ocupamos en escaño en lo que un día fue la sede de la Sociedad Musical Santa Cecilia, una de las tantas que mantuvieron viva la llama de nuestras fiestas durante la prohibición y que albergó bailes y cantes de los tinerfeños. Que sus muros vuelvan a dar cobijo a murgueros de todo el Archipiélago, hermanados por un día en un inmueble tan señalado para la historia de nuestro carnaval, es más que un gesto; debería ser un orgullo para todos los que algún día nos hemos pintado la cara para vivir nuestra fiesta más señalada.
Si bien puedo comprender que haya quien no comparta mi forma sencilla de ver la política, que a fin de cuentas no es más que un servicio al vecino, como parlamentaria y como ciudadana será para mí un orgullo recibir en el hemiciclo a todo el que lo desee, más aún cuando se trata de canarios comprometidos con sus barrios Y que ningún mal hacen, sino más bien al contrario, visitando la que es nuestra casa común. Con o sin disfraz.
No quisiera terminar esta cita con los lectores del periódico El Día sin felicitar a toda su plantilla y muy especialmente a su director, que, jornada tras jornada, contribuyen a convertir este medio escrito en el más leído de Canarias, como bien demuestra el último Estudio General de Medios. Cuando 192.000 lectores diarios les convierten, por tercer año consecutivo, en líderes del mercado será por algo. Mi más sincera enhorabuena.
* Presidenta del Partido Popular
de Tenerife
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